ANÉCDOTAS DE MI PAPÁ: Paseo amazónico

marzo 31, 2022
«El Tobogán de la Selva». Imagen extraída de: destimap.com

Al «Coronel La Rosa»- mi padre – como a cualquier militar, la carrera de las armas le deparó experiencias muy diversas, incluidas algunas en verdad emocionantes. El sólo hecho de ser paracaidista, por ejemplo, le permitiría vivir grandes emociones en sus primeros años como oficial de la otrora honorable Guardia Nacional venezolana (actualmente es una organización criminal).

Pero hoy quiero referirme a una actividad que a él le resultó particularmente atractiva. Y a mí también…

Me disculpo de antemano por las imprecisiones temporales atribuidas a mi mala memoria.

Siendo mi papá capitán antiguo o mayor recién ascendido – no recuerdo – se desempeñó brevemente como uno de los oficiales de enlace, entre el entonces Ministerio de Obras Públicas (MOP) y las Fuerzas Armadas, para la supervisión de un proyecto habitacional en una población indígena del estado Amazonas.

El oficial La Rosa, un padre muy motivador y consentidor, logró que le permitieran llevar a su hijo a uno de sus viajes.

Aunque no puedo recordar los detalles de aquella «aventura» compartida con mi papá, sí recuerdo algunos momentos inolvidables para mí: El despegue de la aeronave militar desde el aeropuerto de La Carlota, en el Este de Caracas (muy posiblemente mi primer vuelo en avión); el deslumbrante paisaje selvático visto desde las alturas; mi primer encuentro con indígenas.

Imagen extraída de guiaviajesvirtual.com

De la interacción con mi papá durante todo el viaje sólo recuerdo una cosa: Mientras el grupo de trabajo inspeccionaba el desarrollo habitacional, me llamó la atención que las duchas de las viviendas estuvieran no en el interior sino en el exterior de las mismas. Mi papá me explicó que tuvieron que hacerlo así, ya que los indígenas, al estar acostumbrados a bañarse en los ríos, al aire libre, a la vista de todos en su tribu, nunca pudieron adaptarse a las duchas interiores.

Imagen extraída de: sites.google.com

Como explico en relatos y demás escritos anteriores, desde que yo era muy pequeño, mi papá, ocasionalmente, cuando las condiciones lo permitían, procuraba mostrarme directamente, in situ, algunas facetas de su trabajo como militar. Me viene a la memoria en este instante un recuerdo que había olvidado: Yo, muy pequeñito, correteando alegremente por los amplios pasillos de inmensas columnas de la antigua EFOFAC (Escuela de Formación de Oficiales de las Fuerzas Armadas de Cooperación).

Pero volviendo a la anécdota presente, los recuerdos de aquel alucinante paseo amazónico, si bien vagos en mi mente luego de tantos años, hoy reviven en mí esa reconfortante sensación de camaradería con mi padre y de admiración hacia él, que yo experimentaba cuando compartía conmigo su vida de soldado en su mundo militar.


Escolares japoneses no descansan ni en vacaciones

marzo 29, 2022

Estoy establecido en Japón y soy padre de una niña japonesa quien acaba de culminar la secundaria básica.

En lo que respecta a su experiencia estudiantil, si bien en general estoy muy satisfecho con el sistema educativo japonés, siempre he criticado el tiempo que demandan las actividades extracurriculares, más específicamente los clubes deportivos y musicales.

En este su último año, por ejemplo, a pesar de que el acto de graduación fue el 18 de marzo, la banda musical del colegio – donde mi hija toca trompeta – mantuvo su actividad diaria hasta el sábado 26, fecha de su presentación final.

Por un lado, valoro enormemente que en los tres años de la secundaria básica, gracias a la banda, mi hija haya aprendido a tocar trompeta, y más importante aun, que lo haya disfrutado (así como toda la familia disfrutó sus conciertos). Pero, por otro lado, siento que esa actividad mantuvo a mi hija demasiado ocupada. Ensayaba 4 días a la semana, más algunos sábados cuando se acercaban las presentaciones.

Valga acotar, que ella nunca se quejó, y que por el contario asistía muy ganosa a los ensayos, incluidos algunos sabatinos. Aun así, como su padre considero que sería más saludable para ella y demás alumnos, que dispusieran de más tiempo libre para otras actividades de su gusto, como pasatiempos y actividades recreativas tanto con la familia como con amigos.

