Hola, mis muy estimados Soleros, A continuación, ponemos a su disposición información importante que nos hacen llegar muy gentilmente los amigos de la Fundación Internacional de Kanagawa ..................... Desde el 9 de julio del presente año, se inicia el Nuevo Sistema de Control de Estadía para los Extranjeros. ¿Ya ha chequeado Ud. los puntos relevantes de dicha reforma? En el siguiente vínculo (emitido por la CLAIR, Consejo de Administraciones Locales para las Relaciones Internacionales) encontará información sobre el nuevo sistema: http://m.r.cbz.jp/xquu6977/dvnw ...................................... Seguro de Salud Próximamente, se modificaran los criterios para inscribirse en el Seguro Nacional de Salud. Las personas que tienen estadía por mas de 3 meses deben estar atentas. Para más detalles, ver la siguiente página (aviso de la Prefectura de Kanagawa(español): http://m.r.cbz.jp/xquu6977/x4gt Seguidamente, hay otro vínciulo con explicación detallada sobre el Seguro Nacional de Salud emitido por la CLAIR, en español): http://m.r.cbz.jp/xquu6977/gvah .................................. ※En caso de que no pueda acceder mediante el vínculo, favor de hacernos saber por el: [infokanagawa@k-i-a.or.jp] ******************* Favor de dar a conocer a sus amigos y familiares sobre “INFO KANAGAWA”. Puede registrarse directamente por aquí: http://www.k-i-a.or.jp/shuppan/info_kanagawa.html
Nuevo Sistema de Control de Estadía / Renovación del Seguro de Salud
julio 11, 2012Prueba de los beneficios de la estimulación temprana
julio 7, 2012Hola, mis muy estimados Soleros.
Hoy quiero mostrarles algunos de los muchos resultados positivos que produce la estimulación temprana, tanto a nivel de idioma como a nivel musical.
Para ello me valdré de un par de videos de mi hija de 5 años, donde ella canta las versiones en español y en japonés de la archiconocida canción venezolana Moliendo Café.
Por favor, discúlpenme la muy humana y paternal vanidad. Pero lo que quiero destacar realmente es que con la estimulación apropiada, los niños pequeños son capaces de manejar dos – o más – idiomas sin problemas. Y en el caso de la múisca, pueden desarrollar el «oído musical» notablemente.
Vale destacar que, en los primeros años de vida, tanto el aprendizaje musical como el linguístico (entre otros) le permiten al niño potenciar su capacidad cerebral en aspectos como la expresión, la comunicación, el razonamiento, etc.. Eso sin mencionar las infinitas cantidades de felicidad que nos proporcionan nuestras adorables criaturitas haciendo tantas proezas…
Dicho esto, aquí les muestro estos muy modestos videos caseros:
Versión japonesa de Moliendo Café (Coffee Rumba, o coji lumba, como suena en japonés):
http://www.youtube.com/watch?v=gRJNVWVJ8Lk
Moliendo Café (instrumentación de karaoke, del dúo Azúcar Moreno):
http://www.youtube.com/watch?v=lAeIlyJsczQ
Amigos soleros, muchísimas gracias por su tiempo y su atención,
SOL, Servicio y Orientación al Latino
«El sol brilla siempre dentro de ti»
Hija yo me porté mal: Me burlé de una amiguita
junio 26, 2012
Amada hija, a veces, los niños pueden ser crueles con otros niños. Eso quiere decir que pueden tratarlos mal, ya sea fastidiándolos solamente (con palabras o maldades “suaves”), o lastimándolos realmente (con palabras o maldades “fuertes”).
Algunas personas piensan que es normal que los niños sean crueles de vez en cuando, porque “son más inocentes y honestos que los adultos”, pero yo no estoy muy seguro de que eso sea verdad. Me parece que los niños pueden ser buenos y amigables con los demás niños y con todas las personas, todo el tiempo, si su padres los enseñan a ser así desde que son muy pequeñitos.
Para saber si mi idea es correcta, me puse a pensar si en estos 5 años tú alguna vez fuiste violenta, o simplemente brusca o grosera con otros niños – o adultos – y por más que traté de recordar no encontré ni una sola vez. Además, le pregunté a tu mamá, y me dijo que tampoco recordaba ningún momento así.
Mi princesita, aprovecho para felicitarte con todo mi corazón por ser una niña tan buena, y para darle gracias a nuestros ángeles y a la vida por esa bendición.
Por cierto, en Internet conseguí algo sobre lo que estamos hablando, escrito por otra persona y muy parecido a lo que yo pienso: http://pettro-desdemirincon.blogspot.jp
Lo que quiero contarte hoy es que estando yo en 3er. ó 4to. grado de primaria, con unos 8 años de edad, había una compañerita de clase de quien algunos amigos y yo nos burlamos una vez, porque sus labios eran un poco más grandes de lo normal. Le dijimos malas palabras,y le pusimos un sobrenombre muy feo: ”boca’ e sapo”. También recuerdo que en esa época, en Venezuela, había una palabra que usábamos cuando alguna cosa o situación no nos gustaba para nada: “zape”. Entonces cuando esa amiguita estaba cerca de nosotros le decíamos “boca’e sapo, zape”, y nos íbamos corriendo.
Hija querida, ese recuerdo me hace sentir triste. ¿Te imaginas lo mal que se sentió esa niña cuando nosotros, sus compañeros de clase, la llamamos así? Yo no puedo acordarme de cómo respondió ella a nuestras burlas, pero seguramente se puso muy triste. Y es que al ponerle ese mote tan feo, no solamente nos estábamos burlando de ella, sino que la estábamos apartando de nosotros.
Algunos doctores dicen que la tristeza y la rabia que sienten algunos niños que son molestados por otros puede durarles muchos años de su vida, hasta que son grandes. Y hay niños – y adultos – que pueden enfermarse si sienten una tristeza muy grande.
No puedo recordar si molestamos a esa niña más de una vez, (en mi mente guardo la imagen de una sola), pero eso no importa, porque fue algo muy feo; algo que ahora me duele bastante haberle hecho a esa amiga del colegio; algo que no debemos hacerle nunca a nadie, hija mía.
