Cuando el odio vence al amor familiar

A través del periódico International Press (en las columnas de la psicóloga Nélida Tanaka y del Sr. Takaharu Hayasi) supimos de la desgracia ocurrida a una familia latina de Takarazuka, Hyogo.

El cuadro no puede ser más trágico y desgarrador: una joven brasilera de 15 años, prende fuego a su propia familia, matando a la madre y dejando tanto al padrastro como a la hermanastra gravemente heridos.

Cuán perturbada tenía que estar esa niña para procurar la muerte de sus seres más cercanos. Cuánto odio hacia ellos tenía que albergar su joven corazón para concebir tan horrendo crimen.

Ella, que a su edad no debería soñar sino una vida de fantasía con su príncipe azul, ahora vivirá la pesadilla de ser una asesina. Que miserable puede ser la vida para algunas personas.

Según informes policiales y noticiosos la niña declaró que decidió matar a su familia porque la madre la maltrataba, y todos la despreciaban – también se sentía aborrecida en la escuela – mientras favorecían a la hermana menor.

 Son muchas y muy diversas las opiniones emitidas sobre este caso tan desolador. Algunos sugieren que los culpables son las propias víctimas, por el supuesto maltrato físico y emocional que infligían constantemente a la niña. Otros piensan que dichos maltratos no justificaban de ningún modo una represalia tan atroz por parte de la joven, y que ella es la única culpable. Y hay quienes opinan que la responsabilidad de esta tragedia, si bien recae mayormente sobre la menor brasilera, es compartida por la sociedad. Nosotros nos inclinamos por esta última posición. Mas, no es nuestra intención exculpar a la joven. Creemos que a su edad ella tiene conciencia de lo que hace y debe responsabilizarse por ello. Pero, el entorno social (incluidos todos los individuos e instituciones que lo conformamos, y esa desafortunada familia) comparte la culpabilidad de algún modo.

 Pareciera que mientras evolucionamos en aspectos como el conocimiento, por ejemplo, involucionáramos en lo relativo al amor al prójimo y el respeto a la vida. Y es que en nuestro inexorable avance material, los seres humanos nos vamos creando más y mayores necesidades mundanas – y valores – que van socavando paulatinamente nuestro humanitarismo y nuestra conciencia del bien y del mal.

 Lógicamente, desde nuestros tiempos primitivos es mucho lo que hemos crecido en materia humanitaria. Pero todo pareciera indicar que la humanidad, en su conjunto, antepone la satisfacción de sus apetencias terrenales a las búsquedas espirituales.

Pero, aunque pueda haber amplio consenso en que el acelerado derrumbe de los valores morales y espirituales de la sociedad pudiera ser la causa de desgracias familiares como la que nos ocupa, es una problemática en extremo compleja, sin soluciones claras o inmediatas. Es decir, a todos nos queda claro que el amor engendra amor y el odio engendra odio. ¿Pero cómo utilizar ese conocimiento para prevenir desgracias semejantes?

Un posible punto de partida sería tratar de explicar tan triste acontecimiento en términos más científicos. A juzgar por las declaraciones rendidas a la policía por la joven acusada, en el sentido de que sus padres la maltrataban física y mentalmente, pudiéramos asumir que ella viene de una “familia disfuncional”. Según el blog “La familia bajo un mismo techo” (http://www.grilk.com/bajounmismotecho/lasfamilias/familias-disfuncionales.php), los ”rasgos típicos de las familias disfuncionales son:

  1. Niegan que exista un problema en su seno, y responden de manera agresiva a todo intento de ayuda.
  2. La desesperanza y la frustración, contribuyen a desarrollar una incapacidad para afrontar los problemas.
  3. Se dan manifestaciones de violencia física y emocional.
  4. No se comparten actividades colectivas positivas, tan sólo las crisis.
  5. La relación afectiva se da en base al autoritarismo y el miedo, con ausencia del cariño y la tolerancia.
  6. La comunicación defectuosa deteriora las relaciones, provocando discusiones, frustraciones y hostilidades.”

