Resoluciones para el nuevo año

febrero 1, 2013

Hola, estimados soleros,

Enero dio paso a febrero. Y aunque aun tendremos que soportar un poco más de frío, algunas coloridas florecitas, un nuevo verdor y una luz solar más intensa y duradera nos anuncian la tan esperada entrada de la primavera con toda su fuerza renovadora en la naturaleza y, por ende, en los seres humanos. Cada año, desde el incio de los tiempos, es un momento de renacer tanto biológico como espirutual. Un momento para ver la vida y el futuro con fuerzas renovadas; con la esperanza de tener un mundo mejor, donde prevalezcan la salud, la paz, el amor y la prosperidad sobre la maldad y el sufrimiento; con la convicción de que podemos – y debemos – mejorarnos a nosotros mismos, para lograr nuestras metas en beneficio propio y de toda la humanidad.

Es por ello que, en este vivificante despertar primaveral, queremos compartir con Ustedes un trabajo sobre resoluciones de año nuevo, sacado del sitio http://www.apa.org (leer escrito al final de este texto).

Esperamos que su lectura les resulte interesante y les sea de mucho provecho.

!Llegó la Primavera!

 Angel Rafael La Rosa Milano

“El sol brilla siempre dentro de ti”
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Cómo cumplir con sus resoluciones de Año Nuevo

¿Rebajar de peso? Hecho. ¿Hacer ejercicios? Hecho. ¿Dejar de fumar? Hecho.

Puede ser agobiante cuando la lista de resoluciones de Año Nuevo es tan larga como la lista de compra para los días de fiesta. Además de la falta de ánimo después de los días festivos, el no poder mantener sus resoluciones de Año Nuevo en febrero, marzo, y ni a fin de enero, le puede aumentar la ansiedad. Cuando ya estén guardadas las decoraciones festivas, la frustración de no haber ido al gimnasio u otras metas malogradas puede hacer que los últimos meses del invierno parezcan no tener esperanza.

Aun así, es importante recordar que el Año Nuevo no es el tiempo indicado para hacer cambios de carácter extraordinarios. Es el tiempo para reflejar sobre su comportamiento del año pasado y prometerse hacer cambios positivos en su vida. “Establecer metas moderadas y alcanzables durante todo el año, en vez de ponerse una meta enorme el primero de enero, le ayudará alcanzar cualquier meta que desea”, dice la psicóloga Lynn Bufka, PhD. “Acuérdese que no es la amplitud del cambio que cuenta, sino el acto de reconocer que los cambios positivos en su vida son importantes y trabajar hacía lograr esa meta un paso a la vez”.

Al hacer resoluciones realistas, tendrá una mayor probabilidad de mantenerlas durante el año, incorporando comportamientos sanos en su vida diaria. La Asociación Americana de Psicología sugiere seguir estos consejos al hacer sus resoluciones de Año Nuevo:

Empiece con moderación

Haga resoluciones que cree poder mantener. Si, por ejemplo, su meta es hacer ejercicios más a menudo, planifique ir al gimnasio tres o cuatro veces a la semana en vez de siete veces a la semana. Si le gustaría comer equilibradamente, intente reemplazar el postre con otra comida que le gusta, como la fruta o el yogur, en vez de ver a su dieta como un castigo.

Cambie un comportamiento a la vez

El comportamiento dañino se desarrolla a través del tiempo. Así que el reemplazar comportamientos insalubres con comportamientos saludables también requiere tiempo. No se desanime ni piense que tiene que reevaluar todo en su vida. Más bien, esfuércese en cambiar una cosa a la vez.

Converse

Comparta sus experiencias con sus familiares y sus amigos. Considere unirse a un grupo de apoyo para alcanzar sus metas, como una clase de ejercicios en su gimnasio o un grupo de colegas que estén en el proceso de dejar de fumar. Tener con quien compartir sus luchas y éxitos hará que su camino a una vida saludable sea mucho más fácil y que le cause menos preocupación.

No se frustre

La perfección no es alcanzable. Acuérdese que el cometer errores menores en el proceso de lograr sus metas es normal. No se de por vencido completamente porque comió un pastel de chocolate y rompió la dieta, o porque dejó de ir al gimnasio por una semana porque estuvo ocupado. Todo el mundo tiene sus momentos altos y bajos. Resuelva recuperarse de sus errores y seguir adelante.

Pida apoyo

Aceptar ayuda de las personas que más le quieren a usted y que le escucharán, le dará fuerza a su deber y habilidad de manejar el estrés causado por sus resoluciones. Si se siente angustiado o incapaz de alcanzar sus metas por si solo, considere obtener ayuda profesional. Los psicólogos son adiestrados para entender la conexión entre la mente y el cuerpo. Pueden ofrecerle estrategias para ajustar sus metas para que sean más alcanzables, y al mismo tiempo pueden ayudarle cambiar su comportamiento insalubre y hablar sobre asuntos emocionales.

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“Hola amado cigoto, bienvenido a mi vida”

julio 22, 2012

Estimulación prenatal

Es de todos sabido que la comunicación materno-infantil temprana es un primer paso fundamental en el desarrollo emocional e intelectual del niño. Entonces, ¿qué pasaría si esa relación comunicativa se iniciase antes de que nazca el bebé; cuando éste todavía es un embrioncito en la barriga de la madre?