Yo lamento mucho que mis amiguitos y yo, aunque éramos pequeños, hayamos sido tan estúpidos y groseros para decirle algo así de feo a esa niña compañera nuestra, y lamento que ningún adulto lo supiera, para que nos regañara como merecíamos y nos explicara por qué no debíamos hacer eso.
Tu mami y yo nos preocuparíamos y nos pondríamos tristes si alguno de tus amiguitos de la guardería se burlara de ti o te lastimara (también si tú se lo haces a ellos). Y seguro que hablaríamos con tus maestras y con los padres de esos niños.
Mi corazón, aunque nos parezca que algunas personas son bonitas y que otras no lo son, debes saber que todas las personas del mundo son bonitas, y merecen ser tratadas con cariño y respeto. Y si alguien tiene algo que no nos gusta (en su cara, en su cuerpo o en su forma de ser), no tenemos que pensar solamente en eso, sino en todas muchas otras cosas buenas que tiene esa persona. Además, debemos pensar que nosotros también tenemos muchas cosas que tal vez a otras personas no les gustan. Pero nos sentiríamos muy molestos y tristes si esas personas se burlaran de nosotros y nos hicieran maldades por esa razón.
Entonces, mi angelito, con esta historia quiero pedirle perdón a esa amiga del colegio (afortunadamente, en todos estos años siempre hemos sido buenos amigos, pero nunca me disculpé con ella. Espero hacerlo algún día), y a todas las niñas del mundo, por haber sido un niño malo aquella vez; por no haber sido un “caballerito” con mi amiga (si algún día tienes un hermanito varón lo voy a enseñar a ser muy cariñoso y respetuoso con todas sus amiguitas, con todos los niños y con todas las personas).
Y ahora que soy grande quiero corregir aquel error infantil, enseñándote a ti que eso no se hace, y siendo un hombre muy protector y paternal con todos los niños. Pero muy especialmente con las niñas. Para que sepan que por ser mujeres son muy importantes, y que la vida de nosotros los hombres es más bonita porque ellas están en el mundo. Y también, porque mi mamá, mi esposa y mi hija son mujeres…
Dios te bendiga, mi adoración.
Papi
«Si te portas mal te lleva la bruja»
junio 24, 2012«Que viene el coco» o el mal uso del miedo
(extracto de un artículo encontrado en www.solohijos.com)
Los niños, como cualquier persona, evitan acercarse a aquellas situaciones que les dan miedo. Su imaginación es, durante esta edad, una máquina muy potente. Por eso es tan efectivo utilizar el miedo para evitar una conducta que no se desea.
Nuestro hijo, bajo la amenaza del coco, el cuarto oscuro, el hombre del saco o la bruja pirula, se comportará como un santo. Pero ¿sabemos realmente lo que estamos haciendo? Muchos padres utilizan la técnica de «meter miedo» para que sus hijos se comporten de una determinada manera. Pero es muy diferente explicar que hay cosas peligrosas que no deben hacerse, que utilizar y crear miedos para controlar la conducta de los hijos a lo que los padres desean. Y eso no está bien.
El recurso al miedo para controlar el comportamiento infantil es una práctica educativa muy inadecuada y peligrosa. Funciona al momento, pero a largo plazo puede desarrollar problemas muy serios: fobias, ansiedad y angustia que pueden no superarse nunca. De la misma manera, los castigos no pueden ser generadores de miedos. Nunca debemos castigar a nuestro hijo haciéndole pasar un mal rato como el de enfrentarle a algo que le dé miedo.
Enseñar con miedo genera niños inseguros
(Extracto de un artículo publicado en www.vanguardia.com/historico/44423-ensenar-con-miedo-genera-ninos-inseguros)
Había una madre que no conseguía que su hijo pequeño regresara a casa de jugar antes del anochecer. Para asustarlo le dijo que había unos espíritus que salían al camino tan pronto se ponía el sol. Desde aquel momento, el niño ya no volvió a retrasarse. Pero cuando creció, tenía tanto miedo a la oscuridad y a los espíritus que no había manera de que saliera de noche.
Entonces, su madre le dio una medalla y lo convenció de que mientras la llevara consigo los espíritus no se atreverían a atacarlo.
El muchacho salió a la oscuridad bien asido de la medalla. Su madre había conseguido que, además del miedo que tenía a la oscuridad y a los espíritus, se le uniese el miedo a perder la medalla.
Anthony de Mello, un reconocido autor de diversos libros con enseñanzas espirituales, recopiló esta historia que muestra que enseñar con miedo sólo consigue que los niños crezcan inseguros.
En algunas ocasiones los padres advierten a los niños que si no obedecen o si no se portan bien, «el coco se los comerá» o «la bruja se los llevará».
Aparentemente esta es una salida eficaz para conseguir lo que se quiere del niño, pero a largo plazo no es la mejor.
Infundir miedo o terror en los niños puede resultar una aventura peligrosa, advierte la sicopedagoga Carmen Velasco.
Cuando los niños no tienen suficiente madurez como para entender que lo que les asusta no es real, se les causa angustia y se sienten vulnerables, comenta la especialista. Según Velasco, un sentimiento de terror en la infancia puede ser muy difícil de superar.
El niño puede volverse temeroso, lo que le causará inseguridad y por esto le será difícil superar obstáculos, comenta.
Es comprensible que los padres sientan que en determinado momento asustar al niño es el único recurso para conseguir un buen comportamiento, pero es importante tener presente que si el niño es muy pequeño, es posible que estos terrores se conviertan en una incapacidad para desarrollarse felices dentro del mundo.
Existen otros casos en los cuales el terror no sólo se utiliza para obtener un buen comportamiento, también para alejarlos del peligro.
Para Erika Córdoba, Fonoaudióloga y madre de un niño de 10 años, los peligros a los cuales se verá enfrentado su hijo es un tema muy difícil de manejar.Cuando son bebés es todo mas fácil porque están absoluta y completamente bajo nuestro cuidado, aunque demanden de más atención.
Trato siempre de que mi hijo tome conciencia y se cuide mucho de los extraños, siempre le recomiendo:nunca te separes del grupo, no hables con extraños, desconfía de lo que no conoces, cuenta Erika, quien precisa que su inquietud apareció cuando una colega suya le hizo una reflexión: si continuaba hablando a su hijo de todos los peligros, sólo conseguiría que creciera como una persona insegura y temerosa.
