La recreación como terapia

Parque de montaña, "Kodomo no hi" 2011

Algunos artículos de esta columna resultan de elegir entre varias opciones; otros son impuestos por las circunstancias, y otros, como el que nos ocupa, más bien surgen espontáneamente, producto de alguna vivencia cotidiana. Este escrito en particular fue inspirado por un paseo familiar que hiciéramos el mes pasado, durante el descanso de la “Golden Week” con motivo del Día de los Niños en Japón (kodomo no hi). Entonces, visitamos un bonito parque de montaña relativamente cercano a nuestra residencia. 

Todos sabemos que la recreación es necesaria (sobre todo el sano esparcimiento) por el bien que hace a nuestra mente y a nuestra salud en general. Pero, “del dicho al hecho hay mucho trecho”, así que no siempre ponemos en práctica este conocimiento sencillo y útil, privándonos con ello de mejorar considerablemente nuestra calidad de vida. Y es por la gran importancia de la recreación para el ser humano, especialmente como contrapeso al estrés, que quisiéramos insistir sobre el tema.

Aquel paseo campestre se produjo en condiciones muy particulares, un tanto adversas: mi esposa y yo nos sentimos afectados por el gran sufrimiento que causó la tragedia japonesa a tanta gente. Aunado a eso, nuestra adorada hija de 4 años debe ser operada de un quiste óseo (en un brazo), el cual recientemente le ocasionó la tercera rotura del mismo hueso en poco más de un año. Y adicionalmente, con las pocas clases que estoy dando no genero suficientes ingresos para el hogar. Pero el propósito de estas líneas no es lamentarnos – aunque todos tenemos derecho a expresar nuestros sentimientos – y mucho menos provocar lástima en nuestros amables lectores. Buscamos simplemente compartir nuestra experiencia personal, para aportar un granito de arena a la reflexión sobre la necesidad de hacer del descanso mental un hábito. 

Durante ese placentero picnic en familia, pudimos corroborar lo altamente relajantes y saludables que son las actividades recreativas de ese tipo. La mente descansa realmente. “Descansar es cambiar de ambiente”, diría mi madre. Y es que en esos instantes de sano entretenimiento estamos sustituyendo temporalmente pensamientos y sentimientos estresantes (preocupación, temor, duda, rabia, tristeza, etc.) por otros positivos, producidos por los muchos estímulos gratificantes que nos rodean, tales como el idílico paisaje; mucha gente relajada y jubilosa a nuestro alrededor, una comida especial para la ocasión, la actividad física al aire libre, los eventos recereativo-culturales programados, la grata compañía de nuestros seres queridos, la dicha de nuestros pequeños… 

Parque de montaña, "Kodomo no hi", 2011

Pero el beneficio no termina con el fin de la actividad recreativa. La sensación de bienestar general nos acompaña más allá de ese momento, manteniéndonos en un estado mental muy favorable, con energías renovadas. Y en ese armonioso “trance”, siempre vemos las cosas de mejor manera; evaluamos las situaciones más equilibradamente; enfrentamos los problemas diarios con mayor optimismo y determinación, y en general nuestra terrena existencia se hace más llevadera. 

Definitivamente, esa amena excursión al campo (junto a otras técnicas de armonización habituales) contribuyó a mantenernos con mente y espíritu serenos para seguir sorteando las eventualidades. 

Opciones recreativas

En Japón hay incontables opciones de recreación para todos los gustos y presupuestos. A continuación ofrecemos algunas sugerencias económicas: 

  • Parques infantiles de la comunidad, o más grandes, donde puedan caminar, jugar, ejercitarse, o hacer picnic.
  • Museos, o centros culturales de la localidad, donde puedan disfrutar exhibiciones o eventos varios.
  • Paseos de playa o montaña.
  • Piscinas y balnearios públicos.
  • Reuniones familiares y de amigos (parrilladas al aire libre, por ejemplo).
  • Centros comerciales (¡sólo para ver y comerse un helado!) con atracciones infantiles.
  • Bibliotecas públicas con amplia sección infantil.
  • Rincón infantil de la comunidad, para los más pequeñines.
  • Exploración de su localidad a pie o en bicicleta.
  • Actividades deportivas o artísticas de los hijos.
  • Turismo económico a lugares más o menos distantes.
  • Una buena película, un buen libro, o un buen disco en casita.
  • Festivales musicales al aire libre.
  • Centros comunitarios de reciclaje (tiendas de artículos usados), ¡mi idea del paraíso!   

Seguramente Ustedes, apreciados lectores, tendrán sus propias ideas de recreación sana. Lo importante es que logremos sosegar la mente, para así alcanzar un mayor equilibrio en nuestras vidas, y en la de quienes nos rodean. ¡Es justo y necesario!

Ángel Rafael La Rosa Milano

El sol brilla siempre dentro de ti

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