Los inmensos beneficios de la estimulación prenatal en el desarrollo sensorial del bebé (tanto intrauterino como posnatal) también han sido suficientemente demostrados. Pero, quisiéramos destacar, principalmente, el fuerte vínculo afectivo madre-hijo que resulta de esa beneficiosa interacción.

 Desde el mismo instante cuando se produce la fecundación, comienza una comunión corporal indivisible entre ese “puntico de vida” que es el cigoto y su portadora. Durante los próximos 9 meses, ambos serán uno sólo, prácticamente. Por ejemplo, absolutamente cualquier alimento o sustancia que ingiera la madre pasará a su bebé vía sanguínea. Asímismo, es posible que algunas de las enfermedades que pudieran afectar a la progenitora (incluso aquellas contraídas antes del embarazo) se transmitan también al bebé. De ahí que sea indispensable que la madre lleve una preñez saludable.

 Cuando decimos “saludable” nos referimos a la salud física y a la psíquica por igual – “mente sana en cuerpo sano” – ya que tal como lo evidencian algunos estudios en neurología y psiquiatría (http://pequelia.es/6854/salud-emocional-durante-el-embarazo), los fetos estarían en capacidad de percibir las emociones de la madre (tanto las positivas como las negativas), y serían afectados por éstas. Este importantísimo hallazgo (que viene a confirmar viejas creencias populares sobre el particular), es un llamado de atención a las mujeres embarazadas – y a la sociedad en general – sobre la importancia vital de mantenerse sanas psíquicamente durante el embarazo; de experimentar emociones positivas, por su propio bienestar y el bienestar del bebé.

Estimulación prenatal

 Y aunque pueda parecer exagerado, nosotros aconsejamos que el establecimiento del lazo afectivo, mediante la comunicación verbal, comience con la fecundación misma (aunque entendemos que el fuerte sentimiento de dicha que experimentaría la madre al quedar encinta constituye por sí solo una poderosa forma de comunicación), ya que funciona como una especie de reafirmación y concientización de la existencia de una nueva vida dentro de la madre; de reafirmación y concientización del amor de esa madre por esa nueva vida gestada en su interior.   

 Según lo anterior, el amor que siente la madre por el fruto de su vientre (expresado en sentimientos de felicidad, ilusión, plenitud, adoración, etc.), actuaría entonces como un poderoso nutriente para el cuerpo y el “corazón” de ese diminuto ser. Y es que con cada gesto de ternura, ya sean palabras amorosas, melodiás suaves – o enérgicas, de vez en cuando – toquecitos en el vientre, etc. (sería ideal que el padre participara frecuentemente de esos momentos) la madre transmite al bebé un claro mensaje: “Te amo, estoy feliz de tenerte, y quiero estar sana en cuerpo y alma para ti”.

Estimulación prenatal

 El bebé, por su parte, reaccionará animoso a todos esos estímulos: se sentirá alegre, tranquilo y protegido con la voz de mamá; bailará o descansará según la melodía que llegue a sus oídos; responderá curioso a los toquecitos en la barriga.

 Y en esa atmósfera de armonía material y espiritual creada por mamá, ese pequeño y adorable ser crecerá, convirtiéndose en una personita sana y feliz, igual a su bendita progenitora, a quien, por cierto, ya conoce y quiere bastante desde hace tiempo; desde que era apenas un corazoncito que comenzaba a latir…

Ángel Rafael La Rosa Milano

“El sol brilla siempre dentro de ti”


Hija yo también me porté mal (9)

junio 26, 2012

Una vez me burlé de una niña…  

 Foto extraída de: www.google.co.jp/search?q=fotos+de+abuso+escolar

Amada hija,

 A veces, los niños pueden ser crueles con otros niños. Eso quiere decir que pueden tratarlos mal, ya sea fastidiándolos solamente (con palabras o maldades “suaves”), o lastimándolos realmente (con palabras o maldades “fuertes”).

 Algunas personas piensan que es normal que los niños sean crueles de vez en cuando, porque “son más inocentes y honestos que los adultos”, pero yo no estoy muy seguro de que eso sea verdad. Me parece que los niños pueden ser buenos y amigables con los demás niños y con todas las personas, todo el tiempo, si su padres los enseñan a ser así desde que son muy pequeñitos.

 Para saber si mi idea es correcta, me puse a pensar si en estos 5 años tú alguna vez fuiste violenta, o simplemente brusca o grosera con otros niños – o adultos – y por más que traté de recordar no encontré ni una sola vez. Además, le pregunté a tu mamá, y me dijo que tampoco recordaba ningún momento así.

 Mi princesita, aprovecho para felicitarte con todo mi corazón por ser una niña tan buena, y para darle gracias a nuestros ángeles y a la vida por esa bendición.

 Por cierto, en Internet conseguí algo sobre lo que estamos hablando, escrito por otra persona y muy parecido a lo que yo pienso: http://pettro-desdemirincon.blogspot.jp

 Lo que quiero contarte hoy es que estando yo en 3er. ó 4to. grado de primaria, con unos 8 años de edad, había una compañerita de clase de quien algunos amigos y yo nos burlamos una vez, porque sus labios eran un poco más grandes de lo normal. Le dijimos malas palabras,y le pusimos un sobrenombre muy feo: ”boca’ e sapo”. También recuerdo que en esa época, en Venezuela, había una palabra que usábamos cuando alguna cosa o situación no nos gustaba para nada: “zape”. Entonces cuando esa amiguita estaba cerca de nosotros le decíamos  “boca’e sapo, zape”, y nos íbamos corriendo.