Tal vez tenga razón mi colega, pero es difícil hacer que un niño sea seguro de si mismo y a la vez malicioso para que sepa cuidarse, puntualiza Erika.
La psicopedagoga Carmen Velasco asegura que lo importante es explicarle al niño que existen peligros en el mundo pero que puede protegerse utilizando unos determinados protocolos de seguridad que los padres deben enseñarles.
Según la experta, los niños entenderán que sus padres confían en ellos, en sus capacidades y se sentirán más conectados e impulsados a contar las situaciones en las cuales ven amenazada su integridad.
Sol, Servicio y Orientación al Latino
«El sol brilla siempre dentro de ti»
Jóvenes adictos a los video juegos y a la pornografía
junio 12, 2012(El siguiente es un artículo de CNN, traducido del inglés al español por Ángel La Rosa, fundador del sitio SOL: http://edition.cnn.com/2012/05/23/health/living-well/demise-of-guys/index.html )
Muchachos paralizados: Como los video juegos y la pornografía en línea están destruyendo a una generación
CNN — El psicólogo, Philip Zimbardo es profesor emeritus de la Universidad Standford, y goza de fama mundial por su investigación del año 1971, “El experimento de la cárcel de Stanford”. El Dr. Zimbardo escribió, con la ayuda de la artista y psicóloga Nikita Duncan, “Muchachos paralizados: ¿Cuál es el problema que están enfrentando los hombres jóvenes y cómo podemos ayudarlos?” (The Demise of Guys: Why Boys Are Struggling and What We Can Do About It), publicado por TED Books.
CNN— ¿El uso exagerado de los video juegos y la capacidad invasora de la pornografía en línea están “paralizando” a los muchachos?
Cada vez más investigadores lo afirman: en la búsqueda de diversión tecnológica, los hombres jóvenes se hacen adictos a la excitación, en detrimento de sus estudios y de sus relaciones personales.
Cualquier adicto al juego, el alcohol o las drogas necesita jugar más o consumir más de una droga o bebida para experimentar el mismo nivel de euforia. Pero la adicción a los video juegos y a la pornografía es diferente. Es una “adicción a la excitación”. Aquí el atractivo está en la novedad, en la variedad o en el factor sorpresa del contenido. Más de lo mismo aburre; lo novedoso aumenta la estimulación. En cambio, en la forma tradicional de obtener placer consumiendo drogas, los adictos prefieren la misma cocaína o la misma heroína, por ejemplo.
Las consecuencias pueden ser desastrosas: El consumo excesivo de video juegos y de pornografía en línea, en la búsqueda de lo “último”, está creando una generación de muchachos que le temen a los riesgos, que no pueden (y no quieren) enfrentarse a las dificultades propias de la vida real, ya sea en las relaciones personales, en los estudios o en el trabajo.
Las historias sobre esta degeneración abundan: en 2005, el surcoreano Seungseob Lee sufrió un paro cardíaco tras jugar “StarCraft” por casi 50 horas seguidas. En 2009, el programa “True Life” de MTV, mostró la historia de un hombre llamado Adam, cuya esposa tuvo que expulsarlo de la casa (tenían 4 hijos) porque él no podía dejar de ver pornografía.
El noruego Anders Behring Breivik, acusado de asesinato en masa, explicó durante su juicio que se había preparado física y mentalmente para perpetrar su atentado contra 77 personas, jugando “WorldCraft” durante un año, y “Call of Duty”, 16 horas al día.
Los estudios en este campo se remontan a 50 años. En 1954, los científicos Peter Milner y James Olds descubrieron el centro de placer del cerebro. En los experimentos, se envió una señal eléctrica al sistema límbico del cerebro de una rata, siempre que ésta se movía hacia una zoma específca de su jaula. El sistema límbico es el encargado de controlar aspectos como las emociones, la conducta y la memoria. Los investigadores suponían que si el estímulo era desagradable las ratas permanecerían alejadas de esa zona de la jaula. Ocurrió que las ratas continuaron regresando a esa parte de la jaula una y otra vez.
En experimentos posteriores, se logró que las ratas presionaran un dispositivo estimulador libremente, y éstas terminaron estimulándose cientos de veces por hora. Incluso cuando se les daban dos opciones: comer cuando tenían hambre o estimular su centro de placer, las ratas elegían estimularse hasta que quedaban exhaustas, a punto de morir.
Este nuevo tipo de excitación adictiva mantiene a los usuarios atrapados en un estado de tiempo presente, prolongado y hedonístico. El pasado y el futuro están lejanos en el tiempo, mientras que el presente se prolonga dominándolo todo. El momento presente es totalmente dinámico, con imágenes que cambian constantemente.
Un estudio reciente, realizado por el Centro de Control y Prevensión de Enfermedades, arrojó que “los consumidores frecuentes de pornografía tienen más probabilidad de padecer depresión y problemas de salud que los no consumidores… La razón es que la pornografía puede iniciar un ciclo de aislamiento… puede convertirse en un substituto de las interacciones personales normales, ya sean sociales o sexuales”.
Del mismo modo, los video juegos también son perjudiciales cuando los usuarios reducen sus interacciones con las demás personas en el mundo real.
En los video juegos, la violencia a veces está asociada al éxito. Los niños con más propensión a la violencia son más atraídos por los videos violentos, pero los videos violentos, a su vez, pueden hacer que ellos se tornen más agresivos. Esto pudiera deberse a que la mayoría de los video juegos recompensan a los usuarios por sus acciones violentas, generalmente permitiéndoles avanzar al próximo nivel del juego.
De hecho, una investigación publicada en el Informe Anual sobre Salud Pública sugiere que existe un vínculo entre los video juegos violentos y las agresiones en la vida real: “Dada la oportunidad, tanto adultos como niños mostraron mayor agresividad luego de experimentar con juegos violentos. Y, aquellas personas que se identifican a sí mismas con personajes violentos de los videos actúan agresivamente mientras los juegan, lo que refuerza su conducta violenta.
