Hija, yo también me porté mal (6)

abril 24, 2012

Mi preciosita,

Como te he dicho ya antes, cuando somos niños nuestra inocencia y falta de experiencia en la vida frecuentemente nos ponen en peligro. Por eso te cuento estas historias sobre  travesuras peligrosas que hice; para que pienses mejor que yo – cuando tenía tu edad – antes de hacer algo que pueda traerte problemas.

Siendo yo un muchachito de 7 años, un tío mío muy querido me regaló mis primeros patines (las 4 ruedas en cada patín formaban un cuadrado, no una línea como ahora, ¡y eran de metal!). Como imaginarás me puse muy contento. Algo parecido a lo que sentiste tú cuando te regalamos tu primera bicicleta.

 Pero este cuento no es sobre los peligros de patinar, sino sobre otra cosa relacionada.

 Después de varias semanas de práctica diaria y febril (con las incontables y normales caídas, pantalones rotos y moretones), cuando ya lograba patinar con cierta facilidad, un grupo de amiguitos más grandes que yo, más expertos patinando, y más tremendos también, me convencieron de ir con ellos hasta un lugar muy alejado de nuestro edificio.

 A mis 7 años, yo ya sabía, que no podía hacer algo así sin permiso de mis padres, y que si se lo pedía igual me dirían que no. Pero, por la insistencia de mis amigos, y su promesa de que no nos pasaría nada malo y de que mi papá y mi mamá nunca lo sabrían (cuando seas más grandecita sabrás lo difícil que es decir que no a los niños más grandes y tremendos) acepté ir con aquellos “diablillos”.

 Aun recuerdo que sentí una mezcla de emoción por la aventura y de arrepentimiento por estar haciendo algo prohibido y peligroso, y por estar burlando a mis padres.

 Y ocurrió que mis amigos se equivocaron… Igual que pasó la vez que me subí en la azotea de mi edificio, una vecina nuestra me vio y me delató con mis padres. Afortunadamente. Siempre en estos casos digo que tuve suerte de ser delatado, porque apartando que mi mamá me dio unos cuantos correazos leves (antes era normal que muchos padres castigaran así a sus hijos, pero las cosas han cambiado, y papi y mami nunca te pegaremos a ti), eso hizo que yo no me escapara de nuevo. Al menos por un tiempo… 

 Mi vida linda, yo tenía prohibido ir tan lejos sin la compañía de algún adulto, por varias razones: Había muchas calles que cruzar y podía atropellarme algún carro; podía caerme patinando y lastimarme seriamente, y al encontrarme lejos de casa todo sería más complicado; A veces los niños grandes que son muy tremendos pueden ponerse violentos y crear problemas a los otros niños, como pegarles o insultarlos. Además, podía haber ladrones (personas que les quitan sus cosas a los demás, a veces con pistolas o cuchillos), y también gente muy mala que agarra a los niños pequeños y se los lleva escondidos para un lugar muy lejano, donde no podíar ver a su papá y su mamá nunca más. Siempre que te digo algo así, vida mía, siento un dolor aquí en el pecho; me pongo triste. Pero ahora sabes muy bien por qué te lo tengo que decir.

 Así que, hija querida, si algún día alguno de tus amiguitos te invita a ir a un lugar muy lejano sin permiso nuestro (o si se te ocurre a ti esa mala idea), acuérdate de este cuento y de mis palabras, y diles que no lo harás porque es peligroso, y porque nosotros tus padres siempre te decimos que no lo hagas, y tú siempre quieres hacernos caso y no engañarnos.  

 Es verdad que de niños (e incluso de adultos) a veces es muy difícil decirle que no a los amigos mayores que nos invitan a hacer cosas prohibidas, porque ellos podrían molestarse mucho y no jugar más con nosotros, y hasta lastimarnos mental o físicamente.