Pero, eso no es todo. Lo que me hizo escribir este artículo fue que el nuevo colegio donde mi hija estudiará su secundaria superior ¡le asignó tareas escolares en vacaciones! Después de pasar los últimos meses estudiando sin descanso para el exigente examen de admisión (un gran porcentaje de alumnos, como mi hija, recibieron clases extras en institutos privados especializados. Ella lo hizo sólo por 3 meses, algunos niños lo hacen durante todo el 3er. año), encima tienen que estudiar en vacaciones de paso de grado. ¡Ni siquiera los 10 días de vacaciones pueden descansar!

Yo puedo entender – a regañadientes – que los estudiantes japoneses (y de otros países) tengan tareas vacacionales durante el año escolar. Pero no puedo entender, por más que trato, la razón de las asignaciones académicas durante las vacaciones de fin/inicio de curso. Seguramente, habrá una explicación (que pediré el día del acto de entrada, mediante una carta explicativa de mi descontento), pero de antemano sé que no estaré de acuerdo.

Un amigo japonés cercano, a quien le manifesté mi malestar por las tareas vacacionales, me dijo que era «para que los estudiantes no se olviden de los estudios». Yo le repliqué: «¡precisamente para eso deberían ser las vacaciones de paso de grado, para que los estudiantes se olviden totalmente de los estudios!». Además, ¿cómo se van a olvidar de las materias, después de tantos meses estudiando como locos?

En definitiva, en eso de tener a los niños ocupados en actividades escolares varias – sobre todo, estudiando – a las autoridades educativas japonesas se les pasa la mano.


CANCIÓN: Revelación (Original de Ángel La Rosa)

febrero 22, 2022

Esta canción la compuse hace unos 30 años, pero la última estrofa se la agregué en 2019.

En esa época de mi temprana adultez ya yo componía canciones pensando en el Cuatro como el instrumento líder.

Desde niño y siempre me ha gustado el género Guaracha por lo cadencioso y pegajoso.

«Con mi cuatro canto a las cosas bellas, y CANTO AL CESE DE LA USURPACIÓN».


ANÉCDOTAS DE MI PAPÁ: ¿Campamento Peligroso?

febrero 12, 2022

Yo tendría entre 6 y 8 años de edad. Recuerdo la escena vagamente: Mi mamá estaba llorando porque ese día mi papá me llevaría con él a un campamento militar – en las afueras de Caracas – y, ella, por más que trató, no pudo disuadirlo.

Lo siguiente que me viene a la mente es estar con mi papá y otros uniformados en el claro de un bosque; había una tienda de campaña y un Jeep. No logro recordar como llegamos a ese lugar, pero muy posiblemente fue en aquel vehículo rústico.

Hay otra imagen con una culebra: uno de los militares la atrapó, y si la memoria no me falla, ¡decidieron incluirla en el menú del almuerzo! Pasada por candela, por supuesto.

No tengo idea ni del objetivo ni de la magnitud de aquella actividad. No sé si se limitaba al número reducido de efectivos que había en aquella carpa, o sí éstos eran parte de un grupo mayor. Tampoco guardo en mi memoria sonido de disparos (creo que los recordaría), a diferencia de unas maniobras a las que también asistí con mi papá (ya más grande, mientras estudiaba en el Liceo Militar), y donde la mayoría de los ejercicios incluían armas de alto poder de fuego, como ametralladoras, por ejemplo. Incluso, presencié maniobras con el explosivo C-4.

No alcanzo a recordar mis emociones infantiles sobre aquella experiencia. Pero, apartando la mezcla de sorpresa con repulsión que sentí al ver a los soldados comiendo culebra asada, no tengo ningún mal recuerdo; es probable que me haya divertido. Por cierto, creo que en la casa familiar allá en Venezuela, hay una foto de aquel día.

Sin embargo, ahora como adulto y padre, concuerdo con mi mamá, desapruebo que mi papá me haya llevado con él a ese campamento militar. No porque piense que haya sido muy peligroso necesariamente (claro que en un bosque montañoso siempre hay sus peligros, como las culebras, por ejemplo), sino porque sencillamente no era una actividad para civiles, y mucho menos para niños de mi edad. Seguramente, eso era lo que preocupaba a mi mamá, y con razón.

