Boicot contra actividades consulares venezolanas

octubre 10, 2018

Mis muy estimados Soleros en Japón y el resto del mundo, siempre gracias por seguirme.

Espero que se encuentren fantásticamente  en unión de sus familiares y seres queridos.

En momentos cuando la situación de mi país, Venezuela, es simplemente calamitosa, insoportable, y mientras el régimen narco terrorista que nos somete incrementa las medidas represivas contra el pueblo indefenso, las embajadas venezolanas alrededor del mundo, como es de esperarse, realizan eventos culturales y recreativos diversos con el bien calculado fin de “lavar la cara” a la dictadura sanguinaria que mantiene secuestrada a nuestra Patria.

Es por ello que hoy me dirijo a aquellos compatriotas y amigos de Venezuela que se encuentran en el extranjero, para pedirles vehementemente que asuman una postura firme, condenatoria contra todas las embajadas y consulados venezolanos de sus respectivos países de residencia, ya que sus funcionarios representan directamente a la mafia genocida que destruye al país y oprime a sus ciudadanos.

Entre otras acciones de condena contra las embajadas venezolanas, sugerimos el boicot y la protesta pública contra actividades culturales, recreativas, y de cualquier tipo que estas realicen.

Por ejemplo, entre el 23 y el 25 de octubre, la embajada venezolana en Japón y el Instituto Cervantes organizarán el primer festival de cine venezolano en Tokio.

Hago un llamado a mis compatriotas y amigos de Venezuela en Tokio, a que nos presentemos esos días en la sede del Instituto Cervantes a expresar nuestro repudio a dicho evento, por considerarlo una grosera distracción del asunto que debería ocuparnos actualmente: la salida inmediata del régimen narco terrorista del poder.

Siempre gracias, queridos Soleros.

A la espera de su respuesta solidaria, me despido con un abrazo libertario,

Ángel Rafael La Rosa Milano

“El Sol brilla siempre dentro de ti”

Anuncios

Anécdotas de mi papá: “Mr. Magoo”

junio 18, 2018

Es cierto que el 99.9 % de las anécdotas de mi papá son para resaltar sus virtudes; para hacerlo brillar. No puedo evitarlo. Pero hoy, en este Día del Padre, será diferente. Lo atacaré por uno de sus lados más flacos: su carácter despistado.

Mi papá era tan despistado, que a veces salía a la calle con el único propósito de comprar algo – víveres, que por lo general eran encargos específicos de mi mamá – y tras ponerse a conversar con alguno de los tantos conocidos que se encontraba en el camino, se regresaba a la casa, ¡habiéndose olvidado por completo del mandado!

Que mi papá extraviara algo, momentánea o permanentemente, era una constante en el día a día de nuestra familia; casi tan rutinario como comer o dormir.

Para ser justos, yo mismo era bastante distraído (me pregunto si en verdad esos rasgos de la personalidad se heredarán), y a lo largo de mi vida he tenido no pocos despistes memorables. Pero siento que en mi caso no llegué a alcanzar el nivel legendario que sí logró mi padre. En parte creo que se debe a que a él le costaba admitir esa limitación y, en consecuencia, se molestaba cuando alguien lo sugería, lo que al final hacía que todos nosotros lo comentáramos más. Yo, en cambio, siempre lo acepté como parte de mi personalidad. Aunque debo decir que dese que me establecí en Asia, hace unos 15 años, el despiste casi ha desaparecido. Pienso que pudiera ser porque me ha tocado hacer muchas cosas que durante mis años mozos allá en Venezuela no hacía, incluyendo innumerables tareas familiares y laborales.  La necesidad obliga…

Pero volviendo a mi padre y su fama de despistado, había una situación en particular en la que esa condición podía ser en verdad atemorizante: Cuando se ponía al volante. Todos quienes, durante tantos años, tuvimos que meternos en carro conducido por él somos testigos. Era una experiencia en verdad estresante.

Debido a su carácter distraído, mi papá a veces manejaba como si no existieran otros vehículos y otros elementos en la vía. La mayoría de las veces sus acompañantes de turno teníamos que convertirnos automáticamente en sus ojos, sus oídos, sus “radares” (como los copilotos de un rally), para alertarlo, desde la salida hasta la llegada, de potenciales peligros.

