ANÉCDOTAS DE MI PAPÁ: Permisivo con las fiestas

junio 14, 2021

Una de tantas cosas que mis hermanos y yo tenemos que agradecerle a nuestros padres es que, durante toda nuestra juventud, nos permitieran hacer fiestas en la casa.

En el caso específico de mi papá – como explico en otras anécdotas suyas – es muy relevante, porque él era bastante más reservado y conservador que nosotros sus 3 hijos (y que mi mamá también). De hecho, a lo largo de mi festiva juventud, muchos amigos míos, asiduos asistentes a esas parrandas, se mostraban muy sorprendidos al enterarse de que mi progenitor y dueño de casa – “de festejos”- era un oficial de las fuerzas armadas.

En mis años juveniles, ya me llamaba la atención esa característica de mi papá; esa actitud tan solidaria y condescendiente con sus muy prolíficos organizadores de fiestas. Pero, fue con los años – y los bonches – que entendí las razones de aquella complicidad paterna. Lógicamente, privaba su deseo de vernos felices, pero también la certeza de que sus hijos, aunque bastante fiesteros, éramos suficientemente responsables y comedidos para mantener aquellas grandes rumbas bajo control, sin excesos ni violencia. Y más importante aun, la inmensa tranquilidad de saber que sus inquietos muchachos estaban festejando con sus amigos en la seguridad de su propia casa, justo debajo del dormitorio de los padres.

Por cierto, mis amigos disfrutaban tanto esas ocasiones que recuerdo una época cuando casi automáticamente después de saludarme me preguntaban: “¿Cuándo es la próxima rumba?”.

Aprovecho para aclarar algo – y creo hablar por mi hermana y mi hermano también. Personalmente, mi tendencia a hacer fiestas en la casa no era por ganar popularidad, sino porque, uno, desde niño siempre he tenido el deseo genuino de hacer felices a mis amigos, dos, las fiestas eran la mejor forma de conocer muchachas.

Papá, perdóname por todas las horas que pasaste en vela producto de mis muchas fiestas caseras (¡más las que no dormiste cuando salí a rumbear a la calle!). Espero que haya realmente un “eterno descanso”, para que así puedas recuperarte, aunque sea medianamente…

Siempre gracias por esa paternal comprensión.


OLÍMPICAMENTE HABLANDO (4)

junio 6, 2021

¿Fiesta o velorio?

Hasta hace pocos meses, yo todavía estaba expectante por la realización de los Juegos Olímpicos “2020” en Tokio. Como amante de los deportes, me haría inmensamente feliz presenciar la mayor fiesta deportiva mundial, ¡sobre todo si se realiza en la ciudad donde vivo!

Aún está fresca la sensación de euforia que me invadió aquel memorable 7 de septiembre de 2013, cuando la capital nipona fue designada sede olímpica. Seguramente, al igual que yo, muchos de mis hermanos latinos en Japón se unieron jubilosos a los millones de japoneses que celebraron exultantes tan feliz anuncio.

Pero, el COVID-19 cambió todo, radicalmente y para siempre.

Por cierto, “Olímpicamente hablando” fue en sus inicios un proyecto editorial optimista, prometedor, que buscaba compartir con los lectores de Latin-a y de mis blogs “El guachimán” y “SOL”, información actualizada sobre la preparación y puesta en escena del espectáculo deportivo más fastuoso del planeta.

La propuesta incluiría – además de lo netamente deportivo – tópicos varios relacionados a la competición: La cotidianidad japonesa de cara a la justa olímpica, experiencias personales de atletas participantes, elementos tecnológicos, concepción ecológica, y un largo etcétera.


Apenas 3 meses atrás – el 16 de marzo – en mi tercer número de la serie, todavía me mostraba partidario de la realización de los Juegos este año. Allí explicaba que “debido al endurecimiento de las medidas preventivas y a una mayor concientización ciudadana, en muchos países – incluido Japón – se aprecia una notable tendencia descendente en los contagios y decesos por el virus”.