Los hombres jóvenes que más usan los video juegos y la pornografía están influenciados digitalmente de una manera totalmente nueva, que requiere estimulación constante. Y sus cerebros vulnerables y en desarrollo están siendo complacidos por video juegos y pornografía “a la carta”, con una variedad infinita, con sólo hacer clic. Y, al mismo tiempo, esos nuevos cerebros no funcionan correctamente en una clase tradicional de aprendizaje, la cual es análoga, estática y pasiva en lo que a interacción se refiere. Lo académico se basa en la aplicación de lecciones pasadas para resolver problemas futuros; en la planificación; en la posterioridad de la recompensa; en la importancia del estudio frente al juego, y en la fijación de metas a largo plazo.
Los muchachos tampoco son capaces de mantener relaciones románticas, las cuales tienden a construirse gradual y cuidadosamente, y exigen interactuar, compartir, desarrollar confianza, y reprimir el deseo sexual, al menos hasta que llegue el “momento adecuado”.
Los casos menos graves de adicción a la excitación pueden pasar desapercibidos o ser diagnosticados como problemas de atención o de carácter. Lo cierto es que enfrentamos un problema de alcance nacional, o incluso mundial con consecuencias terribles para los muchachos. Un problema que requiere toda nuestra atención, y soluciones diseñadas para contrarrestar un fenómeno totalmente nuevo, el cual aumentará irremediablemente en magnitud e intensidad, si no hay un esfuerzo concertado entre los padres, los educadores, los creadores de video juegos, y los muchachos y las muchachas.
Es tiempo de apretar “play” y prepararnos para revertir estas tendencias.
Temores infantiles
mayo 26, 2012«Mi hijo le tiene miedo a…»
Recientemente, un matrimonio conocido mío me comentó que su hijo de 2 años le tenía pánico a algunos insectos muy pequeños. Tanto, que últimamente se rehusaba a caminar cuando salían de la casa, por temor a encontrárselos en el suelo.
Al preguntarles qué pensaban hacer al respecto, me dijeron que tal vez lo mejor era hacer que el niño pisara a los insectos. Imagino que para demostrarle que éstos, al ser tan pequeñitos, son absolutamente inofensivos y no pueden hacerle ningún daño. Es decir, enfrentarlo con la causa de su temor, como recomienda el conocimiento popular – no siempre actualizado – y algunos especialistas aun hoy en día.
Esa conversación me hizo pensar en mi propia experiencia familiar con los miedos pasados y presentes de mi hija de 5 años. Y, como suele ocurrir en estos casos, también me llevó a investigar sobre el particular: temores infantiles.
Definitivamente, lidiar con los miedos de nuestros hijos puede resultar complicado. Y una de las razones es que, como es de suponerse, los adultos generalmente no percibimos las amenazas que sí perciben ellos. Lo que para ellos es peligroso, pudiendo llegar incluso a aterrorizarlos, para nosotros no es tal. Esto pareciera obvio. Pero, la realidad es que los padres no siempre estamos conscientes de ello; se nos olvida que los niños ven el mundo de manera muy distinta a nosotros, y eso nos hace, involuntariamente, minimizar sus miedos.
En el caso de mi hija, admito que en nuestro deseo de ayudarla a superar prontamente algunos de sus temores, inicialmente fuimos algo severos con ella (aunque mi esposa menos que yo). Por ejemplo, cuando sentíamos que su miedo era totalmente infundado, y tras razonar largamente con ella sin éxito, algunas veces la presionábamos diciéndole que le quitaríamos temporalmente algunas de sus actividades favoritas. Ese enfoque nos parecía correcto porque, al menos, no la forzábamos directamente a hacer aquello que la asustaba; le dejábamos la elección a ella y, además, siempre permanecíamos a su lado vigilantes.
El problema es que de todas maneras la situación era muy perturbadora para nuestra pequeña hija. Primero, porque ella, lógicamente, para no ser castigada, a veces cedía a la presión. Y aunque al final terminara comprobando por sí misma (aunque sólo momentáneamente) que, tal como decíamos papá y mamá, no había razones para temer, ese momento, insisto, era bastante estresante para ella. Segundo, porque si su reacción de temor ameritaba un castigo, por leve que éste fuera, entonces ella sentía (porque eso era lo que, sin querer, le estábamos transmitiendo) que experimentar miedo era portarse mal, lo cual, obviamente, también le generaba confusión y angustia.
Afortunadamente, aquel erróneo proceder no duró mucho en realidad. Además de que la propia reacción de nuestra hija indicaba claramente que el enfoque estaba fallando, recordé algunos casos de familiares y conocidos que terminaron desarrollando temores muy fuertes (fobias). Ellos creen que su fobia se debe a que siendo pequeños eran obligados duramente a efrentarse al objeto de dichos temores, lo cual les creo una especie de trauma.
Lo cierto es que la observación de las reacciones de nuestra hija, y algunas lecturas sobre los temores infantiles (A continuación mostramos uno de ellos, que recomendamos altamente a los padres con hijos pequeños), nos hicieron adoptar una actitud aun más comprensiva hacia ella, sin presiones; encontrando soluciones intermedias, satisfactorias para todos, y alabándole suficientemente sus logros diarios en la superación de sus miedos.
Los resultados han sido casi milagrosos…
Miedos infantiles
(El siguiente texto fue extraído de Internet, pero debido a un error en la edición perdimos la página web de origen. Pedimos disculpas. Procuraremos encontrarla nuevamente para anexarla).
1- Introducción
Los miedos en general y cualquiera de sus modalidades en la etapa infantil suponen un fenómeno universal y omnipresente en todas las culturas y tiempos. La única explicación a esta regularidad es que el miedo debe tener un importante componente de valor adaptativo para la especie. En pequeña escala, estas sensaciones que se viven como desagradables por parte del niño o adolescente pueden cumplir una función de supervivencia en el sentido de apartarle de situaciones de peligro potencial (no acercarse a ciertos animales, no entrar en sitios oscuros, etc.). Sin embargo, cuando este miedo es desadaptativo (no obedece a ninguna causa real de peligro potencial o se sobrevaloran las posibles consecuencias) el resultado es un enorme sufrimiento por parte del niño que lo padece y sus padres. El miedo, puede entonces condicionar su funcionamiento y alterar sensiblemente su capacidad para afrontar situaciones cotidianas (ir a dormir, ir a la escuela, estar sólo, etc.).