 Pero debes saber que tu mamá y yo estamos aquí a tu lado, todo el tiempo, queriéndote y cuidándote mucho, sobre todo de otras personas que quieran lastimarte, incluyendo a otros niños. Entonces, aunque sientas miedo de decirles que no, tienes que explicarles muy bien que tú siempre le dices todo a papá y mamá, y que nosotros siempre, siempre te defenderemos de cualquier cosa y de cualquier persona, y que si ellos se ponen bravos contigo, lastimándote de alguna forma, nosotros hablaremos con sus padres y con sus maestros para que lo sepan y tomen medidas.

 Para finalizar, mi princesita. Cuando tengas algún problema, grande o pequeño, estés en una situación de peligro, mucho o poco, siempre acuérdate de rezar a tus “ángeles” protectores para que te cuiden. Como sabes, yo tengo muchas razones para pensar que hay fuerzas invisibles buenas y malas. Las malas hacen daño a las personas, y las buenas nos cuidan si se lo pedimos mucho y nos portamos bien. Esto es muy importante que lo hagas siempre, mi angelito.

 Que los ángeles te bendigan y te cuiden.

 Papi

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Cambios en el ingreso a la secundaria superior pública

abril 19, 2012

Hola, estimados amigos “soleros”.

La gente de Info Kanagawa nos hace llegar gentilmente la siguiente información que puede interesar a Ustedes, y la cual les pedimos encarecidamente nos ayuden a difundir entre los integrantes de la comunidad hispanohablante. Muchísimas gracias de antemano.

El sistema de examen de ingreso a la escuela secundaria superior pública cambiará para aquellos estudiantes que actualmente se encuentran cursando el 3er año de secundaria básica. Hemos elaborado un material explicativo sencillo en 11 idiomas (japones, ingles, chino, portugués, castellano, coreano, tagalo, tailandés, vietnamita, camboyano, laosiano) conjuntamente con el prospecto elaborado por el Comité Pedagógico de la Prefectura. Pueden recaudar información desde la página web de Kanagawa International Foundation:

http://m.r.cbz.jp/xquu6977/r3ht

En setiembre y octubre se organizarán charlas sobre “Instrucciones para Ingreso a la Secundaria Superior de estudiantes cuya lengua materna no es el japonés”. Aquellos estudiantes que van a rendir el examen favor de participar sin falta. Sobre la fecha y lugar se daran a conocer via INFO KANAGAWA.

 


“Hija, yo también me porté mal” (5)

abril 9, 2012

Mi bellísima, decir palabras feas, sobre todo si lo hacemos muy seguido, también es portarse mal. Así que hay que evitarlo siempre. Especialmente, ustedes los niños no deben repetir las malas palabras de nosotros los adultos. Pero, sería mucho mejor que nosotros los mayores nunca dijéramos cosas feas frente a ustedes, ¿no es verdad?

Alguien dijo una vez que las personas son como sus palabras. O sea, si todo el tiempo estamos diciendo palabrotas es porque tenemos cosas feas en la mente; hay algo malo con nuestra forma de ser. En cambio, si siempre hablamos bien, diciendo cosas bonitas, es porque en nuestra mente tenemos pensamientos buenos.

Te digo esto, amorcito, porque una vez, cuando yo tenía como 7 años de edad, rompí una bonita amistad con un amiguito (y también surgió un conflicto entre nuestras familias), por culpa de unas groserías que yo dije.

Un día que yo estaba reunido en la calle con otros niños del vecindario, nos pusimos a jugar que éramos una banda musical, cantando de forma muy alegre y cómica, mientras tocábamos unas latas de leche con unos palitos de madera. Recuerdo que estábamos justo frente al apartamento del amigo mío; cerca de la ventana de la cocina (por cierto, él no estaba con nosotros en ese momento). Ocurrió que comenzamos a cantar una canción muy famosa, pero con la mala ocurrencia de cambiarle la letra por malas palabras. No nos dimos cuenta de que la mamá de mi amigo estaba en la cocina escuchando nuestra muy original pero grosera versión. Lo supe más tarde, ese mismo día. Estando ya en mi casa, fui sorprendido por el sonido ¡de otra banda musical! instalada debajo de nuestro balcón, y dirigida por el mencionado amigo, quien gritaba como loco unas palabrotas bastante, pero bastante feas.