¿Hubieran podido otros de los militares presentes llevar a sus hijos libremente? ¿Mi papá informó a sus superiores y les pidió autorización para llevarme? O, tal vez ese día él era el oficial más antiguo y simplemente consideró que no había problema. Cualquiera pensaría que siendo una zona militar el acceso sería más restringido. Pero también es cierto que carezco de información para saber de que se trataba. También es posible que, al igual que ocurre con algunos cuarteles y demás unidades militares que pueden visitarse (varias veces fui con mi mamá a ver a mi papá y a llevarle comida cuando estaba de guardia), tal vez aquel campamento podía ser visitado por familiares y civiles en general. No sé.

De todas formas, como digo al final de todas las anécdotas paternas, sé que lo que prevaleció en aquella extraña idea de mi papá fue que compartiéramos los dos, y en este caso en particular, que yo viviera una experiencia de su trabajo como soldado, que él suponía sería emocionante para mí.
Siempre gracias papá.
¡Feliz «Cumpleaños»! en los mundos infinitos…


ANÉCDOTAS DE MI PAPÁ: Mi cómico favorito

febrero 6, 2022

Yo nunca he sido un buen contador de chistes, por eso admiro a quienes tienen esa gracia.

Es posible que sea una condición familiar. Ni mis padres ni ninguno de nosotros, los tres hijos – dos varones y una hembra – nos distinguimos por esa forma de comicidad en particular. En cambio, tanto por la rama paterna como por la materna tengo parientes sumamente chistosos (algunos ya fallecidos), con el don de hacer reír a los demás.

Sin embargo, cuando yo era niño, mi papá de vez en cuando me echaba chistes (algo que no recuerdo haberlo visto haciendo con otras personas, adultas sobre todo), muy inocentes, huelga decirlo. Seguramente, con nosotros sus hijos se atrevía a mostrarse cómico; no le importaba hacer el ridículo. Algo como lo que hacía yo con mi hija cuando era chiquita, y hago actualmente con todos los niños pequeños.

Valga acotar que mi papá, sin ser contador de chistes, sí tenía un muy afilado sentido del humor (como buen oriental. No de Asia, sino de Venezuela), lo que le hacía tener salidas rápidas y divertidas. Por ejemplo, mi mamá me contó que un día al despertarse, se le acercó a mi papá – quién también se desperezaba a su lado – y tras preguntarle juguetonamente al oído, «¿Quién es el negrito más rico de este mundo?», él le respondió en fracciones de segundo, «Michael Jackson».

De aquellas sesiones cómicas paternas recuerdo algo en particular; algo que 50 años después todavía me divierte: mi papá se destornillaba de la risa con sus propios chistes, aunque me los repitiera, mínimo, 3 veces cada uno.

Lo chistes en sí mismos me hacían reír mucho, pero definitivamente lo que más me divertía eran las contagiosas carcajadas de mi papá.

Seguidamente, quisiera compartir con mis amables lectores tres de esos chistes paternos:

1)

Mi papá: «¿Tú sabes por qué al ‘Rey Pelé’ lo llaman así?»
Yo: «No. ¿Por qué?».
Mi papá (haciendo la demostración respectiva con mucho dramatismo escénico): «Porque siempre que iba a patear un penalti, fallaba la pelota y decía ¡ay, la pelé!».

2)
Un tipo se le acerca a otro en plena calle y le pregunta, «Disculpe, Señor, podría decirme cuál es la acera de enfrente», a lo que éste responde, incómodo, «¿Usted se está burlando de mí? Por supuesto que es aquella» (señalando al lado opuesto de la calle). Entonces, el tipo le dice, «le juro que no es burla. Es que estoy confundido, porque acabo de preguntarle lo mismo a aquella Señora que está del otro lado, y me dijo que la acera de enfrente es esta».