No hay duda que los miedos son evolutivos y “normales” a cierta edad, cambiando el objeto temido a medida que el niño crece y su sistema psicobiológico va madurando. La tendencia natural será a que éstos vayan desapareciendo progresivamente. En otras ocasiones, podemos hablar abiertamente de temores o miedos patológicos que pueden derivar hacia trastornos que necesitan atención psicológica (ansiedad, fobias). Establecer la frontera entre uno y otro (normalidad-patología) no siempre es fácil y dependerá mucho de la edad del niño, la naturaleza del objeto temido y sus circunstancias, así como la intensidad, frecuencia, sufrimiento y grado de incapacitación que se produce en el niño.
2- Miedo
Un niño puede sentir un miedo natural ante la presencia de un perro grande mostrándose reacio a tocarlo y manteniéndose discretamente a cierta distancia (le tiene miedo). En otro niño la simple visión del perro o su ladrido puede despertar la necesidad de correr inmediatamente, sintiendo un malestar profundo y necesitando alejarse a mucha distancia para tranquilizarse. En éste último caso no ha habido ninguna causa objetiva que pueda justificar el temor del niño (salvo en el caso de que el niño hubiera sido víctima con anterioridad de la acción de algún perro). Las expectativas de que el perro le pueda atacar cuando va acompañado de sus padres y el perro se encuentra a distancia y va atado son irracionales. Ha este miedo irracional le llamamos fobia
3- Curso evolutivo de los miedos
a) Primera infancia
Los diferentes estadios de desarrollo conllevan asociados la preponderancia de un tipo u otro de miedos. Según algunos autores, los bebés no comienzan a manifestar el sentimiento de miedo antes de los seis meses de vida. Es a partir de esa edad cuando empiezan a experimentar miedos a las alturas, a los extraños y otros. Estos tres tipos de miedo se consideran programados genéticamente y de un alto valor adaptativo. De hecho su presencia denota un cierto grado de madurez en el bebé.
A esta edad también surge la ansiedad de separación de la figura de apego.
Entre el año y los dos años y medio se intensifica el miedo a la separación de los padres a la que se le suma el temor hacia los compañeros extraños. Ambas formas de miedo pueden perdurar, en algunos casos, hasta la adolescencia y la edad adulta, tomando la forma de timidez. Lo habitual es que vayan desapareciendo progresivamente a medida que el niño crece.
Es en esta etapa, cuando empiezan también a surgir los primeros miedos relacionados con pequeños animales y ruidos fuertes como pueden ser los de una tormenta.
b) Etapa preescolar (2,5-6 años)
Se inicia una evolución de los miedos infantiles. Se mantienen los de la etapa anterior (extraños, ruidos, etc.) pero van incrementándose los posibles estímulos potencialmente capaces de generar miedo. Ello va en paralelo al desarrollo cognitivo del niño. Ahora pueden entrar en escena los estímulos imaginarios, los monstruos, la oscuridad, los fantasmas, o algún personaje del cine. La mayoría de los miedos a los animales empiezan a desarrollarse en esta etapa y pueden perdurar hasta la edad adulta.
4- Posible origen de los miedos
Independientemente de la programación genética del niño para desarrollar los miedos evolutivos normales de la infancia, se han apuntado algunos factores que pueden incidir significativamente sobre los mismos.
Una de las variables estudiadas han sido los patrones familiares. Según algunos estudios, los padres con tendencia a ser miedosos y/o con más trastornos de ansiedad suelen tener hijos con miedos o ansiedad, en mayor proporción que los padres “normales”. Algunas teorías explican esta hipótesis en base a que los hijos buscan y captan la información sobre la reacción emocional de sus cuidadores ante situaciones de incertidumbre. A través del modelado (aprendizaje que efectúa el niño por observación de un modelo) una madre puede alterar o modelar los miedos de sus hijos en función de las emociones que manifieste o que el niño perciba.
Otro mecanismo de adquisición o potenciación de los miedos es la información negativa (instrucciones verbales). Una información negativa sobre alguna situación o estímulo concreto puede ser una fuente que genere el temor. La capacidad de convicción vendrá condicionado por lo relevante que resulte para el niño la persona que emita la información.
En algunos casos, es correcto levantar temores, por ejemplo por parte de los padres, acerca de determinados riesgos que corren, en especial, los adolescentes. No obstante, también pueden darse informaciones erróneas por parte de personas ajenas a la familia que pueden provocar miedos injustificados. En la etapa adolescente se suele creer más a los compañeros a que a los padres.
Hay un tipo de miedos que se adquieren por aprendizaje directo como es el miedo a no poder respirar. Sería el caso de niños que han sufrido ataques de asma o se han despertado repentinamente por la noche con la sensación de no poder respirar.
Otra forma de adquisición es por condicionamiento. Supongamos un niño que de pequeño sufrió quemaduras importantes al jugar con un petardo que le explotó en las manos. Probablemente la simple visión de los mismos o su estruendo le provoquen miedo y rechazo, tanto más cuanto mayores fueron las consecuencias.
Finalmente apuntar como posible generador de miedos en niños, otras experiencias vitales desagradables o traumáticas, como presenciar malos tratos, peleas o situaciones que le impacten emocionalmente (accidentes, muerte de algún ser querido, etc.). En el peor de los casos, estos miedos pueden derivar en trastornos clínicos como fobias específicas, ansiedad generalizada o estrés post-traumático.
Igualmente, no es aconsejable la visualización de programas de televisión, películas u otros que contengan imágenes violentas o de terror cuando el niño aún no presenta una edad adecuada para separar nítidamente la ficción de la realidad.
5- Orientaciones para combatir el miedo infantil
1- En primer lugar vivir la situación del niño con tranquilidad, sin mostrar (al menos delante de él) preocupación o angustia. Recordemos que el modelado, es decir, los comportamientos que el niño observa de los padres son los patrones que interioriza. Padres excesivamente preocupados pueden ser un mal modelo y aumentar la tensión.