 Hija querida, ese recuerdo me hace sentir triste. ¿Te imaginas lo mal que se sentió esa niña cuando nosotros, sus compañeros de clase, la llamamos así? Yo no puedo acordarme de cómo respondió ella a nuestras burlas, pero seguramente se puso muy triste. Y es que al ponerle ese mote tan feo, no solamente nos estábamos burlando de ella, sino que la estábamos apartando de nosotros.

Algunos doctores dicen que la tristeza y la rabia que sienten algunos niños que son molestados por otros puede durarles muchos años de su vida, hasta que son grandes. Y hay niños  – y adultos – que pueden enfermarse si sienten una tristeza muy grande.     

 No puedo recordar si molestamos a esa niña más de una vez, (en mi mente guardo la imagen de una sola), pero eso no importa, porque fue algo muy feo; algo que ahora me duele bastante haberle hecho a esa amiga del colegio; algo que no debemos hacerle nunca a nadie, hija mía.

 Yo lamento mucho que mis amiguitos y yo, aunque éramos pequeños, hayamos sido tan estúpidos y groseros para decirle algo así de feo a esa niña compañera nuestra, y lamento que ningún adulto lo supiera, para que nos regañara como merecíamos y nos explicara por qué no debíamos hacer eso.

 Tu mami y yo nos preocuparíamos y nos pondríamos tristes si alguno de tus amiguitos de la guardería se burlara de ti o te lastimara (también si tú se lo haces a ellos). Y seguro que hablaríamos con tus maestras y con los padres de esos niños.

 Mi corazón, aunque nos parezca que algunas personas son bonitas y que otras no lo son, debes saber que todas las personas del mundo son bonitas, y merecen ser tratadas con cariño y respeto. Y si alguien tiene algo que no nos gusta (en su cara, en su cuerpo o en su forma de ser), no tenemos que pensar solamente en eso, sino en todas muchas otras cosas buenas que tiene esa persona. Además, debemos pensar que nosotros también tenemos muchas cosas que tal vez a otras personas no les gustan. Pero nos sentiríamos muy molestos y tristes si esas personas se burlaran de nosotros y nos hicieran maldades por esa razón.

 Entonces, mi angelito, con esta historia quiero pedirle perdón a esa amiga del colegio (afortunadamente, en todos estos años siempre hemos sido buenos amigos, pero nunca me disculpé con ella. Espero hacerlo algún día), y a todas las niñas del mundo, por haber sido un niño malo aquella vez; por no haber sido un “caballerito” con mi amiga (si algún día tienes un hermanito varón lo voy a enseñar a ser muy cariñoso y respetuoso con todas sus amiguitas, con todos los niños y con todas las personas).

 Y ahora que soy grande quiero corregir aquel error infantil, enseñándote a ti que eso no se hace, y siendo un hombre muy protector y paternal con todos los niños. Pero muy especialmente con las niñas. Para que sepan que por ser mujeres son muy importantes, y que la vida de nosotros los hombres es más bonita porque ellas están en el mundo. Y también, porque mi mamá, mi esposa y mi hija son mujeres…

 Dios te bendiga, mi adoración.

 Papi


“Si te portas mal te lleva la bruja”

junio 24, 2012

“Que viene el coco” o el mal uso del miedo
(extracto de un artículo encontrado en www.solohijos.com)

Los niños, como cualquier persona, evitan acercarse a aquellas situaciones que les dan miedo. Su imaginación es, durante esta edad, una máquina muy potente. Por eso es tan efectivo utilizar el miedo para evitar una conducta que no se desea.

Nuestro hijo, bajo la amenaza del coco, el cuarto oscuro, el hombre del saco o la bruja pirula, se comportará como un santo. Pero ¿sabemos realmente lo que estamos haciendo? Muchos padres utilizan la técnica de “meter miedo” para que sus hijos se comporten de una determinada manera. Pero es muy diferente explicar que hay cosas peligrosas que no deben hacerse, que utilizar y crear miedos para controlar la conducta de los hijos a lo que los padres desean. Y eso no está bien.

El recurso al miedo para controlar el comportamiento infantil es una práctica educativa muy inadecuada y peligrosa. Funciona al momento, pero a largo plazo puede desarrollar problemas muy serios: fobias, ansiedad y angustia que pueden no superarse nunca. De la misma manera, los castigos no pueden ser generadores de miedos. Nunca debemos castigar a nuestro hijo haciéndole pasar un mal rato como el de enfrentarle a algo que le dé miedo.

Enseñar con miedo genera niños inseguros

(Extracto de un artículo publicado en www.vanguardia.com/historico/44423-ensenar-con-miedo-genera-ninos-inseguros)

Había una madre que no conseguía que su hijo pequeño regresara a casa de jugar antes del anochecer. Para asustarlo le dijo que había unos espíritus que salían al camino tan pronto se ponía el sol. Desde aquel momento, el niño ya no volvió a retrasarse. Pero cuando creció, tenía tanto miedo a la oscuridad y a los espíritus que no había manera de que saliera de noche.

Entonces, su madre le dio una medalla y lo convenció de que mientras la llevara consigo los espíritus no se atreverían a atacarlo.

El muchacho salió a la oscuridad bien asido de la medalla. Su madre había conseguido que, además del miedo que tenía a la oscuridad y a los espíritus, se le uniese el miedo a perder la medalla.