3)

A un conductor se le espichó un caucho, pero siguió rodando unos 100 metros, hasta detenerse frente a un manicomio. Cuando se disponía a cambiar la llanta se dio cuenta de que ¡le faltaban las cuatro tuercas! y se quedó pensativo, sin saber qué hacer. Un paciente del manicomio que lo observaba desde una ventana, le pregunta, «¿Amigo, cuál es el problema?». El conductor le responde, «Por seguir rodando después del pinchazo, se le salieron todas las tuercas al caucho, y ahora no puedo cambiarlo». Entonces, el paciente, haciendo alarde de una gran inventiva, le sugiere, «¿Por qué no le quita una tuerca a los otros tres cauchos, y se las pone a ese? Así todos tendrían tres, y podría rodar sin problemas.» El hombre, impresionado por aquella genial solución, después de agradecerle muy efusivamente le pregunta al interno, «Amigo, dígame algo, ¿Cómo es posible que alguien tan inteligente como Usted esté en el manicomio? Y éste le responde sonreído, «Precisamente, yo estoy aquí por loco, no por bruto».

Querido papá, el recuerdo de tu rostro sonriente y tus carcajadas, durante aquellos shows cómicos para mí, todavía me hace reír – y llorar – de felicidad.

Por todos esos divertidos e invaluables momentos juntos siempre serás mi cómico favorito.

¡Gracias, papá!


Hija, yo me porté mal: El mirón

febrero 4, 2022

Hay conductas que, aunque en el pasado podían ser consideradas simplemente indebidas, actualmente son vistas como muy ofensivas, al punto de ser catalogadas como delitos.

Cuando yo tenía unos 25 años de edad, en la casa contigua a la nuestra, vivió una mujer – por poco tiempo – aparentemente soltera, en sus 30, que me resultaba atractiva.

Desde un par de ventanas laterales de mi casa se podía ver tanto el amplio ventanal de su sala de estar, en el primer piso, como una ventana lateral de su habitación, en el segundo piso. Por eso, algunas noches, yo me asomaba a hurtadillas para ver si por casualidad la vecina tenía alguna cortina abierta, y así poder espiarla.

Lo máximo que alcancé a ver – un par de veces – fue a la mujer entrando a su habitación para, inmediatamente, cerrar las cortinas. O ella era una persona muy precavida, o ya había notado que alguien la observaba desde el otro lado.

Pero, eso no es lo que te quiero contar hoy; es un preámbulo simplemente.

De todas formas, hija querida, aunque espiar disimuladamente desde el interior de tu propia casa no sea una falta grave, es indecente, incorrecto. Lo que sí constituye un delito es observar invadiendo la propiedad de la persona observada, o incluso, simplemente desde el perímetro. Eso ya es más condenable, porque se considera asecho, acoso.

Lamento mucho decirte, mi preciosa, que en mi juventud intenté hacer esto último un par de veces. Seguidamente, te cuento una de esas desafortunadas ocurrencias mías.

El relato es sobre la misma mujer anterior… Me da mucha pena contigo, hija. Como digo antes, no logré ver nada desde las ventanas, así que tuve una idea temeraria, por indebida y riesgosa. Decidí treparme hasta lo alto de un pino que estaba en la calle, delante de su casa, justo enfrente de la ventana principal de su habitación.

Ese día, esperé a que se hiciera de noche; me vestí de pie a cabeza con ropas oscuras; salí de mi casa; caminé hacia el pino tranquilamente, asegurándome de que no hubiera nadie alrededor; comencé a trepar, siempre vigilante del entorno. Debo haber subido unos 5 metros. La vista del cuarto de la mujer era perfecta. Recuerdo que mientras esperaba que ella apareciera sentí una mezcla de preocupación – por lo peligrosa e incorrecta de mi acción – y de exaltación por lo emocionante de la misma.

Tras una hora encaramado en la copa de aquel árbol, vi a la mujer entrar y salir varias veces, pero no logré ver lo que yo esperaba, así que decidí bajarme.

Estuve tentado a hacerlo nuevamente, otro día, pero después de pensarlo mejor, decidí que no era buena idea. De hecho, creo que fui afortunado al no ver nada esa vez, porque eso influyó en mi decisión de no repetir aquella mala acción.

Debes saber que ese mal comportamiento es muy común en todo el mudo (no por eso es aceptable, insisto), sobre todo entre los hombres jóvenes (aunque hace muchos años yo descubrí que una de las encargadas de una tienda de ropa me estaba viendo a través de un orificio en la pared del vestidor). Seguramente tiene que ver con la inquietud hormonal de la juventud, pero eso tampoco es una excusa válida. Quién lo hace es un mirón y punto.

