Súplica a mis amigos que fuman

Este mensaje respetuoso y cordial, dirigido específicamente a unos muy buenos amigos míos que fuman, quisiera extenderlo a todos los hombres y mujeres fumadores del mundo, con la esperanza solidaria de que pronto puedan dejar de fumar.

Pero, antes, quisiera justificar mi decisión de usar este medio para exponer mis modestas reflexiones.

De vez en cuando, “sin querer queriendo”, les he manifestado a esas amistades mi sincera preocupación por su hábito y mi fraternal deseo de que lo abandonen, pero teniendo muy presente, uno, que es algo en extremo difícil, dos, que ellos son adultos capaces e inteligentes y, al final de cuentas, es su decisión.

En definitiva, sin importar cuánto me preocupa su condición (por que los aprecio realmente), no quiero que me perciban como el típico personaje que se cree un dechado de virtudes y que pretende decirles lo que es bueno y lo que es malo. No quiero correr el reisgo de ser rechazado, de perder su amistad por fastidioso, ya que ésta es un tesoro invaluable y una bendición del cielo.

Definitivamente, creo que es mejor así, escrito, indirecto. De esa forma no los cansaré con mi voz de lorito parlanchín, repitiéndoles siempre la misma cantaleta. Y ellos podrán leerlo (si es que llegan a enterarse), cuando más les convenga.

De cualquier modo, mis amigos son muy buena gente. De las mejores que he conocido, y estoy seguro de que entenderán que hago esto porque los quiero y me interesa su bienestar.

Estos hermanos fumadores pertenecen a un club de vóleibol de mi comunidad (no todos los miembros fuman, por supuesto), al que me uní hace ya casi 2 años. En ese tiempo, y producto de nuestra bonita convivencia deportiva, los volibolistas nos hemos hecho muy amigos, al punto de compartir frecuentes eventos familiares. Es decir, gracias a ellos he podido ver satisfechos dos de mis mayores intereses en la vida: las actividades de carácter familiar y las actividades deportivas.

Inicialmente, a modo de argumento anti-tabaco, pensaba incluir aquí algunas fotos muy perturbadoras de pulmones de fumadores, los cuales aparecen parcial o totalmente impregnados y ennegrecidos de nicotina. Asimismo, pensaba suministrar algunos enlaces de artículos científicos concluyentes sobre los efectos nocivos del cigarrillo en la salud, incluyendo su incidencia en la aparición del cáncer pulmonar. Pero cambié de opinión. Mis amigos son personas conocedoras y bien informadas, y además pueden realizar esas búsquedas si lo consideran necesario, por su propia cuenta.

Mi mensaje final para estos entrañables compañeros del camino es que soy realmente dichoso cuando estoy junto a ellos jugando vóleibol. Mi ser casi cincuentón se vuelve ventiañero por arte de magia; nos divertimos lo indecible al tiempo que ejercitamos nuestros chirriantes cuerpos, y hasta nos burlamos – sanamente – los unos de los otros cuando fallamos.

También soy inmensamente feliz cuando nos reunimos en una fiesta familiar, totalmente relajados y alegres, consolidando nuestros importantes valores y bonitas costumbres familiares, en torno a una exquisita comida casera y a una por demás amena conversación. Cantamos y bailamos, naturalmnente! y naturalmente tambien competimos por ver quien es más ocurrente – mejor dicho, más payaso, jajaja.

Hay un factor muy importante que incrementa el disfrute de ambas experiencias. La presencia de nuestros hijos. Tanto en el volei como en las fiestas están siempre correteando incansables de aquí para allá, con sus voces como trino de pajaritos, empapándonos de su energía maravillosa, sembrando esperanza en nuestro futuro. En fin, dándole absoluto sentido a nuestras vidas.

Pero, aquí tengo que incluir un “pero”. Queridos hermanos, bien sea jugando (en los recesos) o fiesteando, confieso que me siento preocupado e impotente cuando los veo fumar. Ya no es secreto para nadie que ese hábito les traerá problemas de salud. No quiero eso para nadie, y mucho menos para mis compañeros de deporte y fiesta. Por cierto, recordemos que los niños observan e imitan de nosotros más de lo que quisiéramos. Estoy completamente seguro de que Ustedes no quieren ese vicio para ellos. Adicionalmente, está demostrado que el humo del cigarro afecta considerablemente la salud de los no fumadores presentes, o “fumadores pasivos”.

Lo único que me resta es: uno, pedirle a Dios, todos los días, que les cambie el cigarro por caramelos (que tengan caries y se les caigan los dientes ya no me preocuparía tanto jajaja), para poder jugar y parrandear con Ustedes hasta que el cuerpo aguante, unos 20 años más, por lo menos…

Dos, les suplico amigos míos, por favor dejen de fumar.

Ángel Rafael La Rosa Milano

“El Sol brilla siempre dentro de ti”

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