2- No forcemos al niño a efectuar aquellas conductas que teme. Hay que trazar un plan de forma que podemos crear aproximaciones sucesivas. Por ejemplo, un niño que teme a la oscuridad, no podemos pretender que lo supere inmediatamente por mucho que se lo razonemos. Hay que crear una gradación de situaciones (p.e. diferentes habitaciones con distintos grados de iluminación hasta llegar a la oscuridad total) para que el niño vaya progresando. Tras la permanencia un determinado tiempo en una de estas habitaciones podemos reforzarle con algún premio o efectuar alguna acción de su agrado. El próximo día probaremos en otra un poco más oscura. Hay que avanzar paulatinamente. No dar importancia a los retrocesos y celebrar los pequeños pasos. La solución a los miedos no es evitarlos sino enfrentarnos a ellos. Sin embargo, en el caso de los niños, debemos hacerlo con calma y con mucho sentido común. Utilice el juego y la imaginación.
Algunas técnicas psicológicas utilizan la llamada escenificación emotiva en donde las diversas aproximaciones del niño al objeto o situación temida van acompañadas de instrucciones previas en el que ha de adoptar el papel de ayudante o colaborador de algún héroe de ficción de su elección. El niño se imagina que está ayudando a su heroe favorito en la consecución de alguna misión. No obstante estas técnicas deben ser aplicadas y controladas por un profesional ya que forman parte de lo que se conoce como desensibilización sistemática. Se trata del tratamiento psicológico más utilizado en trastornos de miedos, fobias y ansiedad.
3- Una forma muy eficaz de actuar es mediante el modelado. Uno de los padres puede efectuar la conducta temida (p.e. estar en la habitación a oscuras) para enseñar al niño que no sucede nada. No obstante, el modelado es más eficaz cuando el modelo es de la misma edad del niño. En especial, terapias efectuadas en grupo de iguales para exponerse a los estímulos temidos (oscuridad, animales, etc.) han resultado muy eficaces en niños.
4- Evitar siempre ridiculizar al niño por sus miedos, en especial, delante de sus compañeros. No reírse de él, no castigar ni sermonear. La atención debe estar dirigida a las posibles soluciones no a las consecuencias punitivas.
5- Evitar el visionado de películas, juegos o actividades que comporten violencia, miedo o terror. Procurar que las personas de su entorno no lancen mensajes amenazadores (si no comes llamaré a….; si no te portas bien se lo diré a…..). No se trata de aislar o sobre proteger al niño. Hasta cierto punto el niño debe ir integrando las diferentes emociones y el miedo forma parte natural de nuestra vida desde el inicio. No obstante, siempre será de gran ayuda que estas emociones estén reguladas por el consejo y el acompañamiento de los padres.
6- Puede resultar también útil, según el caso, la introducción de alguna técnica de relajación.
7– Estas instrucciones son generales y deben ajustarse a la edad del niño y sus características.
8– Cuando los miedos son más severos, persistentes y alteran significativamente el funcionamiento del niño en su entorno familiar, escolar o social, podemos encontrarnos con trastornos que ya no formarían parte del ciclo evolutivo “normal” sino que deberían ser objeto de tratamiento especializado (fobias específicas, trastornos de ansiedad u otros). Ante cualquier duda consulte con un profesional de la salud.
Hija, yo me porté mal: Lancé objetos a los conductores
mayo 17, 2012Mi bellísima, algunas de la faltas que cometí siendo pequeño – como la que te contaré hoy – aunque las llamemos “travesuras infantiles” pudieron haberle causado mucho daño a otras personas. Es muy cierto que cuando niño yo no tenía idea de que pudieran ser tan peligrosas para los demás, pero ahora, después de tantos años, las recuerdo y veo con claridad que pude haber lastimado muy seriamente a alguien. Y eso, hija mía, me hace sentir mucho miedo, arrepentimiento y vergüenza.
Así que, contarte esta anécdota es muy difícil para mí. Pero lo hago – como siempre te explico – con la esperanza de que tú puedas aprender algo de mis muchos errores o, mejor todavía, no los cometas. Sobre todo aquellos que, como me pasó a mí cuando era un muchachito, puedan ponerte a ti y a otras personas en serio peligro. Y algo muy importante: Esta vez también lo hago para disculparme muy sinceramente contigo, con todas las personas del mundo y con mi “Dios”, por haber hecho algo tan malo. Pienso que pedir perdón y arrepentirnos es necesario; es muy importante. Pero también pienso que además de eso siempre tenemos que hacer acciones que traigan cosas buenas para los demás y para nosotros mismos.
Me parece que yo tenía entre 8 y 9 años, un día que estaba jugando con mis amiguitos en una pequeña colina ubicada en mi sector. Tenía la altura de una casa de dos pisos, más o menos, y estaba separada de una carretera a unos 60 ó 70 pasos largos de persona adulta.
No puedo recordar a quién de nosotros se le ocurrió la muy mala idea de lanzar hacia la carretera (por la que siempre pasaban muchos carros que iban muy rápido) un par de neumáticos viejos que nos encontramos tirados por ahí.
Créeme, mi linda, que después de tantos años que han pasado desde que mis amigos y yo hicimos aquello, apenas hace poco, mientras trataba de recordar cosas que contarte, vi, por primera vez, el gran daño que pudimos haber hecho a los conductores que pasaban por ahí en ese momento. Estoy bien seguro de que por mi mente no pasaba la idea de lastimar a alguien. Pero, aun sin querer pudimos haber provocado una tragedia.
Afortunadamente, no pasó nada grave (o al menos eso es lo que vimos desde donde estábamos). Pero tengo que decirte con mucho dolor , mi ángel, que esos neumáticos bajaron rodando con tanta fuerza que pudieron haber producido un terrible accidente, donde las personas quedaran muy lastimadas y hasta muertas. Y eso, como tú bien sabes, hubiera sido algo muy malo, muy horrible, muy triste para mí y mi familia, pero, sobre todo para las personas lastimadas y sus seres queridos.
Ya ves, mi adoración, como algunas travesuras de niños son en realidad acciones bastante dañinas para los demás y para nosotros mismos. Insisto, es verdad que cuando somos pequeños no sabemos que esos juegos pueden dañar tanto a alguien. Por eso yo sigo pensando que debo contarte sobre esas faltas que cometí, y explicarte bien las cosas malas que pudieran haber pasado, porque es posible que tú no las hagas; que tú seas más cuidadosa que yo cuando tenía tu edad; que seas mejor persona que yo, y así puedas tener una vida con muchísimos momentos bonitos y muy poquitos momentos tristes. Y así ayudarás a que el mundo sea un mejor lugar para todas la personas que viven en él.
