Hija yo también me porté mal (10)

Querida hija,

Creo que una de las cosas que más te repito es que nunca debemos lastimar a los animales por diversión, ¿verdad?. Y me hace muy feliz ver lo bien que has comprendido eso. Por ejemplo, días atrás, viste una mariposita dentro de la casa, y rápidamente buscaste un klínex para que yo la envolviera suavemente y luego la soltara por la ventana. Te felicito y te doy las gracias por eso, mi tesoro.

 ¿Recuerdas que hace poco te conté que siendo muy pequeño, yo,junto a otros amiguitos, lastimé a un gato? Después de eso pasaron muchos años sin que yo hiciera algo así de malo a otro animal. Pero teniendo unos 12 ó 13 años de edad, lamentablemente le hice maldades a unos perros. Y creo que como yo ya era un niño grande cuando hice eso, la culpa es mayor.

 Por aquellos días, yo cursaba el segundo año de secundaria en un liceo militar que quedaba lejos de mi casa, en un bonito pueblo frente al mar, a unas 7 horas de viaje. Así que yo estudiaba y vivía en ese instituto, y solamente podía ver a mis padres y hermanos los fines de semana y las vacaciones. Pero, parte de esas vacaciones me gustaba pasarla en la casa de mi mejor amigo del liceo, ubicada en aquel bello pueblo de playa.

 Mi amigo, que era de mi misma edad ¡tenía una motocicleta! así que cuando no estábamos bañándonos en la playa, estábamos recorriendo el pueblo, de arriba a bajo, en aquella ruidosa moto, que era pequeña pero con espacio suficiente para dos personas. Y para hacerlo más divertido, unas veces manejaba él y otras veces yo.

A veces, cuando entrábamos a algún lugar de muchas casas, salían a perseguirnos algunos perros. Esto es algo muy común en países como Venezuela, donde estamos acostumbrados a tener a nuestros perros sueltos en la calle, y donde hay muchos perros callejeros. Pero, la mayoría solamente corre cerca de las motos (y también de los carros), ladrando, por pocos segundos, hasta que éstas se alejan. Igual pasaba con nosotros.

 Pero, un día, se nos apareció un perro muy grande y bravo, que corría tan rápido que nos alcanzó y me mordió la pierna. Y aunque no me mordió duro (porque le dije rápidamente a mi amigo que acelerará), sí me asustó bastante, porque pudo haberme lastimado mucho, y hasta hacer que nos cayéramos de la moto, lo que hubiera sido muy grave, tal vez.   

 Recuerdo que quedé muy molesto, pensando: “¿Por qué los dueños del perro lo dejan suelto si es tan bravo?”; “Ese perro puede causarle mucho daño a alguén”.

 Hija linda, la solución correcta a ese problema hubiera sido hablar con los dueños del perro, explicándoles lo que pasó, para que ellos evitaran algún accidente en el futuro. También pudimos haber pensado en no pasar más por ahí. Pero, yo, que estaba muy enojado, pensé en otra solución muy mala: pasar otra vez por ahí en la moto, con un palo en mi mano, para golpear al perro cuando intentara morderme. Con eso le daría una lección, y no volvería a atacarnos a nosotros o a otros motorizados. 

Así lo hicimos. Y aquel pobre animal cayó en la trampa. Te confieso, con mucha vergüenza, que me sentí muy bien (y mi amigo también) al oír los chillidos del perro cuando le pegué con el palo. A los dos nos causó mucha gracia… Tanto, hija, que desde aquella vez decidimos llevar un palo siempre que saliéramos en la moto, para hacerle lo mismo a otros perros bravos que intentaran mordernos.

 Pienso que defenderse con un palo de los perros peligrosos que pueden hacerte mucho daño (mordiéndote o tumbándote de la moto) no es malo, en realidad. Porque son animales que aprenden rápido; si les duele el golpe, no atacarán de nuevo. Lo malo, mi princesa, es que uno pueda disfrutar eso; que pueda verlo como algo divertido. Eso sí es totalmente incorrecto. Por eso, hoy, cuando te cuento esto, me siento mal; porque mi amigo y yo pensamos que golpear a esos perros (aunque fuera solamente a los bravos, para enseñarlos) era una gran diversión. Recuerdo con mucha lástima, que varias veces salimos en la moto solamente a buscar perros agresivos para golpearlos…

 Te repito, mi corazón, nunca, nunca debemos lastimar a los animales por diversión; no debemos maltratarlos como forma de juego. Sólo podemos usar la fuerza contra ellos para defendernos de sus ataques, cuando no tenemos otra forma de hacerlo.

 Los perros son muy inteligentes para muchas cosas, es verdad. Pero siguen siendo animales, y no pueden pensar como las personas. Cuando ellos atacan fuertemente a alguién es su forma de defenderse; no saben lo que están haciendo. Y nunca lo hacen por divertirse. En cambio, las personas saben muy bien cuando están haciendo daño, y algunas lo hacen para divertirse, como hicimos mi amigo y yo con aquellos pobres perros.

 Dios te bendiga, mi adoración.

 Papi

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