ANÉCDOTAS DE MI PAPÁ: Esposo respetuoso

abril 7, 2019

En una cultura como la nuestra que, hasta hace poco, prácticamente le rendía tributo al machismo, un hombre cien por ciento fiel a su mujer era una rareza.

Lo paradójico es que, como aprendería yo con los años, las propias mujeres latinas, en mayor o en menor grado, contribuían a la existencia de esa mentalidad machista en la sociedad.

Por favor, relean lo que escribí. No estoy sugiriendo – ¡ni por equivocación! – que las féminas sean las responsables, sino que, por prácticas culturales muy arraigadas, ellas, en general, eran parte activa del problema.

Pero, este escrito no es una disertación sobre el machismo y sus causas, sino una reflexión muy ligera y anecdótica sobre la conducta de mi difunto padre en relación a ese aspecto en particular.

Algo que aún le agradezco a él, profundamente, es el respeto que, estando conmigo, siempre mostró hacia mi madre. De acción y de palabras. Creo que es un rasgo admirable.  De tanto en tanto, me esfuerzo en encontrar en la memoria algún detalle, algún desliz, algún pequeño error… y nada.

No es poca cosa, considerando lo normales que eran esas conductas sexistas a mi alrededor, durante mis años infantiles y juveniles.

Ahora bien, si mi papá le fue siempre fiel a mi mamá, eso no lo sé. Quisiera creer que sí, pero ni siquiera por él puedo “meter las manos en el fuego”. Lo único que puedo asegurar, insisto, es que en mi presencia – y en ausencia   de mi mamá – permanentemente se condujo con el más absoluto respeto.

La fidelidad siempre ha sido algo sumamente importante para mí (tanto que, para no incurrir en falta, apartando las relaciones pasajeras, sólo he tenido dos novias formales en mi vida: mi primer amor y mi esposa), por eso me haría inmensamente feliz si mi papá fue honesto con mi mamá. Pero, el sólo hecho de que en tantos años, en infinidad de momentos padre-hijo, él haya sido un esposo tan respetuoso, caballeroso, ejemplar, lo hacen merecedor de mi admiración, mi respeto y mi agradecimiento eternos.

Querido papá, gracias miles por tan valioso ejemplo. Ahora es mi turno de ponerlo en práctica.

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Teléfonos inteligentes y noctambulismo en menores

marzo 28, 2019

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Recientemente, fuimos consultados por unos amigos latinoamericanos de Tokio, sumamente preocupados porque su hija adolescente de pronto les manifestó que no quería seguir asistiendo a su liceo, donde ella estaba cursando el último año de la secundaria.

La preocupación de los padres estaba por demás justificada. La joven, que había iniciado con mucho entusiasmo en el instituto ( de su propia elección, por cierto), de un momento a otro comenzó a manifestar un fuerte deseo de salirse.

Mis amigos, como es lógico, estaban consternados, confundidos. Pero, el  súbito rechazo de su hija por el colegio no era el único problema. Comenzó a tener mal rendimiento académico, y era bastante difícil hacer que se levantara en las mañanas para asistir a clases. Aunado a eso, la joven tenía dificultad para explicar debidamente las razones de su repentina insatisfacción. De manera muy vaga, sin poder dar detalles concretos, su única explicación era que no entendía bien las clases de algunos profesores. Los padres, por su parte, temían que su hija pudiera estar siendo víctima de acoso escolar, o que tuviera algún otro problema personal serio, pero ella insistía en que no se trataba de eso.

Los padres, visiblemente afectados, me explicaron que un par de doctores que habían visto a su hija no habían podido determinar la causa , y que uno de ellos incluso sugería que se le recetasen medicamentos.

Así las cosas, mis amigos me pidieron que hablara con la joven. No perdíamos nada. La conozco desde pequeña; actualmente, nuestros esporádicos encuentros son muy cordiales y, de paso,  podemos comunicarlos en español perfectamente, todo lo cual  – pensamos – sería beneficioso. Ella, tal vez, se sentiría más relajada, menos presionada que si se tratara de un doctor.

Lo cierto es que tras conversar con la muchacha un par de horas, amenamente, logré determinar algo muy serio que ella no había querido revelarle a sus tratantes: Pasaba prácticamente toda la noche en vela, usando su teléfono inteligente. Como es lógico, le era humanamente imposible levantarse en las mañanas para ir a clases, y al no poder decirle a sus padres la verdad sobre esa indisposición matutina diaria, tuvo que inventarse la excusa de su inconformidad con las clases en general.

Para recuperar las horas de sueño perdidas, la somnolienta muchacha dormía durante la mayoría de sus clases, y al regresar a casa, sintiéndose aun adormilada, tomaba una larga siesta, tras la cual se levantaba totalmente recuperada y, en consecuencia, pasaba toda la noche despierta, pegada a su teléfono.

En un tiempo relativamente breve, debido su uso prolongado del móvil por las noches, la joven estudiante se convirtió en noctámbula, lo cual le alteró radical y traumáticamente su ritmo de vida normal, incluyendo sus estudios y demás actividades cotidianas.

Este modesto escrito, sobre una problemática que, actualmente, afecta a tantos millones de adolescentes en el mundo entero, sería incompleto si no nos referimos a la inmensa responsabilidad que tenemos los padres y adultos en general,  en tan alarmante situación.

Pero, la responsabilidad de nosotros los padres en éste y otros hábitos dañinos de nuestros hijos es un tema fundamental que requiere un escrito aparte. Así que hoy, para finalizar,  sólo les pediremos a esos ocupados y esforzados progenitores que por favor estén muy atentos; que supervisen y controlen el uso que dan sus muchachos a los teléfonos inteligentes, y así evitar situaciones que pudieran causarle daños graves en esa etapa adolescente, tan bonita y complicada a la vez.