Mi optimismo de entonces se fundamentaba en una notable disminución de las cifras, tanto en nuevos casos como en fallecimientos. El 6 de abril, por ejemplo, en Japón hubo 2.615 nuevas infecciones, que comparadas con las más de 7.700 del 9 de enero (cifra tope de 2021) eran cifras si se quiere alentadoras, que hacían suponer ¡otra vez! que la pandemia estaba llegando a su fin. Error.

Al igual que ocurrió con la temporada navideña y de Año Nuevo, luego de finalizada la “Golden Week” hubo un aumento repentino de infecciones y muertes, ¡otra vez!

Si observamos la gráfica de nuevos casos desde el 11 de agosto de 2020 hasta el 2 de junio de 2021, nos encontramos con una “montaña rusa extrema”, que incluye “valles muy pequeños” – brevísimos momentos de descanso – así como “cuestas sumamente largas y empinadas” – momentos de vértigo.

Precisamente, esas “subidas y bajadas” abruptas, es lo que me llevó a cambiar nuevamente mi postura sobre la celebración de los Juegos de Tokio. La ineficiencia gubernamental (y una actitud demasiado relajada por parte de nosotros los ciudadanos) expresada en la imposibilidad de minimizar sustancialmente los nuevos contagios y decesos, de una vez y para siempre – especialmente durante periodos de acrecentada movilidad y aglomeración humanas – me hacen concluir que de realizarse los Juegos, el gobierno japonés estaría poniendo a sus ciudadanos en gran peligro.

Aun en el supuesto caso de que, según plantean las autoridades, las Olimpiadas se celebren únicamente con espectadores nacionales, siguiendo “protocolos estrictos”, las grandes concentraciones de gente en las sedes deportivas de diferentes localidades tokiotas, así como los masivos desplazamientos a lo ancho y largo de la ciudad actuarían como gigantescos focos de propagación del virus, lo que aumentaría alarmantemente los contagios y los fallecimientos.

Perdónenme por ser aguafiestas y no fiestero. Pero de celebrarse los Juegos Olímpicos 2020 en Tokio, la capital nipona, en lugar de convertirse en una inmensa sala de fiestas, alegría, bienestar y vida, se convertirá más bien en una inmensa sala de hospital, tristeza, enfermedad y muerte.


“Eterna juventud”

abril 19, 2021

Hoy, quiero anunciar un descubrimiento mío, tan sorprendente que estremecerá los cimientos de la civilización y revolucionará nuestra noción de la vida. Ustedes, afortunados lectores de SOL, tendrán la primicia. Decidí hacerlo público (la otra opción era patentarlo y hacerme multimillonario) en un acto de infinito desprendimiento, sólo comparable a mi grandiosa modestia, para que millones de seres humanos puedan beneficiarse de ello: ¡He descubierto el secreto de la “eterna juventud”!

Si está parado, siéntese; si está sentado, sujete el dispositivo con una sola mano, y con la otra agarre bien fuerte la silla, para que no se me caiga de la impresión. Aquí voy, a la una, a las dos y a la tres…

¡PÓNGASE EN MOVIMIENTO!

Todos conocemos perfectamente los beneficios de la actividad física para nuestra salud corporal y mental. “Mente sana en cuerpo sano”.

Durante mis años de cuidador, llegué a conocer a no pocos ancianos japoneses que ostentaban una condición física bastante buena para su edad. Asimismo, recurrentemente veo a mi alrededor adultos muy mayores, sumamente activos. Valga decir que ya había observado ese hecho durante mi estadía de 4 años en China (2002 – 2006), donde era normal ver a ancianos ejercitándose en lugares públicos, ya sea en grupo o individualmente. Entre las actividades más populares se cuentan: aeróbicos, taichi (y otras artes marciales. llegué a ver a unos cuantos abuelos practicando una especie de kung fu con escoba, ¡mientras barrían! jajaja), bailes tradicionales, bailes contemporáneos (vals y ¡tango! Si vuelvo a ir, intentaré popularizar la Salsa…), ejercicios con aparatos, patinaje con ruedas y pare usted de contar.

