ANÉCDOTAS DE MI PAPÁ: Mi cómico favorito

febrero 6, 2022

Yo nunca he sido un buen contador de chistes, por eso admiro a quienes tienen esa gracia.

Es posible que sea una condición familiar. Ni mis padres ni ninguno de nosotros, los tres hijos – dos varones y una hembra – nos distinguimos por esa forma de comicidad en particular. En cambio, tanto por la rama paterna como por la materna tengo parientes sumamente chistosos (algunos ya fallecidos), con el don de hacer reír a los demás.

Sin embargo, cuando yo era niño, mi papá de vez en cuando me echaba chistes (algo que no recuerdo haberlo visto haciendo con otras personas, adultas sobre todo), muy inocentes, huelga decirlo. Seguramente, con nosotros sus hijos se atrevía a mostrarse cómico; no le importaba hacer el ridículo. Algo como lo que hacía yo con mi hija cuando era chiquita, y hago actualmente con todos los niños pequeños.

Valga acotar que mi papá, sin ser contador de chistes, sí tenía un muy afilado sentido del humor (como buen oriental. No de Asia, sino de Venezuela), lo que le hacía tener salidas rápidas y divertidas. Por ejemplo, mi mamá me contó que un día al despertarse, se le acercó a mi papá – quién también se desperezaba a su lado – y tras preguntarle juguetonamente al oído, «¿Quién es el negrito más rico de este mundo?», él le respondió en fracciones de segundo, «Michael Jackson».

De aquellas sesiones cómicas paternas recuerdo algo en particular; algo que 50 años después todavía me divierte: mi papá se destornillaba de la risa con sus propios chistes, aunque me los repitiera, mínimo, 3 veces cada uno.

Lo chistes en sí mismos me hacían reír mucho, pero definitivamente lo que más me divertía eran las contagiosas carcajadas de mi papá.

Seguidamente, quisiera compartir con mis amables lectores tres de esos chistes paternos:

1)

Mi papá: «¿Tú sabes por qué al ‘Rey Pelé’ lo llaman así?»
Yo: «No. ¿Por qué?».
Mi papá (haciendo la demostración respectiva con mucho dramatismo escénico): «Porque siempre que iba a patear un penalti, fallaba la pelota y decía ¡ay, la pelé!».

2)
Un tipo se le acerca a otro en plena calle y le pregunta, «Disculpe, Señor, podría decirme cuál es la acera de enfrente», a lo que éste responde, incómodo, «¿Usted se está burlando de mí? Por supuesto que es aquella» (señalando al lado opuesto de la calle). Entonces, el tipo le dice, «le juro que no es burla. Es que estoy confundido, porque acabo de preguntarle lo mismo a aquella Señora que está del otro lado, y me dijo que la acera de enfrente es esta».

3)

A un conductor se le espichó un caucho, pero siguió rodando unos 100 metros, hasta detenerse frente a un manicomio. Cuando se disponía a cambiar la llanta se dio cuenta de que ¡le faltaban las cuatro tuercas! y se quedó pensativo, sin saber qué hacer. Un paciente del manicomio que lo observaba desde una ventana, le pregunta, «¿Amigo, cuál es el problema?». El conductor le responde, «Por seguir rodando después del pinchazo, se le salieron todas las tuercas al caucho, y ahora no puedo cambiarlo». Entonces, el paciente, haciendo alarde de una gran inventiva, le sugiere, «¿Por qué no le quita una tuerca a los otros tres cauchos, y se las pone a ese? Así todos tendrían tres, y podría rodar sin problemas.» El hombre, impresionado por aquella genial solución, después de agradecerle muy efusivamente le pregunta al interno, «Amigo, dígame algo, ¿Cómo es posible que alguien tan inteligente como Usted esté en el manicomio? Y éste le responde sonreído, «Precisamente, yo estoy aquí por loco, no por bruto».

Querido papá, el recuerdo de tu rostro sonriente y tus carcajadas, durante aquellos shows cómicos para mí, todavía me hace reír – y llorar – de felicidad.

Por todos esos divertidos e invaluables momentos juntos siempre serás mi cómico favorito.

¡Gracias, papá!


Hija, yo me porté mal: El mirón

febrero 4, 2022

Hay conductas que, aunque en el pasado podían ser consideradas simplemente indebidas, actualmente son vistas como muy ofensivas, al punto de ser catalogadas como delitos.

Cuando yo tenía unos 25 años de edad, en la casa contigua a la nuestra, vivió una mujer – por poco tiempo – aparentemente soltera, en sus 30, que me resultaba atractiva.

Desde un par de ventanas laterales de mi casa se podía ver tanto el amplio ventanal de su sala de estar, en el primer piso, como una ventana lateral de su habitación, en el segundo piso. Por eso, algunas noches, yo me asomaba a hurtadillas para ver si por casualidad la vecina tenía alguna cortina abierta, y así poder espiarla.

Lo máximo que alcancé a ver – un par de veces – fue a la mujer entrando a su habitación para, inmediatamente, cerrar las cortinas. O ella era una persona muy precavida, o ya había notado que alguien la observaba desde el otro lado.

