Anécdotas de mi papá: “Mr. Magoo”

junio 18, 2018

Es cierto que el 99.9 % de las anécdotas de mi papá son para resaltar sus virtudes; para hacerlo brillar. No puedo evitarlo. Pero hoy, en este Día del Padre, será diferente. Lo atacaré por uno de sus lados más flacos: su carácter despistado.

Mi papá era tan despistado, que a veces salía a la calle con el único propósito de comprar algo – víveres, que por lo general eran encargos específicos de mi mamá – y tras ponerse a conversar con alguno de los tantos conocidos que se encontraba en el camino, se regresaba a la casa, ¡habiéndose olvidado por completo del mandado!

Que mi papá extraviara algo, momentánea o permanentemente, era una constante en el día a día de nuestra familia; casi tan rutinario como comer o dormir.

Para ser justos, yo mismo era bastante distraído (me pregunto si en verdad esos rasgos de la personalidad se heredarán), y a lo largo de mi vida he tenido no pocos despistes memorables. Pero siento que en mi caso no llegué a alcanzar el nivel legendario que sí logró mi padre. En parte creo que se debe a que a él le costaba admitir esa limitación y, en consecuencia, se molestaba cuando alguien lo sugería, lo que al final hacía que todos nosotros lo comentáramos más. Yo, en cambio, siempre lo acepté como parte de mi personalidad. Aunque debo decir que dese que me establecí en Asia, hace unos 15 años, el despiste casi ha desaparecido. Pienso que pudiera ser porque me ha tocado hacer muchas cosas que durante mis años mozos allá en Venezuela no hacía, incluyendo innumerables tareas familiares y laborales.  La necesidad obliga…

Pero volviendo a mi padre y su fama de despistado, había una situación en particular en la que esa condición podía ser en verdad atemorizante: Cuando se ponía al volante. Todos quienes, durante tantos años, tuvimos que meternos en carro conducido por él somos testigos. Era una experiencia en verdad estresante.

Debido a su carácter distraído, mi papá a veces manejaba como si no existieran otros vehículos y otros elementos en la vía. La mayoría de las veces sus acompañantes de turno teníamos que convertirnos automáticamente en sus ojos, sus oídos, sus “radares” (como los copilotos de un rally), para alertarlo, desde la salida hasta la llegada, de potenciales peligros.

Recuerdo que una tía materna mía – que quiso y admiró mucho a mi padre, por cierto – un buen día nos informó, pública y solemnemente, que se había propuesto pasar una Tercera Edad realmente tranquila, relajada, y que para lograrlo, una de sus resoluciones era no montarse más nunca en su vida en un carro conducido por su cuñado.

Luego de varios años de la muerte de mi papá, una vez, acordándome de su proverbial distracción al manejar, de repente me vino a la mente el recuerdo de la serie de dibujos animados “Mr. Magoo”. Quienes no la conocen, búsquenla en Internet. Quienes la conocen seguramente, al igual que yo, sonreirán por el impresionante parecido entre el personaje ficticio y el real. Y, seguramente, al igual que yo, pensarán, que ese era apenas un detallito entre tantas virtudes y tantas razones para querer y admirar a mi amado papá

Bendición papá. Te amo. Feliz Día del Padre.

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