En el caso de Japón, aparte de disciplinas individuales como ciclismo, trote y otras, las personas de la tercera edad tienden mayormente a formar clubes deportivos y de actividad física al aire libre, en general. Comúnmente se les ve practicando softbol, fútbol, tenis, bocha, croquet, senderismo y caminata, por ejemplo.

De hecho, decidí escribir este artículo debido a algunas experiencias que he tenido en Japón. En un hogar de ancianos conocí a una abuelita, casi en sus 90, que era una “maquinita de hacer oficios”. Andaba en silla de ruedas, pero eso no le impedía ir de aquí para allá cual hormiguita, a todas horas, ayudando al personal en sus rutinas diarias; dándonos órdenes cual superiora, jajaja.

En otra oportunidad vi a una señora muy mayor – también rondando los 90 – montando bicicleta, y quien, al bajarse de la misma, tuvo que recurrir a un bastón porque caminaba con muchísima dificultad, sumamente encorvada.
Más recientemente, el mes pasado, jugué un poco al softbol con unos abuelos de mi comunidad, y, como suele ocurrir – las contadas veces que puedo hacerlo – me encontré con un par de beisbolistas “setentones” bastante más habilidosos que yo.

Si comparo esas experiencias con lo que vi desde niño en mi país, Venezuela (y en otros pocos países del mundo), podría concluir, sin temor a equivocarme, que los japoneses – y los asiáticos en general – son culturalmente muy propensos a mantenerse físicamente activos en la vejez.

Todo este rodeo “antropológico” es para que afiancemos ese conocimiento que ya todos tenemos: El movimiento, la actividad física regular es requisito sine qua non para disfrutar de una vejez con mayor salud corporal y, por ende, mental.

Ayudemos a nuestros viejitos a vivir una senectud activa, productiva, plena, feliz. Si están bajo nuestro cuidado directo, es para nuestro beneficio también, huelga decirlo.

Y pensemos también en nosotros mismos, por supuesto. Muy seguramente, todos quisiéramos llegar a viejos sintiéndonos “jóvenes eternos”, enteritos, simpaticones, bailando Salsa, Merengue, Cumbia, Samba, Tango, Reguetón, y lo que nos pongan.


ANÉCDOTAS DE MI PAPÁ: El militar comprensivo

abril 13, 2021

Me sobran razones para admirarlo: Su conducta recta; su responsabilidad para el trabajo, su elevado altruismo, su inteligencia, su solidaridad con los intereses de nosotros sus hijos, entre otras tantas. Pero, hay una cualidad suya que siempre le valoré especialmente en vida: Su gran respeto por nuestra individualidad.

Pero, hablaré de mi caso particular.

Podría decirse que soy una persona poco convencional, sin caer en el extremo. Condición que se acentuó más en mis años universitarios. Por ejemplo, recuerdo que a mediados de la carrera me dio por imitar el estilo de un popular cantante de la época, haciéndome una “colita” en el cabello. Más adelante, se me ocurrió probar suerte como stripper en despedidas de solteras, lo que se convertiría en mi principal fuente de ingresos (y de diversión) por los siguientes 4 años. Posteriormente, trabajé un par de años como animador de espectáculos nocturnos…

Esto no tendría nada de particular, a no ser porque mi papá, quien era bastante más conservador que yo, era también militar, oficial de las fuerzas armadas, con el grado de coronel.

Yo suponía entonces que a él no le agradaban mucho mis ocurrencias (ni a mi mamá tampoco). Pero, salvo por algunas conversaciones de sobremesa acerca de mis shows, nunca me dijo nada. Esto era muy significativo, tomando en cuenta su moralismo y su fuerte carácter. De hecho, a veces cuando nos mandaba a mis hermanos y a mí a hacer algo se le salía lo militar.

Creo que nunca me hizo señalamientos sobre esos asuntos porque ambos coincidíamos tácitamente en que si bien mi actitud era algo irreverente, no constituía ningún perjuicio para nuestra familia. De lo contrario, yo no lo hubiera hecho, y él tampoco lo hubiera permitido.

