“Hija, yo también me porté mal” (3)

Mi princesita, es verdad que muchas de nuestras equivocaciones de niños son producto de la inocencia infantil; de la falta de experiencia en la vida. Pero, estoy seguro de que si te hablo oportunamente de mis propios errores de la infancia, y te explico claramente por qué no debí hacerlos, podrás entenderme, y evitar repetirlos.

 Cuando yo tenía unos 6 años, siempre me reunía con los amiguitos de mi edificio, por las tardes, después de la escuela, igual como hacen los niños de esa edad – y mayores- aquí en Japón y en muchas otras partes del mundo.

 Recuerdo que había un gato que siempre estaba cerca de nosotros cuando jugábamos, porque le gustaba mucho que lo acariciáramos. Ocurrió que un día uno de nosotros tuvo la muy mala idea de agarrarlo por la cola y lanzarlo muy fuertemente por el aire, igual que esa cosa pesada (“martillo”) que lanzan algunos deportistas en las competencias que papi ve a veces en la tele. El indefenso animal chilló mucho cuando estaba sujeto por la cola, y después cuando cayó muy duramente al piso.

No fui yo quien maltrató al gato. Pero eso no importa; yo compartí aquella fea maldad, así que también comparto la culpa.

 Aunque lo que pasó parezca una tontería; una simple travesura de niños, me produce cierta tristeza  y arrepentimiento, pensando en el miedo y el dolor que sintió aquel pobre animalito.

 Como bien sabes ya, hija querida, nunca bebemos lastimar a los animales (a menos que sea la única solución para defendernos de algunos muy peligrosos, grandes o pequeños que vayan a lastimarnos a nosotros, o que los necesitemos como alimento. Pero aun si el propósito es alimentario los humanos deberíamos evitarle el sufrimiento, cosa que no hacemos). Tu mamá y yo te lo hemos dicho desde que eras muy pequeñita, sobre todo cuando te llevábamos al parque, y te decíamos los nombres de todos esos animalitos chiquititos (insectos) que tanto te atraían.

 Mucha gente piensa que tu mami y yo exageramos cuando te recordamos, de tanto en tanto,  que por favor no mates insectos y demás animalitos (hormigas, mariposas, escarabajos, gusanitos, cigarras, etc.) por pura diversión. Pero te hemos explicado que para nosotros la vida humana, animal e incluso vegetal, es la obra más importante de todo el universo, y que tanto los animales como las plantas tienen su función en la naturaleza. Por ello debemos respetarlos y protegerlos, siempre que nos sea posible.

 Un día hasta tu mamá se sorprendió cuando le pedí que no matara a esos pequeños insectos voladores que rondan los desperdicios de comida en el lavaplatos, sobre todo en verano; esos que parecen mosquitos miniatura, pero sólo persiguen a la comida, no a la gente. Por cierto, hija, tú sabes bien que los mosquitos sí nos hacen daño al picarnos, y las moscas transmiten enfermedades en sus patas, por lo que hay que matarlos. Pero volviendo a los “avioncitos” de la comida, yo le explicaba un día a mami que últimamente cuando veo a alguno de esos animalitos inofensivos rondando la cocina, trato de imaginarme cómo sería ser uno de ellos (prometo que no estoy bromeando, jajaja), viendo el mundo que me rodea desde mi minúsculo cuerpecito, y con mi gran visión periférica, en busca de alimento. E imagino lo triste que sería que siendo yo ese animalito, de pronto venga alguien y ¡zas! acabe con mi existencia de una sola palmada…

 Claro que hay una diferencia muy grande entre lastimar a una hormiga que a un gato. Los gatos y demás animales domésticos tienen un nivel de inteligencia – se ha demostrado que también tienen su forma particular de sentimientos – que les permite convivir con nosotros los humanos, al punto de hacernos compañía y ayudarnos. Y precisamente por eso es tan importante que aprendamos a quererlos y cuidarlos.

 Así que, hija linda, si algún día ves a algún amiguito matando insectos sólo por divertirse, o lastimando mascotas (como hicimos mis amiguitos y yo con aquel gato indefenso), por favor dile de buena manera, pero con firmeza que no es una buena idea; que ellos no hacen daño a nadie; que los dejen vivir.

 Posiblemente, no te hagan caso. Pero no importa, mi preciosa. Primero, porque lo que hacen no es algo grave, en realidad, aunque a tu mamá y a mí no nos guste para nada. Segundo, porque son niños como tú y sencillamente, igual que pasó conmigo cuando tenía esa edad, no ven nada malo en eso; han aprendido que es una diversión más.

 Lo importante, mi vida linda, es que nosotros sí tratemos de proteger a los animales en todo momento. Esa será nuestra pequeña contribución para que este sea un mundo más bonito para ellos. Y para nosotros también.

 Papi

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2 Responses to “Hija, yo también me porté mal” (3)

  1. Neko_Lendy dice:

    Hola sr. Angel, tu pequeño espacio en internet para divulgar historias como estas, demostrándole ese amor de padre y enseñanza a tu pequeña princesa, me hace ver que un en este mundo de locos quedan personas como tú, me alegro mucho de haber encontrado este pequeño rincón en la red y leer grandes anécdotas como estas, Te felicito! Continua asi!

    • Ángel Rafael La Rosa Milano dice:

      Neko-Lendy (Leandra), me honras con tu visita. ¡Muchísimas gracias! Con mensajes como el tuyo me emociono y se me humedecen los ojos de alegría, pero también porque me sé imperfecto como el que más, y quisera merecer esos amables cometarios de la gente y la compañía de un ser tan puro y cariñoso como mi hija. Y aunque mi objetivo primordial no es obtener reconocimiento sino educar integralmente a mi hija y, de algún modo, confesar mis faltas a toda la humanidad, no puedo evitar sentirme muy bien cuando alguién aprecia lo que hago, como humano que soy. Pero estoy muy conciente de que es apenas un granito de arena en nuestra incesante labor de construir un mundo mejor para nuestros hijos y nietos, comenzando por la dificilísima e interminable tarea de mejorarnos a nosotros mismos. Dios te bendiga, apreciada amiga. Un beso y un abrazo.

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