Recuerdo que una tía materna mía – que quiso y admiró mucho a mi padre, por cierto – un buen día nos informó, pública y solemnemente, que se había propuesto pasar una Tercera Edad realmente tranquila, relajada, y que para lograrlo, una de sus resoluciones era no montarse más nunca en su vida en un carro conducido por su cuñado.

Luego de varios años de la muerte de mi papá, una vez, acordándome de su proverbial distracción al manejar, de repente me vino a la mente el recuerdo de la serie de dibujos animados “Mr. Magoo”. Quienes no la conocen, búsquenla en Internet. Quienes la conocen seguramente, al igual que yo, sonreirán por el impresionante parecido entre el personaje ficticio y el real. Y, seguramente, al igual que yo, pensarán, que ese era apenas un detallito entre tantas virtudes y tantas razones para querer y admirar a mi amado papá

Bendición papá. Te amo. Feliz Día del Padre.


Servicios varios para la comunidad latina de Hachioji,Tokio

diciembre 22, 2017

Mis muy estimados seguidores, “soleros”, de Tokio,

Posiblemente ya se enteraron, de que voy a hacer un alto  – aún no sé si definitivo o temporal – en mis labores como cuidador de ancianos, y se estarán preguntando qué pasó y qué pienso hacer ahora.

Como bien saben, esos 5 años al servicio de los viejitos japoneses fueron sumamente gratificantes en muchos aspectos, pero, de un tiempo para acá, las diferencias culturales en el trabajo comenzaron a afectarme más de lo normal, lo que, aunado a mi nivel de comunicación en el idioma japonés, terminó produciéndome un malestar, una frustración insoportables.

En todo este tiempo, me cansé de lidiar con colegas molestosos, abusadores e irrespetuosos, tanto conmigo con los ancianos (pero aclaro que son contadas excepciones, no la generalidad). A pesar de los conocimientos y habilidades que fui acumulando en esos 5 años, las veces que cambié de lugar de trabajo – en 3 ocasiones – fui tratado por algunos superiores como el último de los reclutas, sin consideración a mi experiencia en todas las facetas de la ocupación.

¿Las razones? No es fácil identificarlas con claridad. Pero, a mis años, puedo inferir que pudiera ser por celos profesionales, discriminación sexual (entre un 85% y 90% de mis colegas han sido mujeres), discriminación racial, envidia, o porque dichos colegas son sencillamente abusadores natos. Todo lo cual tiene que ver, a su vez, con las diferencias culturales entre nosotros, en el sentido de que aquí en Japón la relaciones personales se dan en un plano muy vertical, jerárquico; en el trabajo, sobre todo, los superiores son “capitanes” y los subalternos “soldados rasos”. Y si a todo lo anterior eso le sumamos que yo soy un poquito contestón…

Lo cierto es que, a mis 51 años, ya me cansé de contestar; ya no tengo más energía para eso, aunque me sobra para otras cosas, como las que voy a emprender próximamente, por ejemplo.

Es muy cierto que los conflictos personales son parte de la vida. Pero una cosa es tenerlos ocasional y aleatoriamente – como es normal – y otra muy distinta es tener que levantarnos todas las mañanas sabiendo que vamos a pelearnos con un colega hostigador, a pesar de nuestros constantes esfuerzos para evitar los “encontronazos”, o al menos, aliviarlos.

Por el lado de la comunicación lingüística, el problema es que si bien mi nivel de japonés me ha permitido realizar labores de cuidador satisfactoriamente, no es suficiente para comunicarme  con la profundidad que yo quisiera, tanto con mis colegas como con “mis viejitos”. Mi “vocabulario laboral” es bastante amplio, pero no soy capaz de sostener conversaciones cotidianas, sustanciosas, con ellos. Para alguien tan comunicativo como yo resulta muy frustrante no ser capaz de entender totalmente a los interlocutores (un anciano explicándote un problema de salud o un colega contándote un problema familiar, por ejemplo), y no ser capaz de expresarles cabalmente lo que piensas y sientes.

Adicionalmente, esas limitaciones lingüísticas, en no pocas ocasiones, te hacen lucir torpe al hablar, como es lógico. De hecho, pareciera que algunos colegas consideran las limitaciones con el idioma como falta de inteligencia.