Actualmente, más correcto, más prudente, – como es de esperarse – yo siempre pienso en lo terriblemente desagradable y embarazoso que hubiera sido para mí y mi familia si me hubieran descubierto fisgoneando. Sin embargo, es oportuno decirte también, mi corazón, que aunque los castigos sociales – y familiares – existen precisamente para disuadir a los potenciales infractores de cometer faltas, y como escarmiento para quienes las cometan, uno debería tratar de portarse bien siempre, no por temor a ser castigado, sino porque es lo correcto y lo mejor para todos.


Canción para las «quinceañeras»

noviembre 15, 2021

Hola, mis muy apreciados soleros de Japón, Venezuela y el mundo entero.

Aquí les dejo el vídeo de una canción que compuse recientemente para mi amada hija, «Oye, señorita», como regalo de sus 15 años.

Por aquello de que, «cuando se tiene un hijo, se es padre de todos los niños del mundo», quisiera regalarle esta modesta composición mía a todas las «quinceañeras» del planeta tierra (y a sus papás también, para que se las canten, claro).

https://youtu.be/mQ3RsTiNTQw

Gracias miles por seguirme.

Ángel La Rosa

El sol brilla siempre dentro de ti


Educación japonesa. La odisea de entrar a la secundaria superior

julio 9, 2021

¿Están Ustedes radicados en Japón, con un hijo en tercero de secundaria básica? ¿Ya comenzaron a seleccionar la secundaria superior («koko», en japonés) junto a su colegial? Bienvenidos al club. Pero así, sin signos de exclamación. Con más moderación que efusividad… porque la entrada a la «superior» puede ser un proceso complicado, una verdadera carrera de velocidad y resistencia a la vez – con obstáculos incluidos – para nuestros campeones y toda la familia.

Hoy quisiera iniciar una conversación con Ustedes sobre el particular, estimados colegas.

Para los jóvenes estudiantes la elección de la secundaria superior no es tarea fácil. Ciertamente, en nuestra condición de padres quisiéramos que ellos mostrasen iniciativa, poniendo interés y empeño en la búsqueda. A fin de cuentas, los aspirantes son ellos no nosotros. Sin embargo, no sería razonable esperar que nuestros hijos adolescentes decidan por sí solos. No decimos que sea imposible, pero seguramente agradecerían un poco de orientación de nosotros sus progenitores.

Ahora bien, si Usted es uno de esos padres sumamente estrictos, controladores, que toma absolutamente todas las decisiones por sus hijos – incluidas aquellas que, por «ley de vida», le correspondería tomar a ellos – nos atrevemos a sugerirle, a sabiendas de que sus intenciones son las mejores, que haga un esfuerzo por entender lo importante que es para los jóvenes aprender a valerse por sí mismos, participando en la toma de decisiones de aquellos asuntos que les conciernen directamente. Esto, huelga decirlo, es un requisito indispensable para que se conviertan en adultos satisfechos, independientes y asertivos, lo cual, por cierto, no sólo les traerá muchas ventajas a ellos mismos, sino que beneficiará a todos en la familia, incluyendo a sus muy abnegados padres.

Hay diversas opciones, que incluyen colegios públicos y privados, dependiendo del desempeño académico y las motivaciones de los candidatos. A continuación, nos referiremos a las 3 primeras, en orden de prestigio educativo y, por ende, de dificultad para ingresar.

«Número 1«: Son las escuelas secundarias superiores con el criterio de selección más riguroso. En una escala de 1000 (mil) puntos, el promedio combinado de la prueba de admisión (70%) y las notas del tercer año (30%)debe rayar en la perfección, es decir, 900 puntos, mínimo. De ahí que, por lo general, los alumnos que aspiran entrar a esos institutos son los más sobresalientes de sus respectivos cursos.
La exigencia académica de dichos colegios es tal que, sin importar cuantos conocimientos y cuantas excelentes calificaciones exhiban los estudiantes interesados, éstos deberán, casi obligatoriamente, inscribirse en una de las tantas agencias privadas que ofrecen sesiones extra-escolares («juku», en japonés), para consolidar lo aprendido en el salón de clases, y así ir sobre seguros.

«Número 2«: Aunque, académicamente hablando, no son las instituciones «top», demandan un desempeño escolar destacado, por encima del promedio (un resultado combinado de 850 puntos), lo cual, como todos sabemos, requiere tanto inteligencia como un esfuerzo sostenido de parte del candidato.

