“Hija, yo también me porté mal” (2)

Mi tesoro, 

Cuando yo tenía como 5 años casi me lastimo muy fuertemente por estar jugando de manera peligrosa. Recuerdo muy bien que estaba sentado en la mecedora de mi abuela (la mamá de mi mamá)… pero antes de seguir, quiero decirte que esa mecedora era igual a la que hay en casa de tus abuelos japoneses, la que usa tu abuelito para ver televisión. Por cierto, cuando estabas recién nacida – un querube caído del cielo – y durante los próximos 6 meses, tu mamá y yo algunas veces te dormíamos con su plácido vaivén. Por ahí hay varias fotos donde te tenemos dormida en los brazos, mientras nosotros dormimos también. Y también recuerdo que tu abuelo venezolano (mi papá, el que aparece en la foto de la sala muy serio y elegante en su uniforme de coronel, y que como sabes murió ya hace unos 8 años) usaba también la mecedora que está en la casa de mi familia allá en Venezuela, para dormir a sus 3 nietos, hijos de mi hermana, tu tía. Recuerdo con muchísimo agrado que mi papá hizo eso con cada uno de sus adorados nietos por mucho tiempo, hasta que cumplieron 3 años de edad más o menos.

 Hija, sin querer, mira que historias bonitas salieron sobre mecedoras….

 Pero, a veces, las mecedoras también pueden ser peligrosas, sobre todo para los niños traviesos… Te contaba que estaba sentado en la mecedora de mi abuela. Bueno, de pronto comencé a mecerme muy duro, tanto que la mecedora se fue toda hacia atrás, y yo caí al piso aparatosamente, mientras emitía un fuerte grito, más por el gran susto que por otra cosa. Recuerdo que mi abuela llegó corriendo, muy asustada también. Pero al ver que no me había pasado nada, instintivamente me dio un buen regaño y una nalgada, por tremendo. Por cierto, hace años, cuando yo era chiquito como tú, la mayoría de los adultos pensaba que dar nalgadas a los niños (y otras reprimendas físicas) era correcto, pero ahora hay muchísimos, como papá y mamá, que piensan que eso no debe hacerse.  

 Mi preciosa, a esa edad, los niños hacen ese tipo de cosas peligrosas sin saber que son peligrosas. ¿Entiendes? Ningún niño quiere darse un golpe. Cuando juegan peligrosamente lo hacen sin pensar que puede pasarles algo malo. Yo, por ejemplo, estaba divirtiéndome mucho con el fuerte balanceo de la mecedora sin saber que aquel movimiento brusco podía voltearla, haciéndome caer violentamente.

 Gracias a mis ángeles guardianes, esa vez no me pasó nada, pero pudo haberme pasado. Por ejemplo, pude haberme roto un hueso, golpeado la cabeza, etc., y tú sabes muy bien lo malo que es eso.

 Así que, cuando estés jugando o haciendo cualquier cosa (sobre todo aquellas bruscas o difíciles para tu cuerpo), acuérdate de este cuento, y piensa si eso pudiera ser peligroso para ti o, también, puedes pregúntale a los adultos que están cerca de ti si puedes hacerlo.

 Juega mucho y cuidate mucho, mi corazón de melón.

 Papi

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