Anthony de Mello, un reconocido autor de diversos libros con enseñanzas espirituales, recopiló esta historia que muestra que enseñar con miedo sólo consigue que los niños crezcan inseguros.
En algunas ocasiones los padres advierten a los niños que si no obedecen o si no se portan bien, “el coco se los comerá” o “la bruja se los llevará”.

Aparentemente esta es una salida eficaz para conseguir lo que se quiere del niño, pero a largo plazo no es la mejor.

Infundir miedo o terror en los niños puede resultar una aventura peligrosa, advierte la sicopedagoga Carmen Velasco.
Cuando los niños no tienen suficiente madurez como para entender que lo que les asusta no es real, se les causa angustia y se sienten vulnerables, comenta la especialista. Según Velasco, un sentimiento de terror en la infancia puede ser muy difícil de superar.

El niño puede volverse temeroso, lo que le causará inseguridad y por esto le será difícil superar obstáculos, comenta.
Es comprensible que los padres sientan que en determinado momento asustar al niño es el único recurso para conseguir un buen comportamiento, pero es importante tener presente que si el niño es muy pequeño, es posible que estos terrores se conviertan en una incapacidad para desarrollarse felices dentro del mundo.

Existen otros casos en los cuales el terror no sólo se utiliza para obtener un buen comportamiento, también para alejarlos del peligro.

Para Erika Córdoba, Fonoaudióloga y madre de un niño de 10 años, los peligros a los cuales se verá enfrentado su hijo es un tema muy difícil de manejar.Cuando son bebés es todo mas fácil porque están absoluta y completamente bajo nuestro cuidado, aunque demanden de más atención.
Trato siempre de que mi hijo tome conciencia y se cuide mucho de los extraños, siempre le recomiendo:nunca te separes del grupo, no hables con extraños, desconfía de lo que no conoces, cuenta Erika, quien precisa que su inquietud apareció cuando una colega suya le hizo una reflexión: si continuaba hablando a su hijo de todos los peligros, sólo conseguiría que creciera como una persona insegura y temerosa.

Tal vez tenga razón  mi colega, pero es difícil hacer que un niño sea seguro de si mismo y a la vez malicioso para que sepa cuidarse, puntualiza Erika.

La psicopedagoga Carmen Velasco asegura que lo importante es explicarle al niño que existen peligros en el mundo pero que puede protegerse utilizando unos determinados protocolos de seguridad que los padres deben enseñarles.
Según la experta, los niños entenderán que sus padres confían en ellos, en sus capacidades y se sentirán más conectados e impulsados a contar las situaciones en las cuales ven amenazada su integridad.

Sol, Servicio y Orientación al Latino

“El sol brilla siempre dentro de ti”


Jóvenes adictos a los video juegos y a la pornografía

junio 12, 2012

(El siguiente es un artículo de CNN, traducido del inglés al español por Ángel La Rosa, fundador del sitio SOL: http://edition.cnn.com/2012/05/23/health/living-well/demise-of-guys/index.html )

 Muchachos paralizados: Como los video juegos y la pornografía en línea están destruyendo a  una generación

 CNN — El psicólogo, Philip Zimbardo es profesor emeritus de la Universidad Standford, y goza de fama mundial por su investigación del año 1971, “El experimento de la cárcel de Stanford”. El Dr. Zimbardo escribió, con la ayuda de la artista y psicóloga Nikita Duncan, “Muchachos paralizados: ¿Cuál es el problema que están enfrentando los hombres jóvenes y cómo podemos ayudarlos?” (The Demise of Guys: Why Boys Are Struggling and What We Can Do About It), publicado por TED Books.

 CNN— ¿El uso exagerado de los video juegos y la capacidad invasora de la pornografía en línea están “paralizando” a los muchachos?

 Cada vez más investigadores lo afirman: en la búsqueda de diversión tecnológica, los hombres jóvenes se hacen adictos a la excitación, en detrimento de sus estudios y de sus relaciones personales.

 Cualquier adicto al juego, el alcohol o las drogas necesita jugar más o consumir más de una droga o bebida para experimentar el mismo nivel de euforia. Pero la adicción a los video juegos y a la pornografía es diferente. Es una “adicción a la excitación”. Aquí el atractivo está en la novedad, en la variedad o en el factor sorpresa del contenido. Más de lo mismo aburre; lo novedoso aumenta la estimulación. En cambio, en la forma tradicional de obtener placer consumiendo drogas, los adictos prefieren la misma cocaína o la misma heroína, por ejemplo.

 Las consecuencias pueden ser desastrosas: El consumo excesivo de video juegos y de pornografía en línea, en la búsqueda de lo “último”, está creando una generación de muchachos que le temen a los riesgos, que no pueden (y no quieren) enfrentarse a las dificultades propias de la vida real, ya sea en las relaciones personales, en los estudios o en el trabajo.

 Las historias sobre esta degeneración abundan: en 2005, el surcoreano Seungseob Lee sufrió un paro cardíaco tras jugar “StarCraft” por casi 50 horas seguidas. En 2009, el programa “True Life” de MTV, mostró la historia de un hombre llamado Adam, cuya esposa tuvo que expulsarlo de la casa (tenían 4 hijos) porque él no podía dejar de ver pornografía.

El noruego Anders Behring Breivik, acusado de asesinato en masa, explicó durante su juicio que se había preparado física y mentalmente para perpetrar su atentado contra 77 personas, jugando “WorldCraft” durante un año, y “Call of Duty”, 16 horas al día.