Para finalizar este desahogo emocional (espontáneo, ya que yo sólo quería informarles sobre mis próximas actividades. Gracias, después me envían la factura, jajaja), podemos concluir que mi decisión se debe a una combinación de factores culturales, laborales, comunicativos, los cuales pude sortear anteriormente, gracias a mi disposición al trabajo, mi devoción por los ancianos, mi entusiasmo por nuevos retos, y  mi necesidad de un trabajo estable (todavía necesito estabilidad laboral, pero la emocional es más importante), entre otros.

Ahora sí, queridos amigos, oído al tambor .

Cumplo con informarles, que estoy listo y muy motivado para retomar algunas de las actividades previas a mi trabajo como cuidador de ancianos, principalmente:

  • Clases de mejoramiento del español para niños nipo-latinos
  • Clases de inglés básico para niños nipo-latinos
  • Clases de inglés básico para adultos hispanoparlantes
  • Acompañamiento de adultos mayores o personas impedidas, hispanoparlantes o angloparlantes
  • Acompañamiento, tutoría (cultura, deportes, música, etc.) de niños en edad escolar hispanohablantes y angloparlantes
  • Cuidador de ancianos o personas impedidas (“helper”) a domicilio, para usuarios hispanoparlantes o  angloparlantes
  • Sesiones de estimulación temprana para niños pequeños hispanohablantes

Estimados, “Soleros”, por favor ayúdenme a regar la voz entre los hermanos latinoamericanos e hispanos en general de nuestra comunidad. Y no duden en contactarme si están interesados. En equipo trabajamos mejor.

Contactos: larosangel@hotmail.com / 090-3540-2410  

De antemano, muchísimas gracias a todos por su atención.

Saludos y bendiciones

Ángel

“El Sol brilla siempre dentro de ti”

 

 


Proyecto “CAFÉ” (Club de Amigos y Fans del Español)

diciembre 18, 2017

Mis muy estimados “soleros”,

Siempre gracias por seguirme.

En esta oportunidad quisiera dirigirme específicamente a mis  muy amables y consecuentes seguidores japoneses, hablantes del español, que habitan en Tokio.

Algunos de Ustedes pudieron conocer a través de la entrada “Mis viejitos” de este mismo blog que, a principios de este mes, puse fin a un ciclo de 5 años como cuidador de ancianos japoneses; una etapa de mi vida muy fructífera y gratificante, en la que trabajé en diversos centros de asistencia al adulto mayor, cuidando a esos seres maravillosos, con el mayor cariño de mundo, así como con gran agradecimiento a la vida y a la sociedad japonesa por concederme el privilegio de servirles.

Hoy se abre un nuevo capítulo en mi vida. Entre otras actividades laborales que emprenderé próximamente, tengo el inmenso placer de anunciarles el inicio de mi nuevo proyecto educativo-cultural CAFÉ (Club de Amigos y Fans del Español).  

CAFÉ consiste en un grupo de personas:

  • De nacionalidad japonesa (se aceptan otras nacionalidades)
  • Mayores de 40 años (hasta 100 +)
  • Amantes del español y de la cultura hispana
  • ¡Amantes del CAFÉ latinoamericano!
  • Con un nivel de lengua intermedio o avanzado, quienes quisieran reunirse frecuentemente, para:
  1.  Intercambiar con otras personas que compartan su pasión por el idioma español
  2. Mejorar su nivel de lengua, mediante clases dictadas por un profesional de la enseñanza
  3. Ampliar sus conocimientos sobre los países hispanohablantes y sus fascinantes costumbres, mediante actividades culturales entretenidas, tales como baile, canto, teatro, etc.
  4. Discutir sobre diversos temas de la vida diaria o de actualidad
  5.  Disfrutar momentos productivos y divertidos, mediante la realización de fiestas, festivales tradicionales y demás eventos recreativos.
  6. Saborear una tasa – o varias – de gustoso CAFÉ latinoamericano.  

El profesor de idiomas e instructor cultural será este servidor, Ángel La Rosa, y demás profesores invitados.

Los organizadores del club serán los propios integrantes, quienes se encargarán de determinar el lugar de reunión, el horario de clases, el costo de la mensualidad para los miembros, y demás aspectos administrativos. Igualmente, se encargarán de coordinar, junto al profesor, las actividades culturales y recreativas.

Los interesados en participar del club y ser miembros fundadores de CAFÉ, por favor comunicarse con el Prof. Ángel La Rosa, a través de la dirección: electrónica: larosangel@hotmail.com

¡Los esperamos!