Dios te bendiga, mi princesita.
Te amo,
Papi
Lactancia materna
mayo 13, 2012¡FELIZ DÍA, MADRES DEL MUNDO ENTERO!
Este escrito de hoy, con motivo de una fecha tan especial, quise dedicarlo especialmente a aquellas felices y orgullosas madres que dieron a luz recientemente, y a las que lo harán pronto.
Lactancia materna: un mágico dar y recibir entre la madre y el bebé
Hoy en día, son más y más las madres en el mundo entero que están optando por no amamantar a sus bebés. Hay muchos factores que propician esta tendencia, sobre todo en los países más desarrollados: Desde una sociedad que privilegia la imagen de mujeres ultra independientes (tanto en lo personal como en lo familiar), pasando por precauciones estéticas, hasta la real imposibilidad física de dar pecho que tienen algunas mujeres. Pero, no nos proponemos ahondar en dichas razones, sino llamar la atención sobre la importancia vital de la lactancia materna para el bebé, y también para mamá.
¿Existe algo más enternecedor que la escena de un bebé acurrucadito en los brazos de su madre tomando teta? Pero, ni siquiera esa imagen tan poderosa, con todo lo que encierra, puede evitar el descenso de los niveles de lactancia materna a nivel mundial
Ahora, pensemos por un momento en la naturaleza y en todas las especies de mamíferos, como nosotros. Detengámonos en la siempre divertida y tierna imagen de las crías pegaditas a la teta de la madre, “llueva, truene o relampaguee”. Sin importar cuánto hemos evolucionado los humanos, diferenciándonos del resto de los mamíferos, modificando esta condición natural esencial en las madres, hay algo que nos dice que así como lo dicta la Madre Naturaleza es como debería ser; que en la creación universal debe haber una muy buena razón para ello.
La lactancia materna es mucho más que una forma de alimentar a los recién nacidos, incluso mucho más que “la mejor forma” de alimentarlos. Cuando una madre da pecho a su bebé está prolongando y fortaleciendo el especial e inquebrantable vínculo psico-físico entre ella y esa criaturita que se gestó y creció en su interior; le está garantizando que fuera del “perfectamente cómodo” vientre materno estará igual de protegida en el acogedor seno de su mamá, con todas sus necesidades materiales y emocionales satisfechas.
Aunque está científicamente comprobado que las propiedades naturales de leche materna la hacen el alimento ideal para los bebés, actualmente es posible alimentarlos bien con la llamada “leche fórmula”. Y esa “ventaja” es precisamente lo que lleva a muchas madres a no amamantar. Pero, aparte de las propiedades nutritivas de la fórmula, ese método, por un lado, priva a los recién nacidos de la reconfortante e insustituible sensación que le produce el contacto entre su boquita y el pezón materno y, por otro, priva a la recién parida de la sensación de plenitud física y mental que le produce alimentar al bebé con su propio cuerpo. Y, en consecuencia priva a ambos de experimentar la muy estrecha comunicación emocional que ese contacto produce.
De hecho, también se ha demostrado que, en general, los bebés que son amamantados por un período de al menos 6 meses (lo ideal sería entre 2 y 3 años, aunque en condiciones absolutamente naturales el amamantamiento podría durar hasta 6 años), serán niños anímicamente más estables que aquellos que no lo fueron, debido a que ese temprano y total acercamiento a la madre los hará experimentar una sensación de bienestar y seguridad en todos los sentidos.
Así que nuestro vehemente deseo para todas las maravillosas madres recién paridas, y para aquellas que están por traer su angelito al mundo, es que puedan vivir y disfrutar a plenitud la importantísima e insuperable experiencia maternal de amamantar a su bebé. Al darle a esa adorable criaturita parte de su vida y de su ser – literalmente – estarán formando un hijo sano y contento. Y en esa amorosa entrega, ustedes, fantásticas madres, también obtendrán salud y felicidad, en la misma medida.
Amamantar es, pués, un mágico dar y recibir, donde la madre y el bebé están forjando una unión tan firme y profunda que ninguna fuerza del universo puede separar.
Ángel Rafael La Rosa Milano
«El sol brilla siempre dentro de ti»
Hija, yo me porté mal: Patinador imprudente
abril 24, 2012Patinador temerario
Mi preciosita, como te he dicho ya antes, cuando somos niños nuestra inocencia y falta de experiencia en la vida frecuentemente nos ponen en peligro. Por eso te cuento estas historias sobre travesuras peligrosas que hice; para que pienses mejor que yo – cuando tenía tu edad – antes de hacer algo que pueda traerte problemas.
Siendo yo un muchachito de 7 años, un tío mío muy querido me regaló mis primeros patines (las 4 ruedas en cada patín formaban un cuadrado, no una línea como ahora, ¡y eran de metal!). Como imaginarás me puse muy contento. Algo parecido a lo que sentiste tú cuando te regalamos tu primera bicicleta.
Pero este cuento no es sobre los peligros de patinar, sino sobre otra cosa relacionada.
Después de varias semanas de práctica diaria y febril (con las incontables y normales caídas, pantalones rotos y moretones), cuando ya lograba patinar con cierta facilidad, un grupo de amiguitos más grandes que yo, más expertos patinando, y más tremendos también, me convencieron de ir con ellos hasta un lugar muy alejado de nuestro edificio.
A mis 7 años, yo ya sabía, que no podía hacer algo así sin permiso de mis padres, y que si se lo pedía igual me dirían que no. Pero, por la insistencia de mis amigos, y su promesa de que no nos pasaría nada malo y de que mi papá y mi mamá nunca lo sabrían (cuando seas más grandecita sabrás lo difícil que es decir que no a los niños más grandes y tremendos) acepté ir con aquellos “diablillos”.
Aun recuerdo que sentí una mezcla de emoción por la aventura y de arrepentimiento por estar haciendo algo prohibido y peligroso, y por estar burlando a mis padres.