Mi mamá, muy extrañada y algo molesta por aquel poco agradable concierto, se asomó por el balcón para pedirles que bajaran la voz. El líder del grupo (hasta ese entonces mi buen amigo), respondió muy enojado que su mamá lo había enviado a hacerle a mi familia exactamente lo mismo que yo y demás niños le habíamos hecho a su familia, para ver si nos gustaba. Mi mamá no le dijo más nada al niño. Sencillamente cerró la ventana y me preguntó sobre lo ocurrido. Yo, llorando de vergüenza le conté lo que pasó. Pero le aseguré que nosotros no lo hicimos con la intención de ofender a nadie. Ella me explicó que aunque fue sin mala intención, la mamá de mi amigo se molestó muchísimo, y por eso lo mandó a hacernos lo mismo. También me dijo que, aunque ella jamás me hubiera pedido a mí tomar venganza (ella sencillamente le hubiera dicho a los niños que no era bueno decir groserías y menos frente a una casa de familia), todo era el resultado de las malas palabras que yo dije; que por eso siempre debíamos evitar hacerlo.

 Pero lo más importnate que me dijo mi madre aquel día fue que no haríamos nada para responder a mi amigo, porque eso traería más problemas con esa familia; que aprendiéramos la lección y olvidáramos lo que pasó, para así volver a hacer amigos de ellos algún día.

Dios te bendiga, mi primor.

Papi


“Mi esposo dijo que iba a matarme”

abril 6, 2012

          Hace pocos días, me encontré por casualidad a una señora conocida mía, madre de un niño pequeño. Me llamó la atención que a esa hora (temprano en la mañana) ella iba en dirección contraria a la usual, y con una gran preocupación reflejada en el rostro.

 Al saludarla, me dijo, con evidente consternación, que esa misma mañana el esposo había amenzado con matarla, y por eso ella iba en camino a denunciarlo a la policía.

 Estimados lectores: ¿Qué hubieran hecho Ustedes en mi lugar?

 Un dato relevante: mi amiga es extranjera y el esposo japonés. Pero debo aclarar que mi intención no es generar aquí algún tipo de crítica o reacción en contra de nuestros anfitriones. Esto es sencillamente un aspecto que puede ayudarnos a todos quienes vivimos en este gran país, a entender la desesperada situación – y encontrarle soluciones – de esta mujer y madre, y de otras que pudieran estar enfrentando el mismo peligro.

Si bien en las últimas décadas ha habido avances significativos a nivel mundial en la lucha contra la violencia doméstica, el nivel de concientización de la sociedad, en general, sigue siendo bajo. Según un artículo de la publicación digital en inglés “Womensphere” http://womensphere.wordpress.com ), en Japón, por ejemplo, “los expertos y activistas advierten que el grado de violencia debe ser mucho mayor al manejado oficialmente, ya que muchos japoneses aun piensan que la VD es un asunto familiar y no una violación de los derechos humanos de la mujer”.

En el mismo artículo leemos que en 2008, una encuesta gubernamental hecha a 1.358 mujeres (con pareja o separadas) reveló que un 33,2 % había sufrido maltrato físico, amenazas sicológicas y coerción sexual por parte de sus parejas. Y en 2009, la VD en Japón aumentó 11,7 % (28.158 casos reportados), el porcentaje más elevado desde que las encuestas se iniciaran en 2002.

Entonces, ¿cómo reaccionaría Usted si una conocida suya pasa por algo así? En las líneas de ayuda telefónica (hace algún tiempo me desempeñé como orientador telefónico, 1 año en la Tokyo English Life Line, TELL, y 2 años en Línea de Apoyo al Latino, LAL), cuando una mujer llama diciendo que fue amenazada de muerte por su pareja, el procedimiento a seguir es claro y estricto: se le sugiere a la llamadora que abandone la casa, se traslade a algún lugar seguro, y busque protección policial lo antes posible.

Ante una amenaza de muerte por parte del compañero, no hay tiempo para especular si éste sólo pretende asustar a la víctima (lo que constituye maltrato psicológico) o si piensa matarla realmente. Por esta razón es que se recomienda a la mujer actuar lo más rápido posible, haciendo lo que esté a su alcance para proteger su vida.

