Hace pocos días, me encontré por casualidad a una señora conocida mía, madre de un niño pequeño. Me llamó la atención que a esa hora (temprano en la mañana) ella iba en dirección contraria a la usual, y con una gran preocupación reflejada en el rostro.
Al saludarla, me dijo, con evidente consternación, que esa misma mañana el esposo había amenzado con matarla, y por eso ella iba en camino a denunciarlo a la policía.
Estimados lectores: ¿Qué hubieran hecho Ustedes en mi lugar?
Un dato relevante: mi amiga es extranjera y el esposo japonés. Pero debo aclarar que mi intención no es generar aquí algún tipo de crítica o reacción en contra de nuestros anfitriones. Esto es sencillamente un aspecto que puede ayudarnos a todos quienes vivimos en este gran país, a entender la desesperada situación – y encontrarle soluciones – de esta mujer y madre, y de otras que pudieran estar enfrentando el mismo peligro.
Si bien en las últimas décadas ha habido avances significativos a nivel mundial en la lucha contra la violencia doméstica, el nivel de concientización de la sociedad, en general, sigue siendo bajo. Según un artículo de la publicación digital en inglés “Womensphere” http://womensphere.wordpress.com ), en Japón, por ejemplo, “los expertos y activistas advierten que el grado de violencia debe ser mucho mayor al manejado oficialmente, ya que muchos japoneses aun piensan que la VD es un asunto familiar y no una violación de los derechos humanos de la mujer”.
En el mismo artículo leemos que en 2008, una encuesta gubernamental hecha a 1.358 mujeres (con pareja o separadas) reveló que un 33,2 % había sufrido maltrato físico, amenazas sicológicas y coerción sexual por parte de sus parejas. Y en 2009, la VD en Japón aumentó 11,7 % (28.158 casos reportados), el porcentaje más elevado desde que las encuestas se iniciaran en 2002.
Entonces, ¿cómo reaccionaría Usted si una conocida suya pasa por algo así?
En las líneas de ayuda telefónica (hace algún tiempo me desempeñé como orientador telefónico, en la Tokyo English Life Line, TELL, y, posteriormente, en la Línea de Apoyo al Latino, LAL), cuando una mujer llama diciendo que fue amenazada de muerte por su pareja, el procedimiento a seguir es claro y estricto: se le sugiere a la llamadora que abandone la casa, se traslade a algún lugar seguro, y busque protección policial lo antes posible.
Ante una amenaza de muerte por parte del compañero, no hay tiempo para especular si éste sólo pretende asustar a la víctima (lo que constituye maltrato psicológico) o si piensa matarla realmente. Por esta razón es que se recomienda a la mujer actuar lo más rápido posible, haciendo lo que esté a su alcance para proteger su vida.
Si, por las razones que sea, subestimamos la amenaza y no urgimos a la mujer amenzada a ponerse a resguardo, podríamos contribuir involuntariamente a que ocurra una tragedia.
Así que le dije a mi amiga que ella estaba haciendo lo correcto al denunciar al esposo por amenazarla de muerte, y que se pusiera a salvo inmediatamente.
Huelga decir que pasé el resto del día muy preocupado pensando en ella, y en cómo podría yo ser más útil. Pués bien, en la tarde se me presentó la oportunidad de ayudar. Por una grandísima “casualidad” me conseguí al esposo de la señora, quien se encontraba conversando con otra conocida de ambos. Lo cierto es que tras dudar unos pocos segundos (no es lo más sencillo de hacer, sobre todo si uno tiene relaciones cordiales con los dos miembros de la pareja), me acerqué y le dije al hombre, en presencia de la otra mujer, lo que me había dicho su esposa horas antes, y que yo estaba considerando ir también a la policía a denunciarlo.
El hombre primero se sorprendió, pero luego dio señales de estar muy preocupado y avergonzado, lo que yo tomé como una aceptación de culpabilidad y arrepentimiento. Precisamente su actitud, si se quiere pacífica (confieso que yo estaba algo ansioso y preparado para lo peor), me hizo adoptar un tono más bien calmado, sugiriendo que, aunque su conducta había sido absolutamente condenable, aun se podían arreglar las cosas de una manera civilizada.
Después de mi relato y de mi explicación, sé que todavía habrá quienes se oponen a mi decisión de encarar a este hombre por amenazar de muerte a mi amiga. Sobre todo porque les preocupa que uno pueda salir perjudicado de algún modo (especialmente si el maltratador en cuestión es una personal realmente violenta) y la familia también. Los entiendo perfectamente; no les falta razón. Pero voy a insistir en esto. En una situación como esta, no se puede correr el más mínimo riesgo de que el abusador esté considerando seriamente matar a su pareja. Además, pienso que mi intervención en un problema marital tan lamentable fue una especie de respuesta instintiva para proteger a otro ser humano de un peligro inminente. Así que estoy convencido de que muchos de Ustedes hubieran actuado igual en una situación parecida.
Lo importante es que ahora ese hombre violento sabe que esa mujer no está sola (la mayoría de los abusadores se aprovechan del estado de indefensión de sus parejas); que hay personas que sabemos que él la amenazó de muerte (incluida la policía), y que estamos dispuestos a tomar medidas para impedir que él atque a su esposa y se convierta en asesino, o que sencillamente la vuelva a maltratar psicológicamente.
Para finalizar, unas breves reflexiones, estimados lectores. Es importante que entendamos que esos hechos tan lamentables no ocurren sólo en las novelas televisivas. Triste y preocupantemente, pasan a nuestro alrededor con más frecuencia de la que imaginamos. Por eso debemos estar atentos, y prestos a ayudar a las víctimas según nuestras posibilidades. Por ejemplo, si no queremos involucrarnos directamente, podemos denunciar al abusador de forma anónima.
Ningún hombre que maltrate psicológica o físicamente a una mujer (o viceversa, por supuesto) puede quedar impune. Debe ser denunciado y castigado.
Y como siempre repetimos ante hechos de violencia doméstica, el maltratador presenta problemas mentales y emocionales muy severos que requieren urgente atención epecializada, para bien de toda la comunidad. De ahí que cualquier castigo aplicado debe estar contemplado en las leyes y diseñado para lograr la reinserción de dicho individuo en la sociedad, sin que represente un peligro para nadie, nunca más.
Ahora, les pido por favor que todos me acompañen en esta oración: Energías protectoras, les pido con todas las fuerzas de mi ser que mi proceder haya sido correcto, y no ponga en peligro a mi familia. Y sobre todo, que haya sido para bien de esa desesperada mujer y madre amiga mía… y también para ese pobre hombre enfermo que le dijo que iba a matarla…
Ángel Rafael La Rosa Milano
«El sol brilla siempre dentro de ti»
Escrito por Ángel La Rosa