Separados mas no derrotados

 

En mi condición de ser humano, padre, esposo y orientador, uno de los problemas familiares que más me preocupa y conmueve es la separación de parejas con hijos pequeños. Al efecto negativo que la situación pudiera tener sobre los niños hay que sumarle el conflicto emocional enfrentado por los propios padres.  

Las consecuencias que pudiera tener la ruptura en los hijos es lo que más preocupa a la inmensa mayoría de los progenitores. De hecho, un número importante de parejas decide seguir conviviendo después de que el vínculo amoroso se rompe irreparablemente, para de esa forma evitar hacer daño a los muchachos, ya que están conscientes de que los niños pequeños necesitan tener a papá y mamá de su lado para desarrollarse integralmente.   

 Junto a la preocupación por el daño que causarían a sus hijos, los posibles sentimientos negativos hacia el otro, y las emociones producto del desamor (quien lo “ejerce” generalmente siente culpabilidad, quien lo padece generalmente siente tristeza), muchos padres además tienen que lidiar con sentimientos de fracaso, porque creen que fallaron en aspectos tan importantes de su existencia como la selección del compañero de la vida y la constitución de una familia feliz. En parte, esa sensación de haber fallado se debe a los grandes prejuicios y la falsa moral de una sociedad que aun hoy día sigue estigmatizando, e incluso condenando, a quienes por una u otra razón dejan de amarse, y deciden poner fin a su relación. Antes de actuar como inquisidores, primero todos deberíamos convertirnos en factores de transformación social (comenzando por nosotros mismos), aprendiendo la forma de tener una vida más llevadera en todos los sentidos, y así lograr una relación armoniosa con nuestra pareja. 

Por supuesto, somos del pensar que sería deseable e infinitamente mejor para toda la familia que prevaleciera la unión amorosa, y que la pareja lograra resolver sus diferencias. Además, creemos que mientras exista amor mutuo deberíamos hacer todo lo humanamente posible para salvarlo, en bien de la pareja y de los hijos. Claro que eso exige grandes luchas y sacrificios, pero la recompensa es también enorme.

Es verdad: a nadie le gustan las historias tristes; todos queremos finales felices. Pero, debemos entender que para bien o para mal en el mundo real esto no siempre es posible. Además, no olvidemos que en muchos casos, y particularmente cuando el conflicto conyugal afecta directa y negativamente a los hijos, la separación puede llegar a ser con el tiempo el mejor remedio para todos los involucrados. En este sentido, podemos afirmar que así como las  personas tienen razones válidas para unirse, también tienen razones válidas para separarse. De hecho, suponemos que razonamientos similares dieron origen tanto al matrimonio civil como al divorcio, en contraposición, si se quiere, al casamiento eclesiástico, el cual tal como dicta la profunda, optimista y contundente frase sacerdotal “hasta que la muerte los separe”, no admite la separación de los esposos.

Pero los tiempos cambian, y con ellos algunos dogmas. Entendemos que actualmente esta frase más que una sentencia religiosa definitiva es – como ocurre en las uniones laicas, sean oficiales o no – un vehemente deseo de unión eterna, expresado a los novios por el sacerdote, en nombre de la sociedad entera, partiendo del supuesto de que esa unión se fundamenta en un amor profundo y sincero, del cual nacerán los hijos que ayudarán a consolidarla a través de los años.

Esas dos personas que una vez unieron sus caminos ilusionadas y hoy deciden – con hijos pequeños de por medio – caminar cada uno por su lado, necesitan el apoyo de todos. Incluso en aquellos casos donde hubiere alguna conducta cuestionable y hasta punible por parte de alguno de ellos. Seguramente, ese no es el final que querían para su historia. Seguramente, aspiraban poder brindarle a sus hijos algo mejor, una familia unida. No se pudo. Pero esos dos seres aun tienen una vida por delante, y mucho que dar de sí. Además, ellos seguirán siendo los padres de esos hijos engendrados cuando todavía los unía el cariño. Esa misma energía, aunque transformada – nunca extinta- y esos hijos serán el vínculo que los unirá por siempre.

Si bien este no es el estado familiar ideal, con la ayuda de parientes, amigos e instituciones competentes, los involucrados podrán salir adelante, sobreponiéndose a las grandes dificultades que impone la separación, para así, dentro de las limitaciones naturales, llevar una vida digna y muy satisfactoria.

El apoyo en todos los niveles es vital para que esa dura experiencia no sea un obstáculo insalvable en la vida de padres e hijos. Sino que sea un aprendizaje importante que los ayude a poner fin al ciclo conflictivo; que los ayude a seguir creyendo en el amor como fuente suprema del bien universal; que los ayude a comenzar de nuevo manteniendo siempre la ilusión de vivir. Porque muy a pesar de las circunstancias adversas, ante Dios y los hombres su derecho a ser personas felices sigue intacto.

Ángel Rafael La Rosa Milano

“El sol brilla siempre dentro de ti”

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