 Los estudios en este campo se remontan a 50 años. En 1954, los científicos Peter Milner y James Olds descubrieron el centro de placer del cerebro. En los experimentos, se envió una señal eléctrica al sistema límbico del cerebro de una rata, siempre que ésta se movía hacia una zoma específca de su jaula. El sistema límbico es el encargado de controlar aspectos como las emociones, la conducta y la memoria. Los investigadores suponían que si el estímulo era desagradable las ratas permanecerían alejadas de esa zona de la jaula. Ocurrió que las ratas continuaron regresando a esa parte de la jaula una y otra vez.

 En experimentos posteriores, se logró que las ratas presionaran un dispositivo estimulador libremente, y éstas terminaron estimulándose cientos de veces por hora. Incluso cuando se les daban dos opciones: comer cuando tenían hambre o estimular su centro de placer, las ratas elegían estimularse hasta que quedaban exhaustas, a punto de morir.  

 Este nuevo tipo de excitación adictiva mantiene a los usuarios atrapados en un estado de tiempo presente, prolongado y hedonístico. El pasado y el futuro están lejanos en el tiempo, mientras que el presente se prolonga dominándolo todo. El momento presente es totalmente dinámico, con imágenes que cambian constantemente.

 Un estudio reciente, realizado por el Centro de Control y Prevensión de Enfermedades, arrojó que “los consumidores frecuentes de pornografía tienen más probabilidad de padecer depresión y problemas de salud que los no consumidores… La razón es que la pornografía puede iniciar un ciclo de aislamiento… puede convertirse en un substituto de las interacciones personales normales, ya sean sociales o sexuales”.      

 Del mismo modo, los video juegos también son perjudiciales cuando los usuarios reducen sus interacciones con las demás personas en el mundo real.

En los video juegos, la violencia a veces está asociada al éxito. Los niños con más propensión a la violencia son más atraídos por los videos violentos, pero los videos violentos, a su vez, pueden hacer que ellos se tornen más agresivos. Esto pudiera deberse a que la mayoría de los video juegos recompensan a los usuarios por sus acciones violentas, generalmente permitiéndoles avanzar al próximo nivel del juego.

 De hecho, una investigación publicada en el Informe Anual sobre Salud Pública sugiere que existe un vínculo entre los video juegos violentos y las agresiones en la vida real: “Dada la oportunidad, tanto adultos como niños mostraron mayor agresividad luego de experimentar con juegos violentos. Y, aquellas personas que se identifican a sí mismas con personajes violentos de los videos actúan agresivamente mientras los juegan, lo que refuerza su conducta violenta.

Los hombres jóvenes que más usan los video juegos y la pornografía están influenciados digitalmente de una manera totalmente nueva, que requiere estimulación constante. Y sus cerebros vulnerables y en desarrollo están siendo complacidos por video juegos y pornografía “a la carta”, con una variedad infinita, con sólo hacer clic. Y, al mismo tiempo, esos nuevos cerebros no funcionan correctamente en una clase tradicional de aprendizaje, la cual es análoga, estática y pasiva en lo que a interacción se refiere. Lo académico se basa en la aplicación de lecciones pasadas para resolver problemas futuros; en la planificación; en la posterioridad de la recompensa; en la importancia del estudio frente al juego, y en la fijación de metas a largo plazo.

 Los muchachos tampoco son capaces de mantener relaciones románticas, las cuales tienden a construirse gradual y cuidadosamente, y exigen interactuar, compartir, desarrollar confianza, y reprimir el deseo sexual, al menos hasta que llegue el “momento adecuado”.

 Los casos menos graves de adicción a la excitación pueden pasar desapercibidos o ser diagnosticados como problemas de atención o de carácter. Lo cierto es que enfrentamos un problema de alcance nacional, o incluso mundial con consecuencias terribles para los muchachos. Un problema que requiere toda nuestra atención, y soluciones diseñadas para contrarrestar un fenómeno totalmente nuevo, el cual aumentará irremediablemente en magnitud e intensidad, si no hay un esfuerzo concertado entre los padres, los educadores, los creadores de video juegos, y los muchachos y las muchachas.

 Es tiempo de apretar “play” y prepararnos para revertir estas tendencias.


Temores infantiles

mayo 26, 2012

“Mi hijo le tiene miedo a…”

Recientemente, un matrimonio conocido mío me comentó que su hijo de 2 años le tenía pánico a algunos insectos muy pequeños. Tanto, que últimamente se rehusaba a caminar  cuando salían de la casa, por temor a encontrárselos en el suelo.

 Al preguntarles qué pensaban hacer al respecto, me dijeron que tal vez lo mejor era hacer que el niño pisara a los insectos. Imagino que para demostrarle que éstos, al ser tan pequeñitos, son absolutamente inofensivos y no pueden hacerle ningún daño. Es decir, enfrentarlo con la causa de su temor, como recomienda el conocimiento popular – no siempre actualizado – y algunos especialistas aun hoy en día.

 Esa conversación me hizo pensar en mi propia experiencia familiar con los miedos pasados y presentes de mi hija de 5 años. Y, como suele ocurrir en estos casos, también me llevó a investigar sobre el particular: temores infantiles.

 Definitivamente, lidiar con los miedos de nuestros hijos puede resultar complicado. Y una de las razones es que, como es de suponerse, los adultos generalmente no percibimos las amenazas que sí perciben ellos. Lo que para ellos es peligroso, pudiendo llegar incluso a aterrorizarlos, para nosotros no es tal. Esto pareciera obvio. Pero, la realidad es que los padres no siempre estamos conscientes de ello; se nos olvida que los niños ven el mundo de manera muy distinta a nosotros, y eso nos hace, involuntariamente, minimizar sus miedos.