Gracias por su amable atención,

Ángel La Rosa

 

 

 


Anécdotas de mi papá: Abuelo niñero

noviembre 17, 2017

Extraído del sitio plusesmas.com / Abuelo recibiendo besos de sus nietos

El recuerdo nítido más lejano que guardo en mi memoria, compartiendo alguna actividad con mi papá, es de cuando yo tenía entre 6 y 7 años. Estaba en construcción la nueva casa, y casi todos los fines de semana íbamos a verla. En esas ocasiones, mi papá se ponía a jugar conmigo alrededor de la obra, y lo que me viene a la mente es la imagen de los dos saltando desde el balcón hacia un montón de gravilla, agarrados de la mano y gritando alocadamente durante el brinco.

Hay un par de momentos más que recuerdo muy vagamente: uno, jugando voleibol, los dos, en la arena de la playa, otro, igualmente en el mar, pero, divirtiéndonos dentro del agua. Esa vez, estaban también mi mamá y mis dos hermanos. Pero, no sé si ambas situaciones tuvieron lugar antes, durante o después de las visitas a la casa en construcción.

Aparte de eso, no alcanzo a recordar, más atrás en el tiempo, mis interacciones con mi padre. Tampoco situaciones de él con mis dos hermanos menores, una hembra y un varón, 3 y 4 años menores que yo, respectivamente. Aunque, claro, hay muchas fotos familiares – también relatos –  que me permiten cubrir esa bonita etapa de mi infancia en la compañía paterna.

Esto viene a cuento porque, en cambio, sí pude ver a mi papá compartiendo mucho con sus primeros 3 nietos, los hijos de mi hermana, ya que durante el período cuando ellos nacieron, tanto yo como mi hermana y su familia vivíamos en la casa de nuestros padres.

Eso me permitió ser testigo presencial, por espacio de 10 años, más o menos, de algunos de los acontecimientos más gratificantes y aleccionadores de toda mi vida: la faceta de mi papá como abuelo niñero.

En todos esos años, cuando sus 3 nietos iban alcanzando la edad escolar, prácticamente, él era el encargado de sus rutinas mañaneras, preparatorias para ir a la escuela. Uno, porque mi hermana y yo salíamos más temprano a nuestras actividades diarias, dos, porque mi mamá, con sus muchas ocupaciones durante el día, se permitía dormir siempre hasta un poco más tarde en las mañanas.

Por las tardes, cuando regresaban de la guardería o de la escuela, era su abuelo quien procuraba recibirlos, listo, siempre, para atenderlos. Recuerdo que una de las actividades predilectas en ese mundo exclusivo y mágico  compartido por el niñero y sus niños era la aventura exploratoria del jardín, incluida la obligatoria contemplación del ocaso.

Cuando el “abuelo Ángel” estaba con sus amados nietos, les hablaba mucho; les enseñaba acerca de las cosas que conformaban aquel universo fascinante donde sólo ellos habitaban. Por ejemplo, un día que yo estaba jugando con la menor de mis dos sobrinas (para ese entonces tendría 4 o 5 años de edad), durante un muy bonito atardecer, le explicaba por donde es la salida y la puesta del sol, en un lenguaje que ella pudiera entender. Cuando le dije, “¿ves? el sol se oculta por este lado, por el oeste”, ella me respondió, dándome clases a mí, “si Tío, por el poniente”. En mi asombro, por tan temprana sabiduría, sólo alcancé a balbucear, a duras penas, “sí, exacto, sobrina”,  sintiéndome algo avergonzado, como el maestro que es instruido por su alumno. Su niñero de lujo, ya le había enseñado todo eso, mucho antes, por su puesto.

abuelo-filemon-con-nieta-p[1]

Extraído de guiainfantil.com / El abuelo Filemón. Cuentos de abuelos para niños.

Como es de imaginarse, para mi papá, sus nietos también fueron una fuente de inspiración infinita, en muchos sentidos. Como muestra de ello, quiero plasmar aquí un pequeño verso que él escribiera a sus dos hembritas, y el cual recuerdo, perfectamente, después de tantos años, porque siempre me ha cautivado la elaborada belleza estética que encierra su simplicidad literaria:

Yo tengo dos nietecitas/una es linda, la otra es bella/ una juega con la luna/la otra con las estrellas.

