Educación japonesa. La odisea de entrar a la secundaria superior

¿Están Ustedes radicados en Japón, con un hijo en tercero de secundaria básica? ¿Ya comenzaron a seleccionar la secundaria superior (“koko”, en japonés) junto a su colegial? Bienvenidos al club. Pero así, sin signos de exclamación. Con más moderación que efusividad… porque la entrada a la “superior” puede ser un proceso complicado, una verdadera carrera de velocidad y resistencia a la vez – con obstáculos incluidos – para nuestros campeones y toda la familia.

Hoy quisiera iniciar una conversación con Ustedes sobre el particular, estimados colegas.

Para los jóvenes estudiantes la elección de la secundaria superior no es tarea fácil. Ciertamente, en nuestra condición de padres quisiéramos que ellos mostrasen iniciativa, poniendo interés y empeño en la búsqueda. A fin de cuentas, los aspirantes son ellos no nosotros. Sin embargo, no sería razonable esperar que nuestros hijos adolescentes decidan por sí solos. No decimos que sea imposible, pero seguramente agradecerían un poco de orientación de nosotros sus progenitores.

Ahora bien, si Usted es uno de esos padres sumamente estrictos, controladores, que toma absolutamente todas las decisiones por sus hijos – incluidas aquellas que, por “ley de vida”, le correspondería tomar a ellos – nos atrevemos a sugerirle, a sabiendas de que sus intenciones son las mejores, que haga un esfuerzo por entender lo importante que es para los jóvenes aprender a valerse por sí mismos, participando en la toma de decisiones de aquellos asuntos que les conciernen directamente. Esto, huelga decirlo, es un requisito indispensable para que se conviertan en adultos satisfechos, independientes y asertivos, lo cual, por cierto, no sólo les traerá muchas ventajas a ellos mismos, sino que beneficiará a todos en la familia, incluyendo a sus muy abnegados padres.

Hay diversas opciones, que incluyen colegios públicos y privados, dependiendo del desempeño académico y las motivaciones de los candidatos. A continuación, nos referiremos a las 3 primeras, en orden de prestigio educativo y, por ende, de dificultad para ingresar.

Número 1“: Son las escuelas secundarias superiores con el criterio de selección más riguroso. En una escala de 1000 (mil) puntos, el promedio combinado de la prueba de admisión (70%) y las notas del tercer año (30%)debe rayar en la perfección, es decir, 900 puntos, mínimo. De ahí que, por lo general, los alumnos que aspiran entrar a esos institutos son los más sobresalientes de sus respectivos cursos.
La exigencia académica de dichos colegios es tal que, sin importar cuantos conocimientos y cuantas excelentes calificaciones exhiban los estudiantes interesados, éstos deberán, casi obligatoriamente, inscribirse en una de las tantas agencias privadas que ofrecen sesiones extra-escolares (“juku”, en japonés), para consolidar lo aprendido en el salón de clases, y así ir sobre seguros.

Número 2“: Aunque, académicamente hablando, no son las instituciones “top”, demandan un desempeño escolar destacado, por encima del promedio (un resultado combinado de 850 puntos), lo cual, como todos sabemos, requiere tanto inteligencia como un esfuerzo sostenido de parte del candidato.

Valga decir que, a mayor cantidad de escuelas “número 2” (en comparación a las “número 1”), mayor cantidad de aspirantes, por lo que la competencia por los cupos es férrea. De ahí que, los estudiantes distinguidos que opten por estos institutos, en la mayoría de los casos, también deberán tomar clases extras en un Juku.

Número 3“: Un número importante de estudiantes se decide por esta opción. Aunque no manejamos estadísticas, suponemos que está entre las más codiciadas entre el alumnado. Para aspirar entrar en algunos de estos colegios, aunque no hay que estar entre los primeros de la clase, sí hay que ser buen estudiante. En este caso, los colegiales necesitaran un total de 800 puntos. Así que si estos son suficientemente aplicados en los estudios, los “número 3” son una meta alcanzable, realista.

Como colofón, quisiéramos añadir que es humanamente comprensible desear que nuestros hijos sobresalgan – sobre todo si reúnen las cualidades. Entendemos que en el caso de estudiantes sobresalientes, el solo prestigio académico del colegio pueda ser el criterio predominante a la hora de elegir.

Si su retoño es uno de esos “geniecillos”, ¡mis más sinceras felicitaciones! tanto para el estudiante como para Ustedes, por su mérito como padres.

Definitivamente, es una gran ventaja – y un gran alivio – si el colegial exhibe un notable desempeño académico, con la sapiencia y las notas que le permitirán entrar en el colegio más prestigioso de todos o en cualquier otro de su preferencia. Pero, insistimos en que primero debemos asegurarnos de que sea la elección más idónea para ellos, la que más le guste, la que satisfaga realmente sus expectativas, no sólo académicas, sino formativas, en lo que respecta a su educación integral.

En cambio, si nuestros muchachos son estudiantes promedio (la gran mayoría), hagámosle saber que si bien celebramos los resultados excelentes, valoramos, por encima de todo, que hagan mayor esfuerzo; que damos más importancia a su bienestar personal.

La entrada a la secundaria superior puede llegar a ser toda una odisea para nuestros jóvenes estudiantes, y para toda la familia. Acompañémoslos a lo largo del camino, hombro con hombro, con firmeza, sí, pero con solidaridad. Si alcanzan la victoria ¡hagamos una fiesta! Si, tras intentarlo fuertemente, tienen un tropiezo, ¡hagamos una fiesta aun más grande! Para que sepan lo tremendamente orgullosos que estamos de ellos, de nuestros amados hijos, de nuestros luchadores.

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