 En el caso de mi hija, admito que en nuestro deseo de ayudarla a superar prontamente algunos de sus temores, inicialmente fuimos algo severos con ella (aunque mi esposa menos que yo). Por ejemplo, cuando sentíamos que su miedo era totalmente infundado, y tras razonar largamente con ella sin éxito, algunas veces la presionábamos diciéndole que le quitaríamos temporalmente algunas de sus actividades favoritas. Ese enfoque nos parecía correcto porque, al menos, no la forzábamos directamente a hacer aquello que la asustaba; le dejábamos la elección a ella y, además, siempre permanecíamos a su lado vigilantes.

 El problema es que de todas maneras la situación era muy perturbadora para nuestra pequeña hija. Primero, porque ella, lógicamente, para no ser castigada, a veces cedía a la presión. Y aunque al final terminara comprobando por sí misma (aunque sólo momentáneamente) que, tal como decíamos papá y mamá, no había razones para temer, ese momento, insisto, era bastante estresante para ella. Segundo, porque si su reacción de temor ameritaba un castigo, por leve que éste fuera, entonces ella sentía (porque eso era lo que, sin querer, le estábamos transmitiendo) que experimentar miedo era portarse mal, lo cual, obviamente, también le generaba confusión y angustia.

 Afortunadamente, aquel erróneo proceder no duró mucho en realidad. Además de que la propia reacción de nuestra hija indicaba claramente que el enfoque estaba fallando, recordé algunos casos de familiares y conocidos que terminaron desarrollando temores muy fuertes (fobias). Ellos creen que su fobia se debe a que siendo pequeños eran obligados duramente a efrentarse al objeto de dichos temores, lo cual les creo una especie de trauma.

 Lo cierto es que la observación de las reacciones de nuestra hija, y algunas lecturas sobre los temores infantiles (A continuación mostramos uno de ellos, que recomendamos altamente a los padres con hijos pequeños), nos hicieron adoptar una actitud aun más comprensiva hacia ella, sin presiones; encontrando soluciones intermedias, satisfactorias para todos, y alabándole suficientemente sus logros diarios en la superación de sus miedos.

 Los resultados han sido casi milagrosos…

 Miedos infantiles

(El siguiente texto fue extraído de Internet, pero debido a un error en la edición perdimos la página web de origen. Pedimos disculpas. Procuraremos encontrarla nuevamente para anexarla).  

 1- Introducción

Los miedos en general y cualquiera de sus modalidades en la etapa infantil suponen un fenómeno universal y omnipresente en todas las culturas y tiempos. La única explicación a esta regularidad es que el miedo debe tener un importante componente de valor adaptativo para la especie. En pequeña escala, estas sensaciones que se viven como desagradables por parte del niño o adolescente pueden cumplir una función de supervivencia en el sentido de apartarle de situaciones de peligro potencial (no acercarse a ciertos animales, no entrar en sitios oscuros, etc.). Sin embargo, cuando este miedo es desadaptativo (no obedece a ninguna causa real de peligro potencial o se sobrevaloran las posibles consecuencias) el resultado es un enorme sufrimiento por parte del niño que lo padece y sus padres. El miedo, puede entonces condicionar su funcionamiento y alterar sensiblemente su capacidad para afrontar situaciones cotidianas (ir a dormir, ir a la escuela, estar sólo, etc.).

No hay duda que los miedos son evolutivos y “normales” a cierta edad, cambiando el objeto temido a medida que el niño crece y su sistema psicobiológico va madurando. La tendencia natural será a que éstos vayan desapareciendo progresivamente. En otras ocasiones, podemos hablar abiertamente de temores o miedos patológicos que pueden derivar hacia trastornos que necesitan atención psicológica (ansiedad, fobias). Establecer la frontera entre uno y otro (normalidad-patología) no siempre es fácil y dependerá mucho de la edad del niño, la naturaleza del objeto temido y sus circunstancias, así como la intensidad, frecuencia, sufrimiento y grado de incapacitación que se produce en el niño.

2- Miedo

Un niño puede sentir un miedo natural ante la presencia de un perro grande mostrándose reacio a tocarlo y manteniéndose discretamente a cierta distancia (le tiene miedo). En otro niño la simple visión del perro o su ladrido puede despertar la necesidad de correr inmediatamente, sintiendo un malestar profundo y necesitando alejarse a mucha distancia para tranquilizarse. En éste último caso no ha habido ninguna causa objetiva que pueda justificar el temor del niño (salvo en el caso de que el niño hubiera sido víctima con anterioridad de la acción de algún perro). Las expectativas de que el perro le pueda atacar cuando va acompañado de sus padres y el perro se encuentra a distancia y va atado son irracionales. Ha este miedo irracional le llamamos fobia