En el caso específico del strip-tease y la animaciónhoy, en retrospectiva, me recrimino bastante a mi mismo muchos aspectos de esos trabajos. Pero, en aquel momento, como adulto responsable, al menos procuraba ser transparente, honesto y respetuoso con mi familia sobre esas actividades. Y siento que mi papá también, al menos, agradecía eso y me entendía.

Apenas dos años atrás, durante nuestras vacaciones decembrinas en Venezuela, mi mamá recordó en una de tantas conversaciones familiares, a modo de broma, que ni a ella ni a mi papá les gustaba para nada mi look de “mataor”, y que de hecho les incomodaba bastante. ¡Y pensar que llegué a acompañarlos así a innumerables actividades familiares y sociales!

Esa confesión de mi mamá, vino a confirmar mi vieja sospecha de que mis padres cuestionaban en secreto aquel excéntrico corte de cabello (y muy probablemente mi faceta de “animador”). Pero sobre todo me sirvió para reafirmar, casi 20 años más tarde, el profundo sentimiento de amor y respeto hacia mi padre por haberme amado y respetado él a mí también como su hijo y como persona.


¿Cerezos anti-estrés?

marzo 30, 2021

¨Sakura en el azul¨ / Ángel La Rosa

¨Flores del cerezo en el azul¨ / Ángel La Rosa

¿Te sientes algo estresado estos días? Si eres uno de los afortunados con trabajo estable, posiblemente estás laborando mucho y descansando poco, lo cual te produce una fatiga permanente que, como es lógico, también te genera estrés mental. Si por el contrario trabajas unas pocas horas semanales, o peor aun, estás desempleado, posiblemente las preocupaciones por no estar generando ingresos suficientes se transforman en ansiedad. Y si a eso le sumamos que el frío no termina de irse… Nos referimos al tema del trabajo porque ya sea que tengamos demasiado, poco o nada, éste siempre es un probable foco de tensión en nuestras vidas. Pero aparte de nuestra condición laboral, en nuestro día a día abundan otras potenciales causas de estrés: conflictos con la pareja; falta de comunicación con los hijos; familiares con problemas en nuestro país de origen; salud debilitada; dificultad para adaptarnos a la sociedad japonesa, y un largo etcétera.

Es normal que nos afecten estas situaciones, al punto que podamos sentirnos preocupados, irritados, y hasta alterados. Después de todo, el estrés, al ser un a respuesta a una situación determinada, es una señal que nos alerta, y que debería hacernos tomar medidas para salir de la situación estresante lo antes posible. Lo importante en estos casos es identificar el origen del malestar y aplicar correctivos oportunamente, con el fin de impedir que el problema aumente y escape de nuestras manos, volviéndose incontrolable. Y es aquí donde entran las flores del cerezo…

¨Santuario en flor¨ / Ángel La Rosa

¨Santuario en flor¨ / Ángel La Rosa

No es nuestra intención trivializar o minimizar las posibles causas de tu estrés. Por el contrario, nos atrevemos a hacerte estas sugerencias porque al igual que tú estamos sometidos diariamente a una serie de circunstancias estresantes, pero en esta estación primaveral encontramos en la contemplación de las flores del cerezo (sakura,  en japonés) una fuente de relajación adicional y un alivio temporal a la tensión que nos generan las preocupaciones cotidianas.

En mi caso particular, ayer (martes 6 de abril) en la mañana, luego de varias horas frente a la computadora, sintiendo cansancio corporal y preocupación por mi falta de ingreso fijo (aunque trabajo en el blog día y noche) tuve conciencia repentina del día soleado y espectacular que se me ofrecía justo ahí afuera. Así que me eyecté de la silla, me armé de la cámara fotográfica, y salí en la bicicleta a buscar bonitos cerezos en flor por mi vecindario, para captar las imágenes que decoran hoy mi blog. Como es de suponer, mi situación económica no cambió en nada – por el momento – pero al menos regresé a mi apartamento y a mi computadora con energía e inspiración renovadas, para escribir estas modestas líneas, que espero sean de interés y utilidad a alguien, y sean también beneficiosas para mi blog, para mi familia y para mí.