Me ofrezco para embajada en Japón

marzo 6, 2019


¡VENEZOLANAS PROSTITUIDAS NECESITAN AYUDA!

febrero 17, 2019


Hay que boicotear los eventos consulares venezolanos

diciembre 1, 2018


Boicot contra actividades consulares venezolanas

octubre 10, 2018

Mis muy estimados Soleros en Japón y el resto del mundo, siempre gracias por seguirme.

Espero que se encuentren fantásticamente  en unión de sus familiares y seres queridos.

En momentos cuando la situación de mi país, Venezuela, es simplemente calamitosa, insoportable, y mientras el régimen narco terrorista que nos somete incrementa las medidas represivas contra el pueblo indefenso, las embajadas venezolanas alrededor del mundo, como es de esperarse, realizan eventos culturales y recreativos diversos con el bien calculado fin de “lavar la cara” a la dictadura sanguinaria que mantiene secuestrada a nuestra Patria.

Es por ello que hoy me dirijo a aquellos compatriotas y amigos de Venezuela que se encuentran en el extranjero, para pedirles vehementemente que asuman una postura firme, condenatoria contra todas las embajadas y consulados venezolanos de sus respectivos países de residencia, ya que sus funcionarios representan directamente a la mafia genocida que destruye al país y oprime a sus ciudadanos.

Entre otras acciones de condena contra las embajadas venezolanas, sugerimos el boicot y la protesta pública contra actividades culturales, recreativas, y de cualquier tipo que estas realicen.

Por ejemplo, entre el 23 y el 25 de octubre, la embajada venezolana en Japón y el Instituto Cervantes organizarán el primer festival de cine venezolano en Tokio.

Hago un llamado a mis compatriotas y amigos de Venezuela en Tokio, a que nos presentemos esos días en la sede del Instituto Cervantes a expresar nuestro repudio a dicho evento, por considerarlo una grosera distracción del asunto que debería ocuparnos actualmente: la salida inmediata del régimen narco terrorista del poder.

Siempre gracias, queridos Soleros.

A la espera de su respuesta solidaria, me despido con un abrazo libertario,

Ángel Rafael La Rosa Milano

“El Sol brilla siempre dentro de ti”


Anécdotas de mi papá: “Mr. Magoo”

junio 18, 2018

Es cierto que el 99.9 % de las anécdotas de mi papá son para resaltar sus virtudes; para hacerlo brillar. No puedo evitarlo. Pero hoy, en este Día del Padre, será diferente. Lo atacaré por uno de sus lados más flacos: su carácter despistado.

Mi papá era tan despistado, que a veces salía a la calle con el único propósito de comprar algo – víveres, que por lo general eran encargos específicos de mi mamá – y tras ponerse a conversar con alguno de los tantos conocidos que se encontraba en el camino, se regresaba a la casa, ¡habiéndose olvidado por completo del mandado!

Que mi papá extraviara algo, momentánea o permanentemente, era una constante en el día a día de nuestra familia; casi tan rutinario como comer o dormir.

Para ser justos, yo mismo era bastante distraído (me pregunto si en verdad esos rasgos de la personalidad se heredarán), y a lo largo de mi vida he tenido no pocos despistes memorables. Pero siento que en mi caso no llegué a alcanzar el nivel legendario que sí logró mi padre. En parte creo que se debe a que a él le costaba admitir esa limitación y, en consecuencia, se molestaba cuando alguien lo sugería, lo que al final hacía que todos nosotros lo comentáramos más. Yo, en cambio, siempre lo acepté como parte de mi personalidad. Aunque debo decir que dese que me establecí en Asia, hace unos 15 años, el despiste casi ha desaparecido. Pienso que pudiera ser porque me ha tocado hacer muchas cosas que durante mis años mozos allá en Venezuela no hacía, incluyendo innumerables tareas familiares y laborales.  La necesidad obliga…

Pero volviendo a mi padre y su fama de despistado, había una situación en particular en la que esa condición podía ser en verdad atemorizante: Cuando se ponía al volante. Todos quienes, durante tantos años, tuvimos que meternos en carro conducido por él somos testigos. Era una experiencia en verdad estresante.

Debido a su carácter distraído, mi papá a veces manejaba como si no existieran otros vehículos y otros elementos en la vía. La mayoría de las veces sus acompañantes de turno teníamos que convertirnos automáticamente en sus ojos, sus oídos, sus “radares” (como los copilotos de un rally), para alertarlo, desde la salida hasta la llegada, de potenciales peligros.

Recuerdo que una tía materna mía – que quiso y admiró mucho a mi padre, por cierto – un buen día nos informó, pública y solemnemente, que se había propuesto pasar una Tercera Edad realmente tranquila, relajada, y que para lograrlo, una de sus resoluciones era no montarse más nunca en su vida en un carro conducido por su cuñado.

Luego de varios años de la muerte de mi papá, una vez, acordándome de su proverbial distracción al manejar, de repente me vino a la mente el recuerdo de la serie de dibujos animados “Mr. Magoo”. Quienes no la conocen, búsquenla en Internet. Quienes la conocen seguramente, al igual que yo, sonreirán por el impresionante parecido entre el personaje ficticio y el real. Y, seguramente, al igual que yo, pensarán, que ese era apenas un detallito entre tantas virtudes y tantas razones para querer y admirar a mi amado papá

Bendición papá. Te amo. Feliz Día del Padre.