La bendición de los cerezos (II)

 "Sakura bendita" / Ángel La Rosa

      Aunque mi escrito anterior, “La bendición de los cerezos”, pudiera sugerir, involuntariamente, una vida familiar ideal, todos sabemos que nada es perfecto. Ciertamente, hoy puedo decir con honestidad y humildad que mi vida de esposo y padre es lo que siempre soñé, pero aclarando que en los 4 años transcurridos desde que aluciné por primera vez con los cerezos florecidos, junto a las alegrías también he vivido sinsabores.

 Después de aquellas vacaciones inolvidables, signadas por la aventura, el amor y las flores del cerezo, debí regresarme solo a China para completar mi período laboral, pero al poco tiempo se me unieron mi esposa y nuestra “barriguita”. Cinco meses después, mis suegros fueron a visitarnos y, luego de una breve y muy placentera estadía, volvieron a japón llevándose a mi barrigona esposa, quien estaba a un mes y algo de dar a luz. Yo permanecí la mitad de ese tiempo en Beijing, y eventualmente partí a tierras niponas para estar con mis dos amores durante el alumbramiento, y establecernos definitivamente en Tokio.

 Me es imposible describir con palabras la felicidad de esos primeros días, antes y después del nacimiento de nuestro tesoro. Es sencillamente indescriptible. Ante la dicha que nos produjo su gloriosa llegada a nuestras vidas, las noches sin dormir, los malestares de mi esposa, la vergüenza por vivir “arrimados”, mi desempleo, etc., eran realmente pequeñeces.

 Pero todo tiene un límite. Así como la noche limita al día, y el invierno limita al verano, algunos momentos tristes limitaron nuestra felicidad….

 Algunas situaciones incómodas con los suegros que yo inicialmente percibía como tonterías, atribuidas a nuestras marcadas diferencias culturales, se fueron convirtiendo gradualmente en focos de tensión, primero, y de conflicto, después. La convivencia familiar, tan armoniosa al principio, se volvió en extremo difícil a los pocos meses. Pienso que entonces lo único que impidió un enfrentamiento entre nosotros fueron el respeto, la educación y el pacifismo que, afortunadamente, todavía nos asistían en los momentos conflictivos. Sin embargo, una vez, mi cuñado y yo casi llegamos a la violencia física, luego de una acalorada discusión.

 La situación se tornaba cada vez más insoportable y, como es lógico, comenzó a afectar directamente la comunicación con mi esposa, quien desempeñaba el muy delicado y extenuante papel de mediadora entre su familia y yo, sin poder tomar partido por ninguna de las partes. Es cierto que ella y yo hacíamos un esfuerzo consciente por evitar pelearnos. Recuerdo que comenzamos a discutir mucho, pero era preferible a guardar silencio, ya que al menos podíamos desahogarnos. Aun así, tratábamos a toda costa de preservar el oasis de paz y amor que conformábamos los dos junto a nuestra adorada bebé. Pero las críticas y recriminaciones mutuas eran cada vez más frecuentes, por lo que vivimos momentos en verdad amargos para ambos.

 Gracias a Dios, nuestro amor aun resistía como los frondosos datileros del desierto, dándonos sombra y cobijo. Y nuestra amada hija era fresco manantial de alegría y esperanza. Pero, nuestro edén estaba rodeado por un desierto arenoso que nos cubría lentamente con tormentas de problemas.

 Debo señalar que tanto mis suegros como mi cuñado también adoraban con locura a nuestra hija, y eso con toda seguridad los ayudó igualmente a sobrellevar sus desavenencias conmigo.    

 En medio de aquella situación ya insostenible, finalmente conseguí un trabajo que nos permitió mudarnos a un apartamento alquilado. Un cambio de casa – y de suerte – que llegó justo cuando más lo necesitábamos.

 Tras la oportuna mudanza, mi relación con los suegros se mantuvo tensa; yo me resistía a los acercamientos que ellos hacían, y me rehusaba a cualquier contacto que no fuera estrictamente necesario. Pero siempre me recordaba a mí mismo que ellos son los padres de mi esposa y los abuelos de mi hija, por lo que al menos debía mantener la tregua, y evitar más discordia.

Pero ocurrió que mi resistencia se fue debilitando. No hay mal que dure cien años… poco a poco el río retomó su cauce. Incluso afloró de nuevo – como las flores del cerezo cada primavera – el cariño que nos había unido años antes, en mi primer viaje a Japón.

 Vale destacar que esa transformación no podemos atribuirla solamente al tiempo (aunque estoy de acuerdo en que éste lo cura todo). Todos los involucrados tuvimos que poner de nuestra parte para restablecer la comunicación perdida, y superar las diferencias que nos hubieran podido enemistar para siempre, con las tristes consecuencias para nuestras vidas y, sobre todo, para la de nuestra hija.

"Santuario en flor" / Ángel La Rosa

 Esto me lleva a hacer algunas modestas reflexiones sobre las enseñanzas obtenidas de esta dura pero aleccionadora experiencia. Si bien son aspectos que todos conocemos, decidí escribirlos para recordarlos siempre que haya menester en la vida. Aunque espero fervientemente que cada vez me hagan menos falta.