¨Lucky phone¨ /Ángel La Rosa

¨Lucky phone¨ /Ángel La Rosa

Beneficios de contemplar la sakura:

  • En general, la contemplación de obras de belleza naturales o hechas por el hombre nos produce una sensación de bienestar.
  • En teoría, las maravillas naturales nos producen mayor satisfacción, debido a que nosotros mismos, como humanos, somos obra de la madre naturaleza.
  • Los cerezos florecidos son un deleite para la vista y el corazón.
  • La observación de los cerezos en flor es fuente tanto de entretenimiento como de conocimiento.
  • La contemplación individual de los cerezos puede brindarnos un momento a solas, de tranquilidad y meditación, sumamente beneficioso para aclarar la mente en procura de soluciones a situaciones determinadas.
  • La contemplación grupal de los cerezos nos permite socializar, y estrechar lazos de amistad (en un ambiente relajado y de singular belleza), lo cual nos ayuda a crear redes de apoyo importantes para llevar una vida equilibrada.
  • La contemplación de los cerezos en familia propicia la comunicación y la unidad en el seno familiar.
  • Un picnic bajo un florido cerezo refuerza nuestros hábitos de sano esparcimiento, mediante la realización de actividades recreativas al aire libre.
  • La observación de los cerezales florecidos nos ayuda a fomentar el respeto y el cuidado del medio ambiente.
  • La participación en este “ritual” primaveral nos permite aprender sobre cultura y costumbres japonesas, y facilita nuestra integración a la sociedad nipona.

¨Japón entre sakuras¨ / Ángel La Rosa

¨Japón entre cerezos¨ / Ángel La Rosa

Para finalizar, quisiéramos insistir – aunque parezca obvio – en que si bien el solo acto de contemplar los hermosos cerezos florecidos no resolverá nuestros problemas, si nos ofrece incontables beneficios, como la oportunidad valiosa de descansar el cuerpo y la mente, lo que nos hará ver las complicaciones mundanas, y la vida en general, con mayor serenidad, comprensión y optimismo.

¨Stressless sense¨ / Ángel La Rosa

¨Stressless sense¨ / Ángel La Rosa

Ángel Rafel LaRosa Milano

Director-fundador de SOL, Servicio y Orientación al Latino

“El sol brilla siempre dentro de ti”


Olímpicamente hablando (3)

marzo 16, 2021

Un sondeo de opinión realizado recientemente por la televisora nacional de Japón, NHK, a ciudadanos japoneses, arrojó que casi un 80% de los encuestados preferiría que los Juegos Olímpicos fueran nuevamente postergados o cancelados. Por mi parte, concuerdo con el otro 20% que quiere los Juegos este año.

Sin embargo, mi criterio no es rígido, es amplio. Pienso que tanto el Comité Olímpico Internacional como el Comité Organizador (en representación del gobierno japonés) deberían tomar en cuenta el rechazo generalizado hacia los Juegos por parte de la ciudadanía.

De cara a la justa olímpica, la mayor – y muy justificada – preocupación de los japoneses es el Covid-19. Obvio. Por eso, aun siendo yo pro-olimpiadas en 2021 (el año pasado apoyé totalmente su postergación) sentí un gran malestar cuando John Coates, vicepresidente del COI sentenció, en septiembre de 2020, que los Juegos Olímpicos de Tokio se harían en 2021 “con o sin Coronavirus”. Aquello me sonó como una imposición dictatorial, tiránica, carente de respeto y consideración hacia el pueblo nipón y los extranjeros que hacemos vida en el archipiélago.

El alto dirigente deportivo también dijo que los Juegos en 2021 “derrotarán al Covid y serán la luz al final del túnel”; “el tema olímpico será la reconstrucción, después de la devastación causada por el tsunami”. El problema es que, si bien tan esperanzadoras palabras expresaban el ferviente deseo de millones de japoneses y personas en el mundo entero, cuando el Sr. Coates hizo su pronunciamiento el virus aun estaba causando estragos en todo el planeta. Y aunque en Japón, ciertamente, el número de infecciones siempre ha sido bastante menor que en Estados Unidos o Europa central, por ejemplo, para el momento de esas declaraciones, los nuevos casos y las muertes por Covid en suelo japonés aun mostraban una tendencia claramente ascendente. En mi opinión, las expresiones del vicepresidente olímpico, en septiembre de 2020, estuvieron muy llenas de buena intención, pero muy vacías de fundamentos científicos y prudencia.