Si, por las razones que sea, subestimamos la amenaza y no urgimos a la mujer amenzada a ponerse a resguardo, podríamos contribuir involuntariamente a que ocurra una tragedia.

Así que le dije a mi amiga que ella estaba haciendo lo correcto al denunciar al esposo por amenazarla de muerte, y que se pusiera a salvo inmediatamente.

Huelga decir que pasé el resto del día muy preocupado pensando en ella, y en cómo podría yo ser más útil. Pués bien, en la tarde se me presentó la oportunidad de ayudar. Por una grandísima “casualidad” me conseguí al esposo de la señora, quien se encontraba conversando con otra conocida de ambos. Lo cierto es que tras dudar unos pocos segundos (no es lo más sencillo de hacer, sobre todo si uno tiene relaciones cordiales con los dos miembros de la pareja), me acerqué y le dije al hombre, en presencia de la otra mujer, lo que me había dicho su esposa horas antes, y que yo estaba considerando ir también a la policía a denunciarlo.

El hombre primero se sorprendió, pero luego dio señales de estar muy preocupado y avergonzado, lo que yo tomé como una aceptación de culpabilidad y arrepentimiento.  Precisamente su actitud, si se quiere pacífica (confieso que yo estaba algo ansioso y preparado para lo peor), me hizo adoptar un tono más bien calmado, sugiriendo que, aunque su conducta había sido absolutamente condenable, aun se podían arreglar las cosas de una manera civilizada.

Después de mi relato y de mi explicación, sé que todavía habrá quienes se oponen a mi decisión de encarar a este hombre por amenazar de muerte a mi amiga. Sobre todo porque les preocupa que uno pueda salir perjudicado de algún modo (especialmente si el maltratador en cuestión es una personal realmente violenta) y la familia también. Los entiendo perfectamente; no les falta razón. Pero voy a insistir en esto. En una situación como esta, no se puede correr el más mínimo riesgo de que el abusador esté considerando seriamente matar a su pareja. Además, pienso que mi intervención en un problema marital tan lamentable fue una especie de respuesta instintiva para proteger a otro ser humano de un peligro inminente. Así que estoy convencido de que muchos de Ustedes hubieran actuado igual en una situación parecida.

Lo importante es que ahora ese hombre violento sabe que esa mujer no está sola (la mayoría de los abusadores se aprovechan del estado de indefensión de sus parejas); que hay personas que sabemos que él la amenazó de muerte (incluida la policía), y que estamos dispuestos a tomar medidas para impedir que él atque a su esposa y se convierta en asesino, o que sencillamente la vuelva a maltratar psicológicamente.

Para finalizar, unas breves reflexiones, estimados lectores. Es importante que entendamos que esos hechos tan lamentables no ocurren sólo en las novelas televisivas. Triste y preocupantemente, pasan a nuestro alrededor con más frecuencia de la que imaginamos. Por eso debemos estar atentos, y prestos a ayudar a las víctimas según nuestras posibilidades. Por ejemplo, si no queremos involucrarnos directamente, podemos denunciar al abusador de forma anónima.

Ningún hombre que maltrate psicológica o físicamente a una mujer (o viceversa, por supuesto) puede quedar impune. Debe ser denunciado y castigado.

Y como siempre repetimos ante hechos de violencia doméstica, el maltratador presenta problemas mentales y emocionales muy severos que requieren urgente atención epecializada, para bien de toda la comunidad. De ahí que cualquier castigo aplicado debe estar contemplado en las leyes y diseñado para lograr la reinserción de dicho individuo en la sociedad, sin que represente un peligro para nadie, nunca más.

Ahora, les pido por favor que todos me acompañen en esta oración: Energías protectoras, les pido con todas las fuerzas de mi ser que mi proceder haya sido correcto, y no ponga en peligro a mi familia. Y sobre todo, que haya sido para bien de esa desesperada mujer y madre amiga mía… y también para ese pobre hombre enfermo que le dijo que iba a matarla…

Ángel Rafael La Rosa Milano

“El sol brilla siempre dentro de ti”