ANÉCDOTAS DE MI PAPÁ: “Revelación del Año”

En una anécdota anterior, “Tenor… en la ducha”, les relaté que mi papá, quien se crecía como cantante a la hora del baño (jamás en público), una vez me sorprendió, incluyendo en su repertorio dos canciones de mi autoría.

También explico en “Corazón oriental fiestero”, como se desataba mi padre entre sus hermanos y demás familiares directos.

Bueno, el cuento de hoy trata de otra sorpresa musical que me brindara mi progenitor, en una fiesta decembrina celebrada, precisamente, donde una hermana suya, en su Carúpano natal.

En aquella inolvidable cena familiar navideña, junto a mis muy queridos tíos y primos paternos, me puse a cantar con un cuatro. Lo que ocurrió entonces me emocionó hasta las lágrimas, y me emociona todavía hoy.

Tras dedicarle, muy modestamente, a los animados comensales carupaneros algunas canciones de su amada región, me animé a cantar dos valses orientales de mi cosecha, “Puerto Píritu” y “San Antonio del Golfo”, los mismos que, anteriormente y de forma inesperada para mí, se había aprendido mi papá y cantaba bajo la ducha.

Mi padre, quien, repito, “jamás de los jamases” cantaba en público (a lo sumo, hacía bocaquiusa o se “tragaba las palabras” para no ser escucahdo), se soltó a cantar mis dos canciones, como si nada, tan tranquilo, a todo pulmón, como si para él cantar frente a los demás, de pronto, fuera lo más natural del mundo.

Y que conste que para esa época, él ya tenía muchos años que no bebía.

Perplejo como estaba por aquel “milagro”, yo, en la primera canción, fui bajando el volumen de mi voz gradualmente, hasta dejar a mi papá solo, en los solos.

Tuve que respirar muy fuertemente para contener un llanto de pura alegría.

La perplejidad de mis tíos no fue menor. Conocedores de la timidez de su hermano en esas lides, estallaron en vítores y aplausos.

En la segunda canción, ya simplemente le di la entrada a mi papá y lo dejé a sus anchas. Yo nada más le hice el coro, y me limité a disfrutar, alucinado, aquel acontecimiento sorprendente.

Permítaseme un explicación técnica: Aparte de su timidez, siendo yo muy joven ya había notado que cuando mi papá estaba solo, oyendo un disco o la radio, le resultaba imposible seguir una canción, porque él siempre se adelantaba ¡y por bastante! Así que lo que hice aquel día memorable fue seguirlo yo a él, con el cuatro; adaptándome perfectamente a su tiempo, de modo que ni él mismo ni ninguno de los presentes notara su proverbial desfase musical. Resultado: ¡Un concierto de mi padre para la posteridad! y la votación unánime de la concurrencia, que le valió el premio como “Revelación del Año”.

Papá, gracias por tan grata recordación.

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