Ahora es distinto. Debido al endurecimiento de las medidas preventivas y a una mayor concientización ciudadana, en muchos países – incluido Japón – se aprecia una notable tendencia descendente en los contagios y decesos por el Covid. Adicionalmente, el impacto de las vacunas en varios países (Japón comenzó su proceso de vacunación relativamente tarde, el 17 de este mes)la disminución de las infecciones también ha sido notable.
Aunado a lo anterior, un conocido me comentó recientemente que el Comité Organizador había sugerido que se cancelara la asistencia de turistas a los Juegos, es decir, que sólo se permitiera la presencia de público local en los eventos deportivos. Esto, como es lógico, sería una medida de prevención de contagio muy efectiva. Claro está, le restaría colorido y carácter internacional a la justa olímpica, pero eso es secundario ante la seguridad de los ciudadanos y los propios atletas.

Ciertamente, de realizarse, las “Olimpiadas 2020” serían unos juegos totalmente atípicos, sin el ambiente festivo que los caracteriza. Pero, aun así, muchos atletas de élite del mundo entero podrán participar, cristalizando así sus sueños olímpicos; podrán hacer el “trabajo” para el cual se han estado preparando por 5 años. Por supuesto, por encima de cualquier sueño personal o espectáculo deportivo está la salud y la seguridad de las personas, pero, insistimos, las mediciones más recientes en materia de contagios globales y, específicamenete en Japón, muestran una marcada tendencia a la disminución, y eso, en un ambiente controlado, con medidas de prevención estrictas, posibilitaría la realización de los Juegos.

Además, aunque a una escala mucho menor, el país se beneficiará económicamente, o, para ser más exactos, se recuperará parcialmente de la inmensa pérdida que supuso la postergación de los Juegos por un año. Este es un tema siempre álgido, por el argumento – que comparto a medias – de que las olimpiadas benefician única y exclusivamente a los gobiernos y a los negocios directmente relacionados, pero no a los ciudadanos,  quienes, al contrario, son los que terminan cargando con los gastos, a través de los impuestos.

Nosotros pensamos que, aparte de las ventajas – o desventajas – económicas, para las naciones anfitrionas los juegos olímpicos constituyen una gran fiesta, no sólo de deportes sino de culturas, una celebración de paz y progreso. Y precisamente ahora, los pueblos del mundo y Japón en particular (este 2021 se cumplen 10 años del Gran Tsunami que enlutó al pueblo nipón)tenemos la imperiosa necesidad de festejar que sí podemos vencer – unidos cual equipo olímpico – al Covid-19 y demás calamidades naturales y humanas que nos amenazan a todos por igual.


Revista Latin-a

marzo 6, 2021

¡Hola, amigos!

Mis muy apreciados Soleros de Japón, América Latina y el resto del mundo, es un verdadero placer saludarles en ocasión de informarles que, después de un paréntesis de casi 10 años, este año reanudamos nuestras actividades de mutua colaboración con la prestigiosa Revista Latin-a.

En esta oportunidad, retomaremos la columna “Tu sol”, con temas sociales diversos, y desarrollaremos otra nueva columna, “Mis viejitos”, con temas directamente relacionados a la situación de los adultos mayores de nuestra gran familia latina en Japón.

Aquí, abajo, les dejo el enlace de la página digital de Latin-a. En la parte superior de la página, justo debajo del nombre de la revista hay una franja roja horizontal o menú, en cuya parte central encontrarán “Ediciones anteriores”. Allí conseguirán el número de febrero. Mi artículo está en la columna “Tu Sol”. La edición actual, de marzo, la verán arriba, a la izquierda, debajo del ícono de Facebook. Mi escrito, “Lucerito mañanero”, aparece en la columna “Mis viejitos”.

http://www.latin-a.com

Espero que tanto mis modestos escritos, como los del resto de los articulistas (así como la publicidad) sean de  de alguna utilidad para Ustedes, mis muy estimados Soleros.