En este punto, conviene aclarar que, aunque con esto pretendemos encontrar el eslabón entre la terrible reacción de la joven brasilera y su problemático contexto familiar, no debemos generalizar estigmatizando a todas las familias disfuncionales como formadoras de anti-sociales. No todas las personas criadas en familias conflictivas cometen forzosamente actos criminales. Al contrario, muchas de ellas logran superar su traumática situación hogareña y llegan a ser personas normales.

Pero también es preciso señalar que el entorno familiar es determinante en la formación de la personalidad de los niños. Numerosos estudios demuestran que mediante la imitación – entre otros mecanismos de aprendizaje – los hijos asimilan gran parte del comportamiento de los padres, o son influenciados por éste grandemente.

Al respecto, la psicóloga de familia María Helena López señala que “crecer en familias disfuncionales podría cultivar sentimientos de angustia, ansiedad o miedo en los niños, que repetirían modelos de agresividad, pasividad o abandono. Les es difícil desarrollar recursos para enfrentar las dificultades en su vida”. (Blog ABC del Bebé: http://www.abcdelbebe.com/node/154221)

Prevenir la formación de familias conflictivas, y las potenciales tragedias gestadas en su seno, es una tarea monumental. Uno de los obstáculos para la prevención es el carácter “multigeneracional” de la propia familia disfuncional. En su libro La Familia, John Bradshaw explica: “Un hecho observable en las familias disfuncionales es que forman parte de un proceso multigeneracional. Los individuos disfuncionales se casan con otros individuos disfuncionales, provienen de familias disfuncionales y asi el círculo continua. Las familias disfuncionales crean individuos disfuncionales que a la vez generan otras familias disfuncionales”.

Ante esta compleja situación, sólo nos queda sumar esfuerzos, cada quien en la medida de sus posibilidades, ya sea educando, concientizando, alertando, observando, denunciando. Pero sobre todo mejorándonos a nosotros mismos para ser más capaces de ayudar a aquellas personas – y a todo el grupo familiar – afectadas por esta dramática realidad. Todo ello con la esperanza de que algún día en la familia y en la sociedad se imponga el bien sobre el mal, y ningún niño – ni nadie – vea truncarse injustamente sus bonitos sueños de amor y paz, para vivir horrendas pesadillas de odio y maldad.

Ángel Rafael La Rosa Milano

“El sol brilla siempre dentro de ti”

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2 Responses to Cuando el odio vence al amor familiar

  1. victor dice:

    hola muy bueno el comentario de este escrito,entre aca por que la madre de mi ex pareja y la madre de mi hijo de 4 años lo unico que manifiestan es odio, maldad, sobervia etc..e inculcan cosas fea de mi.y creo q la historia se esta repitiendo ya que concidero q es una familia conflictiva,ya que la mama de mi hijo se escapo de la casa xq la mama la maltratba..y despues de 4 años no hubo ningun cambio a pesr de mis numerosos intentos de dialogar..lo unico que recibo son malos tratos..y creo q no me lo meresco…gracias..

    • Angel Rafael La Rosa Milano dice:

      Mil gracias, Víctor. Tu participación es sumamente valiosa.
      Debe ser muy frustrante y desalentador no lograr el ansiado entendimiento con tu pareja, sobre todo después de intentarlo todo, como señalas.
      Quisiera si es posible preguntarte cómo reaccionabas tú contra ese comportamiento tan hostil en tu contra, porque es en extremo difícil mantenerse sereno y positivo en situaciones duraderas tan estresantes.
      Como sabes, las personas que mencionas a su vez requieren orientación. Eso podemos asumirlo sólo cuando logramos controlar los sentimientos negativos que experimentamos contra quienes nos perturban. Es la única forma de convertirnos en factores de ayuda y transformación de aquellos que nos agreden.
      Espero que poco a poco mejoren las cosas para todos los involucrados.
      Saludos muy cordiales.

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