Y ocurrió que mis amigos se equivocaron… Igual que pasó la vez que me subí en la azotea de mi edificio, una vecina nuestra me vio y me delató con mis padres. Afortunadamente. Siempre en estos casos digo que tuve suerte de ser delatado, porque apartando que mi mamá me dio unos cuantos correazos leves (antes era normal que muchos padres castigaran así a sus hijos, pero las cosas han cambiado, y papi y mami nunca te pegaremos a ti), eso hizo que yo no me escapara de nuevo. Al menos por un tiempo…
Mi vida linda, yo tenía prohibido ir tan lejos sin la compañía de algún adulto, por varias razones: Había muchas calles que cruzar y podía atropellarme algún carro; podía caerme patinando y lastimarme seriamente, y al encontrarme lejos de casa todo sería más complicado; A veces los niños grandes que son muy tremendos pueden ponerse violentos y crear problemas a los otros niños, como pegarles o insultarlos. Además, podía haber ladrones (personas que les quitan sus cosas a los demás, a veces con pistolas o cuchillos), y también gente muy mala que agarra a los niños pequeños y se los lleva escondidos para un lugar muy lejano, donde no podíar ver a su papá y su mamá nunca más. Siempre que te digo algo así, vida mía, siento un dolor aquí en el pecho; me pongo triste. Pero ahora sabes muy bien por qué te lo tengo que decir.
Así que, hija querida, si algún día alguno de tus amiguitos te invita a ir a un lugar muy lejano sin permiso nuestro (o si se te ocurre a ti esa mala idea), acuérdate de este cuento y de mis palabras, y diles que no lo harás porque es peligroso, y porque nosotros tus padres siempre te decimos que no lo hagas, y tú siempre quieres hacernos caso y no engañarnos.
Es verdad que de niños (e incluso de adultos) a veces es muy difícil decirle que no a los amigos mayores que nos invitan a hacer cosas prohibidas, porque ellos podrían molestarse mucho y no jugar más con nosotros, y hasta lastimarnos mental o físicamente.
Pero debes saber que tu mamá y yo estamos aquí a tu lado, todo el tiempo, queriéndote y cuidándote mucho, sobre todo de otras personas que quieran lastimarte, incluyendo a otros niños. Entonces, aunque sientas miedo de decirles que no, tienes que explicarles muy bien que tú siempre le dices todo a papá y mamá, y que nosotros siempre, siempre te defenderemos de cualquier cosa y de cualquier persona, y que si ellos se ponen bravos contigo, lastimándote de alguna forma, nosotros hablaremos con sus padres y con sus maestros para que lo sepan y tomen medidas.
Para finalizar, mi princesita. Cuando tengas algún problema, grande o pequeño, estés en una situación de peligro, mucho o poco, siempre acuérdate de rezar a tus “ángeles” protectores para que te cuiden. Como sabes, yo tengo muchas razones para pensar que hay fuerzas invisibles buenas y malas. Las malas hacen daño a las personas, y las buenas nos cuidan si se lo pedimos mucho y nos portamos bien. Esto es muy importante que lo hagas siempre, mi angelito.
Que los ángeles te bendigan y te cuiden.
Papi
Hija, yo me porté mal: Feas palabras
abril 9, 2012Feas palabras
Mi bellísima, decir palabras feas, sobre todo si lo hacemos muy seguido, también es portarse mal. Así que hay que evitarlo siempre. Especialmente, ustedes los niños no deben repetir las malas palabras de nosotros los adultos. Pero, sería mucho mejor que nosotros los mayores nunca dijéramos cosas feas frente a ustedes, ¿no es verdad?
Alguien dijo una vez que las personas son como sus palabras. O sea, si todo el tiempo estamos diciendo palabrotas es porque tenemos cosas feas en la mente; hay algo malo con nuestra forma de ser. En cambio, si siempre hablamos bien, diciendo cosas bonitas, es porque en nuestra mente tenemos pensamientos buenos.
Te digo esto, amorcito, porque una vez, cuando yo tenía como 7 años de edad, rompí una bonita amistad con un amiguito (y también surgió un conflicto entre nuestras familias), por culpa de unas groserías que yo dije.
Un día que yo estaba reunido en la calle con otros niños del vecindario, nos pusimos a jugar que éramos una banda musical, cantando de forma muy alegre y cómica, mientras tocábamos unas latas de leche con unos palitos de madera. Recuerdo que estábamos justo frente al apartamento del amigo mío; cerca de la ventana de la cocina (por cierto, él no estaba con nosotros en ese momento). Ocurrió que comenzamos a cantar una canción muy famosa, pero con la mala ocurrencia de cambiarle la letra por malas palabras. No nos dimos cuenta de que la mamá de mi amigo estaba en la cocina escuchando nuestra muy original pero grosera versión. Lo supe más tarde, ese mismo día. Estando ya en mi casa, fui sorprendido por el sonido ¡de otra banda musical! instalada debajo de nuestro balcón, y dirigida por el mencionado amigo, quien gritaba como loco unas palabrotas bastante, pero bastante feas.
Mi mamá, muy extrañada y algo molesta por aquel poco agradable concierto, se asomó por el balcón para pedirles que bajaran la voz. El líder del grupo (hasta ese entonces mi buen amigo), respondió muy enojado que su mamá lo había enviado a hacerle a mi familia exactamente lo mismo que yo y demás niños le habíamos hecho a su familia, para ver si nos gustaba. Mi mamá no le dijo más nada al niño. Sencillamente cerró la ventana y me preguntó sobre lo ocurrido. Yo, llorando de vergüenza le conté lo que pasó. Pero le aseguré que nosotros no lo hicimos con la intención de ofender a nadie. Ella me explicó que aunque fue sin mala intención, la mamá de mi amigo se molestó muchísimo, y por eso lo mandó a hacernos lo mismo. También me dijo que, aunque ella jamás me hubiera pedido a mí tomar venganza (ella sencillamente le hubiera dicho a los niños que no era bueno decir groserías y menos frente a una casa de familia), todo era el resultado de las malas palabras que yo dije; que por eso siempre debíamos evitar hacerlo.
Pero lo más importnate que me dijo mi madre aquel día fue que no haríamos nada para responder a mi amigo, porque eso traería más problemas con esa familia; que aprendiéramos la lección y olvidáramos lo que pasó, para así volver a hacer amigos de ellos algún día.
Bendiciones, mi primor.
Escrito por Ángel La Rosa