Gracias miles por su apoyo.

El Sol brilla siempre dentro de ti 

Ángel La Rosa


ANÉCDOTAS DE MI PAPÁ: Compañero de viaje

febrero 17, 2021

El fin de semana pasado, durante uno de mis acostumbrados y gratificantes paseos ciclísticos con mi hija adolescente (visitamos el antiguo asentamiento de un castillo samurai construido hace 500 años), mientras pedaleaba, iba pensando en un rasgo suyo que ya había notado unos años atrás: su curiosidad y su naturaleza aventurera la hacen ser flexible, le permiten explorar más allá del plan trazado. Salió a su padre. Jajaja.

A la hora del almuerzo, en un paraje montañoso muy apacible, dentro de la otrora fortaleza, aproveché para explicarle a mi hija que me alegraba mucho que ella y yo compartiéramos esa flexibilidad, y que la misma era también característica de su abuelo paterno.
Cuando mi papá y yo viajábamos solos, prácticamente lo único planificado era el punto de llegada. Nuestros viajes eran auténticas aventuras exploratorias. En esas situaciones, nuestro carácter relajado y adaptable nos posibilitaba hacer cambios sobre la marcha, salirnos del plan de ruta cuando quisiéramos.
Siempre recuerdo con especial emoción nuestros periplos juntos por la costa oriental venezolana, cuando íbamos a visitar a la familia en Carúpano, ciudad natal de mi papá. Podíamos detenernos en muchos puntos a contemplar el idílico paisaje marino (la mayoría de las pinturas en la casa familiar, allá en Venezuela, son marinas, por la directa conexión que tenía mi papá con el mar), o salirnos del camino para incursionar en algún poblado pintoresco, o pararnos repentinamente para darnos un breve chapuzón en alguna playa paradisíaca, o hacer un alto aquí y allá para degustar algunos de los sabrosos alimentos locales.
Eran buenos tiempos, cuando Venezuela aun contaba con una infraestructura turística bastante decente; cuando el local y el foráneo podían disfrutar de las infinitas bondades de nuestro rico y hermoso país, en un ambiente de orden y seguridad aceptables. Como siempre digo, distaba mucho de ser un país perfecto, pero podíamos recorrerlo, admirarlo, palparlo, disfrutarlo.
A Chávez, Maduro, sus secuaces y colaboradores los condenaré y repudiaré por siempre, no sólo por ser una banda de criminales que somete cruelmente a mi pueblo, sino por haber arruinado nuestra Tierra, nuestro paraíso.
Discúlpenme el amargo paréntesis. Volviendo a los momentos felices con mi papá, en su “cumpleaños” (11 de febrero), y a 18 años de su partida,  quiero agradecerle eternamente por nuestros emocionantes viajes juntos; por hacerlos más divertidos con su carácter jovial y su espíritu aventurero, y, hay que decirlo, con su deseo paterno de hacerme feliz a mí, su hijo y compañero de viaje.
¡Feliz cumpleaños, papá!