Pero, entre tantos aspectos que merecen mi admiración y mi respeto, en esa faceta de mi padre como abuelo y niñero a tiempo completo, hay una imagen que me quedó grabada para siempre – en el alma, sobre todo – y que se remonta a los primeros años de mis sobrinos. Un ritual sagrado que se repetiría en el tiempo, con todos y cada uno de ellos 3. Después de que mi mamá les daba su tetero, mi papá se encargaba de sacarle los gases y de dormirlos, sentado en su mecedora, cargándolos el tiempo que fuese necesario, con amor y paciencia infinitos.

Papá, ese sólo recuerdo le da sentido a mi existencia y conforta mi espíritu.

Siempre gracias, bendición.

 

 


Ancianos japoneses jugando “bolas criollas”

octubre 29, 2017

Ver vídeo: Ancianos japoneses jugando “bolas criollas”

Mientras los ancianos japoneses pasan sus últimos años de manera entretenida y productiva, como debe ser, en países como el mío, Venezuela (petrolero y supuestamente con las mayores reservas mundiales), la mayoría de los adultos mayores tiene que sufrir a diario la tragedia de carecer de los servicios mínimos requeridos para tener una vejez digna y saludable, con lo cual sus derechos humanos y su dignidad son injusta e inhumanamente pisoteados con absoluta impunidad, por la mafia gobernante venezolana.


Anécdotas de mi papá: “La contradicción en pasta”

octubre 6, 2016

Esta anécdota, de cuando fui con mi papá al mismísimo Dodger Stadium a ver a los mismísimos Dodgers de los Ángeles, la recordé hoy (jueves, 1 marzo, 2016), precisamente mientras veía un juego de Grandes Ligas por televisión.

Eso fue por allá por el 77, si no me equivoco. A mis 11 años. Entonces, mis padres y los 3 hermanos estábamos pasando las vacaciones escolares de julio-agosto junto a una entrañable tía materna y su esposo, quienes, por aquellos días, residían en California por motivos de estudio.

Para venezolanos aficionados al beisbol como mi papá y yo, aquella era, definitivamente, una actividad obligatoria dentro del plan vacacional.

Pero lo que quiero resaltar de aquella bonita experiencia no es el tremendo juego de pelota que vimos (Dodgers vs. Astros, incluida la emocionante aparición del legendario hitiador venezolano Víctor “Vitico” Davalillo), sino el proverbial carácter contradictorio de mi padre, el cual, durante el partido, salió a relucir en todo su esplendor. Ese mismo carácter que lo empujaba a librar innumerables batallas “solo contra el mundo”; el que lo hacía responder automáticamente “no” a una petición de sus hijos (aunque nosotros esperábamos tranquilos a que un minuto después nos diera su aprobación); el que, en ocasiones, exasperaba a mi mamá de tal forma que la hacía decirle: “¡Ángel La Rosa, tú eres la contradicción en pasta!”

Pero, aquel temperamento contradictorio que, elevado a su máxima expresión, causaba no pocas molestias a la gente, podía ser también, en muchos casos, motivo de diversión para los involucrados, como, en efecto, ocurriría aquella vez.

En uno de los más grandes templos del beisbol, el legendario Dodger Stadium, atestado de furibundos seguidores, y donde los amos y señores de aquel feudo se batían en duelo con uno de sus más asérrimos rivales de entonces, a mi padre se le ocurrió la original idea de ¡hacerle barra a los Astros de Huston! Así mismo como se lo estoy contando.

Algo preocupados, mi tío político y yo le pedíamos repetidamente a mi papá que moderara su efusividad, pero, al final, aquel temerario comportamiento resultó tan cómico que nos hizo reír muchísimo, ¡y a los fanáticos angelinos que nos rodeaban tambien!

Como Ustedes imaginarán, mi ocurrente padre en realidad no era ni remotamente fanático de los Astros. Por el contrario, él simpatizaba con los Dodgers porque eran un equipo popular en Venezuela, por la presencia del Venezolano Davalillo, y porque ese año eran fuertes candidatos a llegar a la Serie Mundial, como efectivamente lo harían.

Ese día mi papá sencillamente vio la oportunidad perfecta de divertirse y divertir a los demás llevándoles la contraria. ¡Y lo logró con creces!

Bendición papá. Siempre gracias por tantos bonitos recuerdos.

Ángel