  • En general, la convivencia humana (de pareja, grupal, social, etc.) es trabajosa, y más aun en casos de diferencias culturales muy marcadas.
  • Por erráticas y hostiles que nos parezcan algunas actitudes de personas del país anfitrión, debemos esforzarnos por recordar que su perspectiva de las cosas puede ser muy distinta a la nuestra, si no opuesta. Esto se debe a valores y nociones que adquirimos con solidez, por muchos años, en nuestros respectivos contextos culturales.
  • En una relación de tipo intercultural se requieren dosis mayores de tolerancia, empatía y amor hacia el prójimo, para mantener el diálogo y aspirar a alcanzar una relación armoniosa.
  • El instinto de conservación hace que los individuos se vean a sí mismos como el centro del universo; mejor que los otros. Esto se extiende a los grupos humanos: “nuestra cultura es mejor que las demás”. Pero lo cierto es que es imposible y, sobre todo, inútil, comparar culturas en dichos términos. Ninguna cultura es mejor o peor que otra.
  • Para que una relación moribunda resucite, tiene que existir un deseo vehemente de salvación por parte de los involucrados. Esto es un requisito sine qua non.
  • El orgullo en ocasiones funciona como un escudo protector, pero la más de las veces se yergue como una muralla infranqueable que impide toda reconciliación posible con el “enemigo”.
  • Cuán difícil es perdonar y reconocer nuestras faltas, pero cuán beneficioso es para sanar las heridas de odios y resentimientos.
  • A veces pensamos erróneamente que el rompimiento drástico y definitivo de una relación es la solución más práctica y efectiva. Pero todos sabemos que sentimientos negativos generan mal, y que sentimientos positivos generan bien.

Por estos días, estamos aguardando impacientes y emocionados la primorosa floración de los cerezos. Así que quiero finalizar con un breve comentario sobre tan anhelado acontecimiento. Hay rituales que contribuyen a consolidar la unión y el amor en la familia. Los dos últimos años he ido gustosamente con mis suegros a contemplar los cerezos en flor, y hemos compartido un sin fin de actividades más. No digo que las flores del cerezo sean las responsables directas de las buenas relaciones familiares actuales, y que no vaya a polemizar con ellos en el futuro. Lo que sí aseguro es que han contribuido notablemente a mejorar el entendimiento entre nosotros.

En cada contemplación de ese portento de belleza natural, abrazando a mis dos tesoros, y observando en silencio  a mis suegros japoneses, siempre agradezco a Dios en el alma por ese irrepetible instante de unión y paz, y le pido sabiduría para proseguir mi camino en pos de un mayor acercamiento hacia ellos y su rica cultura nipona.

"Armonía" / Ángel La Rosa

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6 Responses to La bendición de los cerezos (II)

  1. Lorena La Rosa dice:

    Querido hermano,
    Recibe un amoroso saludo de estas latitudes.
    Tenía mucho tiempo sin leer tus escritos. Siempre me ha encantado la manera en la que narras tus vivencias. En mi caso particular las disfruto mucho.
    Tus narraciones entre otras cosas, me han llevado a lugares desconocidos y mágicos, a conocer experiencias de vida que me hacen reflexionar sobre el verdadero valor de las cosas que nos rodean, y tal vez lo más importante, me han acercado a tu corazón, a ese corazón de poeta del cual hace referencia la compañera Alba.
    Me parece tan interesante cuando personas como tú consiguen un medio de expresión que les permite compartir sus emociones, sentimientos, pensamientos, etc..
    Creo que la tolerancia y el amor son ingredientes indispensables en las relaciones humanas a cualquier nivel. En el caso que se hace mención en tu escrito, hay un componente intercultural que obliga a que exista más tolerancia de lo habitual. Imagino que este relato es esperanzador para personas que están pasando por situaciones parecidas
    Te adoro
    Tu hermana Lorena

    • Ángel Rafael La Rosa Milano dice:

      Querida hermana, muchísimas gracias por tomarte el tiempo de pasar por aquí, dejándo siempre palabras tan sentidas y tan bonitas. Me hace muy feliz que esos recuerdos de nuestro amado papá (que no son sino un recuento de sus muchas nobles acciones) nos sirvan como tema de conversación, y sobre todo como ejemplo imperecedero en el camino que aun nos queda por transitar, con el favor de nuestros ángeles. Un besote de agradecimiento y cariño. Ángel

  2. Alba dice:

    Hace un rato miré las fotos de los eventos culturales para niños y mayores. Es genial. Espero poder ir para bailar salsa porque cumbia eso está como dificil en eso si me corchas jiiiiii..

    Alli estare en la gran tertulia con el grupo de mis amigas.

    • Angel Rafael La Rosa Milano dice:

      Alba, con tu gratísima presencia y la de tus gentiles amigas, esta Tertulia además de latinísima va a estar muy animada, si Dios quiere. Por cierto, lo de ponerte a bailar cumbia era en broma jajaja. Igual, recuérdale a tus acompañantes que traigan música de sus países para que la comenten y la escuchemos juntos. Y si quieren la bailan, por supuesto.

      Tu entusiasmo y cooperación son muy valiosos.

      ¡Gracias!

  3. Alba dice:

    Gracias Angel a mí me encanta lo que escribes y me hace reflexionar en algunos puntos, además tienes corazón de Poeta y escribes con sentimiento y sinceridad.

    Gracias por tener esta página es interesante, me gusta, y que tengas mucha suerte.

    Me gustaria asistir para la tertulia del 25 de Abril.

    • Angel Rafael La Rosa Milano dice:

      Querida Alba, aunque algo ruborizado te quiero agradecer profundamente por tan bonitos conceptos. Quienes te conocemos vemos en ti una persona con gran altruismo, comprometida con las causas justas de los demás, y en una constante búsqueda de armonía tanto interiormente como en el mundo exterior. Por ello me siento tan halagado con tu comentario. ¡Y mil gracias por tu interés en la tertulia! va a estar aun más animada con tu refrescante presencia. Está de más decir que te voy a poner cumbia y vallenatos para que nos enseñes como baila una colombiana de pura cepa.

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