3- Curso evolutivo de los miedos

a) Primera infancia
Los diferentes estadios de desarrollo conllevan asociados la preponderancia de un tipo u otro de miedos. Según algunos autores, los bebés no comienzan a manifestar el sentimiento de miedo antes de los seis meses de vida. Es a partir de esa edad cuando empiezan a experimentar miedos a las alturas, a los extraños y otros. Estos tres tipos de miedo se consideran programados genéticamente y de un alto valor adaptativo. De hecho su presencia denota un cierto grado de madurez en el bebé.
A esta edad también surge la ansiedad de separación de la figura de apego.
     Entre el año y los dos años y medio se intensifica el miedo a la separación de los padres a la que se le suma el temor hacia los compañeros extraños. Ambas formas de miedo pueden perdurar, en algunos casos, hasta la adolescencia y la edad adulta, tomando la forma de timidez. Lo habitual es que vayan desapareciendo progresivamente a medida que el niño crece.
    Es en esta etapa, cuando empiezan también a surgir los primeros miedos relacionados con pequeños animales y ruidos fuertes como pueden ser los de una tormenta.
b) Etapa preescolar (2,5-6 años)
Se inicia una evolución de los miedos infantiles. Se mantienen los de la etapa anterior (extraños, ruidos, etc.) pero van incrementándose los posibles estímulos potencialmente capaces de generar miedo. Ello va en paralelo al desarrollo cognitivo del niño. Ahora pueden entrar en escena los estímulos imaginarios, los monstruos, la oscuridad, los fantasmas, o algún personaje del cine. La mayoría de los miedos a los animales empiezan a desarrollarse en esta etapa y pueden perdurar hasta la edad adulta.

4- Posible origen de los miedos

Independientemente de la programación genética del niño para desarrollar los miedos evolutivos normales de la infancia, se han apuntado algunos factores que pueden incidir significativamente sobre los mismos.
    Una de las variables estudiadas han sido los patrones familiares. Según algunos estudios, los padres con tendencia a ser miedosos y/o con más trastornos de ansiedad suelen tener hijos con miedos o ansiedad, en mayor proporción que los padres “normales”. Algunas teorías explican esta hipótesis en base a que los hijos buscan y captan la información sobre la reacción emocional de sus cuidadores ante situaciones de incertidumbre. A través del modelado (aprendizaje que efectúa el niño por observación de un modelo) una madre puede alterar o modelar los miedos de sus hijos en función de las emociones que manifieste o que el niño perciba.
    Otro mecanismo de adquisición o potenciación de los miedos es la información negativa (instrucciones verbales). Una información negativa sobre alguna situación o estímulo concreto puede ser una fuente que genere el temor. La capacidad de convicción vendrá condicionado por lo relevante que resulte para el niño la persona que emita la información.
    En algunos casos, es correcto levantar temores, por ejemplo por parte de los padres, acerca de determinados riesgos que corren, en especial, los adolescentes. No obstante, también pueden darse informaciones erróneas por parte de personas ajenas a la familia que pueden provocar miedos injustificados. En la etapa adolescente se suele creer más a los compañeros a que a los padres.
    Hay un tipo de miedos que se adquieren por aprendizaje directo como es el miedo a no poder respirar. Sería el caso de niños que han sufrido ataques de asma o se han despertado repentinamente por la noche con la sensación de no poder respirar.
    Otra forma de adquisición es por condicionamiento. Supongamos un niño que de pequeño sufrió quemaduras importantes al jugar con un petardo que le explotó en las manos. Probablemente la simple visión de los mismos o su estruendo le provoquen miedo y rechazo, tanto más cuanto mayores fueron las consecuencias.
    Finalmente apuntar como posible generador de miedos en niños, otras experiencias vitales desagradables o traumáticas, como presenciar malos tratos, peleas o situaciones que le impacten emocionalmente (accidentes, muerte de algún ser querido, etc.). En el peor de los casos, estos miedos pueden derivar en trastornos clínicos como fobias específicas, ansiedad generalizada o estrés post-traumático.
    Igualmente, no es aconsejable la visualización de programas de televisión, películas u otros que contengan imágenes violentas o de terror cuando el niño aún no presenta una edad adecuada para separar nítidamente la ficción de la realidad.