Valga decir que, a mayor cantidad de escuelas «número 2» (en comparación a las «número 1»), mayor cantidad de aspirantes, por lo que la competencia por los cupos es férrea. De ahí que, los estudiantes distinguidos que opten por estos institutos, en la mayoría de los casos, también deberán tomar clases extras en un Juku.

«Número 3«: Un número importante de estudiantes se decide por esta opción. Aunque no manejamos estadísticas, suponemos que está entre las más codiciadas entre el alumnado. Para aspirar entrar en algunos de estos colegios, aunque no hay que estar entre los primeros de la clase, sí hay que ser buen estudiante. En este caso, los colegiales necesitaran un total de 800 puntos. Así que si estos son suficientemente aplicados en los estudios, los «número 3» son una meta alcanzable, realista.

Como colofón, quisiéramos añadir que es humanamente comprensible desear que nuestros hijos sobresalgan – sobre todo si reúnen las cualidades. Entendemos que en el caso de estudiantes sobresalientes, el solo prestigio académico del colegio pueda ser el criterio predominante a la hora de elegir.

Si su retoño es uno de esos «geniecillos», ¡mis más sinceras felicitaciones! tanto para el estudiante como para Ustedes, por su mérito como padres.

Definitivamente, es una gran ventaja – y un gran alivio – si el colegial exhibe un notable desempeño académico, con la sapiencia y las notas que le permitirán entrar en el colegio más prestigioso de todos o en cualquier otro de su preferencia. Pero, insistimos en que primero debemos asegurarnos de que sea la elección más idónea para ellos, la que más le guste, la que satisfaga realmente sus expectativas, no sólo académicas, sino formativas, en lo que respecta a su educación integral.

En cambio, si nuestros muchachos son estudiantes promedio (la gran mayoría), hagámosle saber que si bien celebramos los resultados excelentes, valoramos, por encima de todo, que hagan mayor esfuerzo; que damos más importancia a su bienestar personal.

La entrada a la secundaria superior puede llegar a ser toda una odisea para nuestros jóvenes estudiantes, y para toda la familia. Acompañémoslos a lo largo del camino, hombro con hombro, con firmeza, sí, pero con solidaridad. Si alcanzan la victoria ¡hagamos una fiesta! Si, tras intentarlo fuertemente, tienen un tropiezo, ¡hagamos una fiesta aun más grande! Para que sepan lo tremendamente orgullosos que estamos de ellos, de nuestros amados hijos, de nuestros luchadores.


ANÉCDOTAS DE MI PAPÁ: Permisivo con las fiestas

junio 14, 2021

Una de tantas cosas que mis hermanos y yo tenemos que agradecerle a nuestros padres es que, durante toda nuestra juventud, nos permitieran hacer fiestas en la casa.

En el caso específico de mi papá – como explico en otras anécdotas suyas – es muy relevante, porque él era bastante más reservado y conservador que nosotros sus 3 hijos (y que mi mamá también). De hecho, a lo largo de mi festiva juventud, muchos amigos míos, asiduos asistentes a esas parrandas, se mostraban muy sorprendidos al enterarse de que mi progenitor y dueño de casa – «de festejos»- era un oficial de las fuerzas armadas.

En mis años juveniles, ya me llamaba la atención esa característica de mi papá; esa actitud tan solidaria y condescendiente con sus muy prolíficos organizadores de fiestas. Pero, fue con los años – y los bonches – que entendí las razones de aquella complicidad paterna. Lógicamente, privaba su deseo de vernos felices, pero también la certeza de que sus hijos, aunque bastante fiesteros, éramos suficientemente responsables y comedidos para mantener aquellas grandes rumbas bajo control, sin excesos ni violencia. Y más importante aun, la inmensa tranquilidad de saber que sus inquietos muchachos estaban festejando con sus amigos en la seguridad de su propia casa, justo debajo del dormitorio de los padres.

Por cierto, mis amigos disfrutaban tanto esas ocasiones que recuerdo una época cuando casi automáticamente después de saludarme me preguntaban: «¿Cuándo es la próxima rumba?».

Aprovecho para aclarar algo – y creo hablar por mi hermana y mi hermano también. Personalmente, mi tendencia a hacer fiestas en la casa no era por ganar popularidad, sino porque, uno, desde niño siempre he tenido el deseo genuino de hacer felices a mis amigos, dos, las fiestas eran la mejor forma de conocer muchachas.