Mi hija y yo (1): Nuestra primera comunicación

enero 31, 2021

Desde la venida al mundo de mi adorada hija, una de mis máximas prioridades existenciales ha sido tener una buena relación, una buena comunicación con ella, actualmente toda una adolescente en sus 14.
Contrariamente a los clichés políticamente correctos seré sumamente inmodesto: En eso he sido exitoso. Dista mucho de ser perfecto, por supuesto, pero sí en extremo enriquecedor. Huelga decir,  que entiendo y apoyo a los padres que tienen dificultades para comunicarse con sus hijos.
Pudiera decirse que esa fascinante interacción padre-hija, esa bonita aventura compartida con ella tuvo inicio desde el mismo instante cuando su madre me informó, por video-chat (yo estaba trabajando en China, y ella estaba aquí en Japón, tras haber regresado de una temporada conmigo en Beijing), que estaba embarazada.
Como digo en un escrito anterior publicado en este blog, “Apoteósico recibimiento”: no sé como la computadora siguió funcionando después del montón de besos que estampé en la pantalla, dirigidos no sólo al rostro de mi idolatrada prometida, sino a su barriga, la cual yo le pedía que acercara a la cámara lo más posible, en un desesperado intento de besarla y abrazarla.
Mi reacción, mi alegría incontenible de aquel momento, lógicamente, le produjo a mi mujer una sensación de bienestar igual de grande, la cual, a su vez – como ha sido demostrado científicamente – fue transmitida a esa milagrosa semillita de vida en su vientre. Así que, aunque haya sido por “retransmisión”, siento que esa fue la primera comunicación real entre mi hija y yo.
Pero, voy a ir incluso más allá. Tengo una teoría, aunque es más poética que científica: La buena comunicación entre una pareja amante de los niños con sus posibles futuros hijos comienza incluso antes del embarazo… “¡Qué!”, me responderán.
Todos esos pensamientos, todos esas conversaciones, todos esos gestos que, sobre los anhelados vástagos, ocurren en el marco de un amor profundo, condicionan a la potencial madre positivamente; la preparan de forma óptima, física y mentalmente, para traer al mundo a sus potenciales hijos, para darles la bienvenida, literalmente.
En nuestras modestas creencias sobre la existencia de “energías universales superiores” que influencian nuestras vidas, éstas conocen nuestros sueños, oyen nuestras oraciones pidiendo ser buenos padres de hijos sanos y felices; dichas fuerzas facilitarían las condiciones para que una pareja dichosa procree la nueva y sagrada vida que han atesorado en sus corazones. Un acto comunicativo entre los amorosos progenitores y el universo. Ni más ni menos.


ANÉCDOTAS DE MI PAPÁ: El pelador de naranjas

octubre 16, 2020

Tras jubilarse de las fuerzas armadas, el coronel La Rosa, mi papá, comenzó a pasar más tiempo en la casa y, en consecuencia, a hacer cosas que antes yo, en lo particular, no le conocía.                                                                                                                                        Una de esas nuevas actividades era pelar naranjas.                                                                                                                                       En esa época, cuando Venezuela todavía era un país decente (ahora está tan destruido y arruinado que da lástima. Parecieran tiempos muy lejanos, o que hubieran sido sólo una leyenda), y mucha gente podía vivir bien de su trabajo, mis padres le compraban naranjas por cientos a unos buenos vecinos italianos que tenían una pequeña finca frutal. Se acababa un saco y comprábamos otro. Esa dinámica se repitió por varios años. Debido a sus trabajos dignos, productivos y honestos tanto mis padres como los vecinos podían brindarle una buena vida a sus respectivas familias.                                                                                                                                  Como les estaba diciendo, a mi padre, el coronel la Rosa (como lo llamaban todos por ser el rango con el que se retiró de su amada y otrora honorable Guardia Nacional) le dió por pelar naranjas. No sólo las suyas, aclaro, sino las de todos los comensales presentes. Y en ocasiones las exprimía para que tomáramos sumo. También lo recuerdo sirviendo, de vez en cuando, otras frutas como patilla, melón, etc., o haciendo el jugo.                                                                                                                                      Ese hábito, ese gesto de mi papá- entre otros que sí le conocí de niño – era el reflejo de su naturaleza generosa y servicial, de su necesidad de proveer para los suyos, de su gran responsabilidad y su infinito amor de padre.                                                                                                                                    Ayer en la noche (del 16 de octubre, aquí en Tokio) mientras consideraba opciones para la anécdota paterna de hoy, me vino a la mente ese recuerdo tan emotivo y aleccionador para mí, para mi vida: mi amado padre, un día cualquiera, justo antes del desayuno, pelando sus narajas, de lo más contento – con mucha habilidad, hay que decirlo – compartiendo con nosotros, velando por su familia, como lo hace todo buen padre.


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