5- Orientaciones para combatir el miedo infantil

1- En primer lugar vivir la situación del niño con tranquilidad, sin mostrar (al menos delante de él) preocupación o angustia. Recordemos que el modelado, es decir, los comportamientos que el niño observa de los padres son los patrones que interioriza. Padres excesivamente preocupados pueden ser un mal modelo y aumentar la tensión.
2- No forcemos al niño a efectuar aquellas conductas que teme. Hay que trazar un plan de forma que podemos crear aproximaciones sucesivas. Por ejemplo, un niño que teme a la oscuridad, no podemos pretender que lo supere inmediatamente por mucho que se lo razonemos. Hay que crear una gradación de situaciones (p.e. diferentes habitaciones con distintos grados de iluminación hasta llegar a la oscuridad total) para que el niño vaya progresando. Tras la permanencia un determinado tiempo en una de estas habitaciones podemos reforzarle con algún premio o efectuar alguna acción de su agrado. El próximo día probaremos en otra un poco más oscura. Hay que avanzar paulatinamente. No dar importancia a los retrocesos y celebrar los pequeños pasos. La solución a los miedos no es evitarlos sino enfrentarnos a ellos. Sin embargo, en el caso de los niños, debemos hacerlo con calma y con mucho sentido común. Utilice el juego y la imaginación.
    Algunas técnicas psicológicas utilizan la llamada escenificación emotiva en donde las diversas aproximaciones del niño al objeto o situación temida van acompañadas de instrucciones previas en el que ha de adoptar el papel de ayudante o colaborador de algún héroe de ficción de su elección. El niño se imagina que está ayudando a su heroe favorito en la consecución de alguna misión. No obstante estas técnicas deben ser aplicadas y controladas por un profesional ya que forman parte de lo que se conoce como desensibilización sistemática. Se trata del tratamiento psicológico más utilizado en trastornos de miedos, fobias y ansiedad.
    3- Una forma muy eficaz de actuar es mediante el modelado. Uno de los padres puede efectuar la conducta temida (p.e. estar en la habitación a oscuras) para enseñar al niño que no sucede nada. No obstante, el modelado es más eficaz cuando el modelo es de la misma edad del niño. En especial, terapias efectuadas en grupo de iguales para exponerse a los estímulos temidos (oscuridad, animales, etc.) han resultado muy eficaces en niños.
    4- Evitar siempre ridiculizar al niño por sus miedos, en especial, delante de sus compañeros. No reírse de él, no castigar ni sermonear. La atención debe estar dirigida a las posibles soluciones no a las consecuencias punitivas.
    5- Evitar el visionado de películas, juegos o actividades que comporten violencia, miedo o terror. Procurar que las personas de su entorno no lancen mensajes amenazadores (si no comes llamaré a….; si no te portas bien se lo diré a…..). No se trata de aislar o sobre proteger al niño. Hasta cierto punto el niño debe ir integrando las diferentes emociones y el miedo forma parte natural de nuestra vida desde el inicio. No obstante, siempre será de gran ayuda que estas emociones estén reguladas por el consejo y el acompañamiento de los padres.
6- Puede resultar también útil, según el caso, la introducción de alguna técnica de relajación.
7 Estas instrucciones son generales y deben ajustarse a la edad del niño y sus características.
8– Cuando los miedos son más severos, persistentes y alteran significativamente el funcionamiento del niño en su entorno familiar, escolar o social, podemos encontrarnos con trastornos que ya no formarían parte del ciclo evolutivo “normal” sino que deberían ser objeto de tratamiento especializado (fobias específicas, trastornos de ansiedad u otros). Ante cualquier duda consulte con un profesional de la salud.

 


“HIja, yo me porté mal” (7)

mayo 17, 2012

Mi bellísima,

Algunas de la faltas que cometí siendo pequeño – como la que te contaré hoy – aunque las llamemos “travesuras infantiles” pudieron haberle causado mucho daño a otras personas. Es muy cierto que cuando niño yo no tenía idea de que pudieran ser tan peligrosas para los demás, pero ahora, después de tantos años, las recuerdo y veo con claridad que pude haber lastimado muy seriamente a alguien. Y eso, hija mía, me hace sentir mucho miedo, arrepentimiento y vergüenza.

Así que, contarte esta anécdota es muy difícil para mí. Pero lo hago – como siempre te explico – con la esperanza de que tú puedas aprender algo de mis muchos errores o, mejor todavía, no los cometas. Sobre todo aquellos que, como me pasó a mí cuando era un muchachito, puedan ponerte a ti y a otras personas en serio peligro. Y algo muy importante: Esta vez también lo hago para disculparme muy sinceramente contigo, con todas las personas del mundo y con mi “Dios”, por haber hecho algo tan malo. Pienso que pedir perdón y arrepentirnos es necesario; es muy importante. Pero también pienso que además de eso siempre tenemos que hacer acciones que traigan cosas buenas para los demás y para nosotros mismos.

Me parece que yo tenía entre 8 y 9 años, un día que estaba jugando con mis amiguitos en una  pequeña colina ubicada en mi sector. Tenía la altura de una casa de dos pisos, más o menos, y  estaba separada de una carretera a unos 60 ó 70 pasos largos de persona adulta.

No puedo recordar a quién de nosotros se le ocurrió la muy mala idea de lanzar hacia la carretera (por la que siempre pasaban muchos carros que iban muy rápido) un par de neumáticos viejos que nos encontramos tirados por ahí.

Créeme, mi linda, que después de tantos años que han pasado desde que mis amigos y yo hicimos aquello, apenas hace poco, mientras trataba de recordar cosas que contarte, vi, por primera vez, el gran daño que pudimos haber hecho a los conductores que pasaban por ahí en ese momento. Estoy bien seguro de que por mi mente no pasaba la idea de lastimar a alguien. Pero, aun sin querer pudimos haber provocado una tragedia.   

Afortunadamente, no pasó nada grave (o al menos eso es lo que vimos desde donde estábamos). Pero tengo que decirte con mucho dolor , mi ángel, que esos neumáticos bajaron rodando con tanta fuerza que pudieron haber producido un terrible accidente, donde las personas quedaran muy lastimadas y hasta muertas. Y eso, como tú bien sabes, hubiera sido algo muy malo, muy horrible, muy triste para mí y mi familia, pero, sobre todo para las personas lastimadas y sus seres queridos.

Ya ves, mi adoración, como algunas travesuras de niños son en realidad acciones bastante dañinas para los demás y para nosotros mismos. Insisto, es verdad que cuando somos pequeños no sabemos que esos juegos pueden dañar tanto a alguien. Por eso yo sigo pensando que debo contarte sobre esas faltas que cometí, y explicarte bien las cosas malas que pudieran haber pasado, porque es posible que tú no las hagas; que tú seas más cuidadosa que yo cuando tenía tu edad; que seas mejor persona que yo, y así puedas tener una vida con muchísimos momentos bonitos y muy poquitos momentos tristes. Y así ayudarás a que el mundo sea un mejor lugar para todas la personas que viven en él.

Dios te bendiga, mi princesita.

Te amo,

Papi