Papá, perdóname por todas las horas que pasaste en vela producto de mis muchas fiestas caseras (¡más las que no dormiste cuando salí a rumbear a la calle!). Espero que haya realmente un «eterno descanso», para que así puedas recuperarte, aunque sea medianamente…

Siempre gracias por esa paternal comprensión.


OLÍMPICAMENTE HABLANDO (4)

junio 6, 2021

¿Fiesta o velorio?

Hasta hace pocos meses, yo todavía estaba expectante por la realización de los Juegos Olímpicos «2020» en Tokio. Como amante de los deportes, me haría inmensamente feliz presenciar la mayor fiesta deportiva mundial, ¡sobre todo si se realiza en la ciudad donde vivo!

Aún está fresca la sensación de euforia que me invadió aquel memorable 7 de septiembre de 2013, cuando la capital nipona fue designada sede olímpica. Seguramente, al igual que yo, muchos de mis hermanos latinos en Japón se unieron jubilosos a los millones de japoneses que celebraron exultantes tan feliz anuncio.

Pero, el COVID-19 cambió todo, radicalmente y para siempre.

Por cierto, «Olímpicamente hablando» fue en sus inicios un proyecto editorial optimista, prometedor, que buscaba compartir con los lectores de Latin-a y de mis blogs «El guachimán» y «SOL», información actualizada sobre la preparación y puesta en escena del espectáculo deportivo más fastuoso del planeta.

La propuesta incluiría – además de lo netamente deportivo – tópicos varios relacionados a la competición: La cotidianidad japonesa de cara a la justa olímpica, experiencias personales de atletas participantes, elementos tecnológicos, concepción ecológica, y un largo etcétera.


Apenas 3 meses atrás – el 16 de marzo – en mi tercer número de la serie, todavía me mostraba partidario de la realización de los Juegos este año. Allí explicaba que «debido al endurecimiento de las medidas preventivas y a una mayor concientización ciudadana, en muchos países – incluido Japón – se aprecia una notable tendencia descendente en los contagios y decesos por el virus».

Mi optimismo de entonces se fundamentaba en una notable disminución de las cifras, tanto en nuevos casos como en fallecimientos. El 6 de abril, por ejemplo, en Japón hubo 2.615 nuevas infecciones, que comparadas con las más de 7.700 del 9 de enero (cifra tope de 2021) eran cifras si se quiere alentadoras, que hacían suponer ¡otra vez! que la pandemia estaba llegando a su fin. Error.

Al igual que ocurrió con la temporada navideña y de Año Nuevo, luego de finalizada la «Golden Week» hubo un aumento repentino de infecciones y muertes, ¡otra vez!

Si observamos la gráfica de nuevos casos desde el 11 de agosto de 2020 hasta el 2 de junio de 2021, nos encontramos con una «montaña rusa extrema», que incluye «valles muy pequeños» – brevísimos momentos de descanso – así como «cuestas sumamente largas y empinadas» – momentos de vértigo.

Precisamente, esas «subidas y bajadas» abruptas, es lo que me llevó a cambiar nuevamente mi postura sobre la celebración de los Juegos de Tokio. La ineficiencia gubernamental (y una actitud demasiado relajada por parte de nosotros los ciudadanos) expresada en la imposibilidad de minimizar sustancialmente los nuevos contagios y decesos, de una vez y para siempre – especialmente durante periodos de acrecentada movilidad y aglomeración humanas – me hacen concluir que de realizarse los Juegos, el gobierno japonés estaría poniendo a sus ciudadanos en gran peligro.

Aun en el supuesto caso de que, según plantean las autoridades, las Olimpiadas se celebren únicamente con espectadores nacionales, siguiendo «protocolos estrictos», las grandes concentraciones de gente en las sedes deportivas de diferentes localidades tokiotas, así como los masivos desplazamientos a lo ancho y largo de la ciudad actuarían como gigantescos focos de propagación del virus, lo que aumentaría alarmantemente los contagios y los fallecimientos.

Perdónenme por ser aguafiestas y no fiestero. Pero de celebrarse los Juegos Olímpicos 2020 en Tokio, la capital nipona, en lugar de convertirse en una inmensa sala de fiestas, alegría, bienestar y vida, se convertirá más bien en una inmensa sala de hospital, tristeza, enfermedad y muerte.


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