La bendición de los cerezos

Cerezo en flor

Picnic bajo un cerezo, abril 2007. Foto de Ángel La Rosa

(Escrito por Ángel Rafael La Rosa Milano, director-fundador de SOl,  en  septiembre de 2006)

Japón es uno de esos países que uno espera conocer algún día. En mi caso, por estar residenciado en China desde el año 2002, era sólo cuestión de organizarme para hacerle una visita a ese paradigma de gente amable, alta tecnología y cerezos. Pero, ni en mis sueños más fantásticos imaginé que mi primer viaje a tierras niponas sería para casarme con la mujer de mi vida. Así fue como el pasado mes de marzo viajé, en alas del romance, a la Tierra del Sol Naciente, para desposar a mi amada prometida japonesa, Michiyo.

A lo largo de mi vida he podido comprobar que el querer, en todas sus formas, tiene propiedades mágicas; funciona como una varita encantada que vuelve bonito todo lo que toca. Y esa magia de amor contribuyó, en gran medida, a la experiencia sin par que viví en Tokio.

Es sabido de todos que existen marcadas diferencias entre las culturas asiática y latina y, por ende, entre la japonesa y la venezolana. Por ello, a pesar de mi natural optimismo latino y mi confianza en la fuerza del cariño, no dejaba de inquietarme un poco el tan esperado encuentro con la familia de Michiyo. Ya ella me había advertido que sus padres son del tipo conservador; un tanto reservados, lo que contrasta con mi estilo más bien abierto y algo desenfadado. Pero, a pesar de todo, desde el mismo primer día, sus progenitores y su hermano me hicieron sentir como en mi casa; me brindaron calor de hogar. Y durante el mes que pasé entre los Mori, las distancias culturales se acortaron significativamente; nuestras diferencias se complementaron, generando una bonita y fructífera convivencia familiar intercultural.

Cerezo florecido

Cerezo florecido, abril 2007. Foto de Ángel La Rosa

Cuando relato esta experiencia única a mis familiares en Venezuela, y amigos en todo el mundo, para que me entiendan mejor les digo que el exquisito sushi y las pinturas tradicionales de mi suegra (que tiene ancestros samurais); los sabios consejos, el sake y las clases de kendo de mi suegro; las constructivas conversaciones con mi cuñado, y el amor de mi adorada Michiyo, me hicieron sentir como Tom Cruise en “El Último Samurai”.

Mi primer encuentro con Japón fue como una alucinación. Se combinaron mi embriaguez amorosa y la gran impresión que me causó Tokio con su ecléctica modernidad. Muchas cosas de esa deslumbrante metrópolis llamaron mi atención: el gran civismo de su gente, el contraste entre sus gigantes rascacielos y sus templos; la tolerante convivencia entre el conservadurismo y el más reciente liberalismo social japonés; la mezcla de candidez y desenfado de las adolescentes en super-mini faldas, y, por supuesto, su altísimo – pero afable – desarrollo.

La flor del cerezo

Bajo un florido cerezal, abril 2009. Foto de Ángel La Rosa

Sabía que la flor del cerezo es un símbolo nacional de Japón, y ya Michiyo me había hablado, con florecitas de contento en sus ojos, acerca de sus bonitos recuerdos de cerezos florecidos. Pero, algún día yo tenía que verlos, para entender realmente la devoción de los japoneses por este acontecimiento primaveral. La familia de mi esposa me explicó que, tal vez, los cerezos florecerían para principios de abril. Y yo tenía boleto de regreso a Beijing para el 30 de marzo. ¡Lastima! Durante mi estancia de un mes en Tokio percibí que éste es un es un hecho importante en la vida de los japoneses, quienes aguardan con ansia la llegada de ese obsequio de la primavera. Semanas antes, se muestran alegres y animados, recordando a cada instante que se acerca el tan esperado momento. Michiyo y su familia me contagiaron su entusiasmo; yo también quería ver florecer los cerezos. Pero, para entonces, ya yo estaría de regreso en China.

Contemplación del Cerezo, Tokio

Contemplación del cerezo, abril 2008. Foto de Ángel La Rosa

Curiosamente, esta primavera ocurrió algo inesperado: ¡los cerezos florecieron antes de tiempo! Fui privilegiado al poder disfrutar de ese maravilloso espectáculo natural, deleite para la retina y el espíritu. Un acontecimiento cultural único, los cerezos en flor son para los japoneses no sólo una primorosa manifestación de la primavera; simbolizan, sobre todo, la renovación del espíritu; anuncian tiempos felices. Durante dos semanas, nada más, la endiosada flor del cerezo comparte sus divinos encantos con los mortales, así que los japoneses disfrutan intensamente, dichosos y agradecidos, ese efímero regalo de los dioses. Los residentes de Tokio, en particular, contemplan extasiados los cerezos que embellecen las avenidas de la ciudad; realizan todo tipo de actividades culturales alusivas al florido evento; organizan celebraciones familiares; visitan parques para tomarse fotos, y para tomar té y sake tumbados a la plácida sombra de un frondoso cerezal. Así, pues, constaté que en tierras niponas los cerezos florecen por doquier, pero descubrí que sus flores abren, principalmente, en el jardín que hay en el corazón de todos sus habitantes.

Este mi primer viaje a Japón fue mágico, sin duda. Me casé con la mujer de mi vida, que espera un hijo de nuestro amor; conocí a mi bonita familia japonesa y pasé con ellos unas vacaciones perfectas. Cualquier cosa que yo pueda decir aquí no haría justicia a esa gran experiencia. Así que para finalizar, sólo diré que me gusta pensar que esta primavera en Tokio, los cerezales florecieron anticipadamente para mí, como un pequeño milagro de amor, en señal de que mi matrimonio con mi adorada esposa Michiyo; nuestro bebé en camino, y la unión de nuestras familias fueron bendecidos por el cielo con las hermosas flores del cerezo.

Contemplación del cerezo

Contemplación del cerezo, abril 2007. Foto de Michiyo

 

 

 

 

 

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5 Responses to La bendición de los cerezos

  1. muchas gracias. igual para ti un abrazo

  2. adrian dice:

    hola de nuevo quisiera saber si en Venezuela se puede cultivar el Sakura y donde podría comprarlo

    • Ángel Rafael La Rosa Milano dice:

      Hola Adrian. No estoy seguro, pero creo que el árbol del cerezo solo crece en lugares donde hay las 4 estaciones. Te toca investigar… gracias por escribir. Un abrazo venezolano.

  3. adrian dice:

    Muy buen pos, a mí también me gustaría ir a Japón.

    • Ángel Rafael La Rosa Milano dice:

      Muchas gracias por tu visita Adrian, y por tu amable comentario. Espero que puedas darte ese gusto algún día. Ángel

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