“HIja, yo me porté mal” (7)

Mi bellísima,

Algunas de la faltas que cometí siendo pequeño – como la que te contaré hoy – aunque las llamemos “travesuras infantiles” pudieron haberle causado mucho daño a otras personas. Es muy cierto que cuando niño yo no tenía idea de que pudieran ser tan peligrosas para los demás, pero ahora, después de tantos años, las recuerdo y veo con claridad que pude haber lastimado muy seriamente a alguien. Y eso, hija mía, me hace sentir mucho miedo, arrepentimiento y vergüenza.

Así que, contarte esta anécdota es muy difícil para mí. Pero lo hago – como siempre te explico – con la esperanza de que tú puedas aprender algo de mis muchos errores o, mejor todavía, no los cometas. Sobre todo aquellos que, como me pasó a mí cuando era un muchachito, puedan ponerte a ti y a otras personas en serio peligro. Y algo muy importante: Esta vez también lo hago para disculparme muy sinceramente contigo, con todas las personas del mundo y con mi “Dios”, por haber hecho algo tan malo. Pienso que pedir perdón y arrepentirnos es necesario; es muy importante. Pero también pienso que además de eso siempre tenemos que hacer acciones que traigan cosas buenas para los demás y para nosotros mismos.

Me parece que yo tenía entre 8 y 9 años, un día que estaba jugando con mis amiguitos en una  pequeña colina ubicada en mi sector. Tenía la altura de una casa de dos pisos, más o menos, y  estaba separada de una carretera a unos 60 ó 70 pasos largos de persona adulta.

No puedo recordar a quién de nosotros se le ocurrió la muy mala idea de lanzar hacia la carretera (por la que siempre pasaban muchos carros que iban muy rápido) un par de neumáticos viejos que nos encontramos tirados por ahí.

Créeme, mi linda, que después de tantos años que han pasado desde que mis amigos y yo hicimos aquello, apenas hace poco, mientras trataba de recordar cosas que contarte, vi, por primera vez, el gran daño que pudimos haber hecho a los conductores que pasaban por ahí en ese momento. Estoy bien seguro de que por mi mente no pasaba la idea de lastimar a alguien. Pero, aun sin querer pudimos haber provocado una tragedia.   

Afortunadamente, no pasó nada grave (o al menos eso es lo que vimos desde donde estábamos). Pero tengo que decirte con mucho dolor , mi ángel, que esos neumáticos bajaron rodando con tanta fuerza que pudieron haber producido un terrible accidente, donde las personas quedaran muy lastimadas y hasta muertas. Y eso, como tú bien sabes, hubiera sido algo muy malo, muy horrible, muy triste para mí y mi familia, pero, sobre todo para las personas lastimadas y sus seres queridos.

Ya ves, mi adoración, como algunas travesuras de niños son en realidad acciones bastante dañinas para los demás y para nosotros mismos. Insisto, es verdad que cuando somos pequeños no sabemos que esos juegos pueden dañar tanto a alguien. Por eso yo sigo pensando que debo contarte sobre esas faltas que cometí, y explicarte bien las cosas malas que pudieran haber pasado, porque es posible que tú no las hagas; que tú seas más cuidadosa que yo cuando tenía tu edad; que seas mejor persona que yo, y así puedas tener una vida con muchísimos momentos bonitos y muy poquitos momentos tristes. Y así ayudarás a que el mundo sea un mejor lugar para todas la personas que viven en él.

Dios te bendiga, mi princesita.

Te amo,

Papi

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