Pero, eso no es lo que te quiero contar hoy; es un preámbulo simplemente.

De todas formas, hija querida, aunque espiar disimuladamente desde el interior de tu propia casa no sea una falta grave, es indecente, incorrecto. Lo que sí constituye un delito es observar invadiendo la propiedad de la persona observada, o incluso, simplemente desde el perímetro. Eso ya es más condenable, porque se considera asecho, acoso.

Lamento mucho decirte, mi preciosa, que en mi juventud intenté hacer esto último un par de veces. Seguidamente, te cuento una de esas desafortunadas ocurrencias mías.

El relato es sobre la misma mujer anterior… Me da mucha pena contigo, hija. Como digo antes, no logré ver nada desde las ventanas, así que tuve una idea temeraria, por indebida y riesgosa. Decidí treparme hasta lo alto de un pino que estaba en la calle, delante de su casa, justo enfrente de la ventana principal de su habitación.

Ese día, esperé a que se hiciera de noche; me vestí de pie a cabeza con ropas oscuras; salí de mi casa; caminé hacia el pino tranquilamente, asegurándome de que no hubiera nadie alrededor; comencé a trepar, siempre vigilante del entorno. Debo haber subido unos 5 metros. La vista del cuarto de la mujer era perfecta. Recuerdo que mientras esperaba que ella apareciera sentí una mezcla de preocupación – por lo peligrosa e incorrecta de mi acción – y de exaltación por lo emocionante de la misma.

Tras una hora encaramado en la copa de aquel árbol, vi a la mujer entrar y salir varias veces, pero no logré ver lo que yo esperaba, así que decidí bajarme.

Estuve tentado a hacerlo nuevamente, otro día, pero después de pensarlo mejor, decidí que no era buena idea. De hecho, creo que fui afortunado al no ver nada esa vez, porque eso influyó en mi decisión de no repetir aquella mala acción.

Debes saber que ese mal comportamiento es muy común en todo el mudo (no por eso es aceptable, insisto), sobre todo entre los hombres jóvenes (aunque hace muchos años yo descubrí que una de las encargadas de una tienda de ropa me estaba viendo a través de un orificio en la pared del vestidor). Seguramente tiene que ver con la inquietud hormonal de la juventud, pero eso tampoco es una excusa válida. Quién lo hace es un mirón y punto.

Actualmente, más correcto, más prudente, – como es de esperarse – yo siempre pienso en lo terriblemente desagradable y embarazoso que hubiera sido para mí y mi familia si me hubieran descubierto fisgoneando. Sin embargo, es oportuno decirte también, mi corazón, que aunque los castigos sociales – y familiares – existen precisamente para disuadir a los potenciales infractores de cometer faltas, y como escarmiento para quienes las cometan, uno debería tratar de portarse bien siempre, no por temor a ser castigado, sino porque es lo correcto y lo mejor para todos.


Canción para las «quinceañeras»

noviembre 15, 2021

Hola, mis muy apreciados soleros de Japón, Venezuela y el mundo entero.

Aquí les dejo el vídeo de una canción que compuse recientemente para mi amada hija, «Oye, señorita», como regalo de sus 15 años.

Por aquello de que, «cuando se tiene un hijo, se es padre de todos los niños del mundo», quisiera regalarle esta modesta composición mía a todas las «quinceañeras» del planeta tierra (y a sus papás también, para que se las canten, claro).

https://youtu.be/mQ3RsTiNTQw

Gracias miles por seguirme.

Ángel La Rosa

El sol brilla siempre dentro de ti


Educación japonesa. La odisea de entrar a la secundaria superior

julio 9, 2021

¿Están Ustedes radicados en Japón, con un hijo en tercero de secundaria básica? ¿Ya comenzaron a seleccionar la secundaria superior («koko», en japonés) junto a su colegial? Bienvenidos al club. Pero así, sin signos de exclamación. Con más moderación que efusividad… porque la entrada a la «superior» puede ser un proceso complicado, una verdadera carrera de velocidad y resistencia a la vez – con obstáculos incluidos – para nuestros campeones y toda la familia.

Hoy quisiera iniciar una conversación con Ustedes sobre el particular, estimados colegas.

Para los jóvenes estudiantes la elección de la secundaria superior no es tarea fácil. Ciertamente, en nuestra condición de padres quisiéramos que ellos mostrasen iniciativa, poniendo interés y empeño en la búsqueda. A fin de cuentas, los aspirantes son ellos no nosotros. Sin embargo, no sería razonable esperar que nuestros hijos adolescentes decidan por sí solos. No decimos que sea imposible, pero seguramente agradecerían un poco de orientación de nosotros sus progenitores.

Ahora bien, si Usted es uno de esos padres sumamente estrictos, controladores, que toma absolutamente todas las decisiones por sus hijos – incluidas aquellas que, por «ley de vida», le correspondería tomar a ellos – nos atrevemos a sugerirle, a sabiendas de que sus intenciones son las mejores, que haga un esfuerzo por entender lo importante que es para los jóvenes aprender a valerse por sí mismos, participando en la toma de decisiones de aquellos asuntos que les conciernen directamente. Esto, huelga decirlo, es un requisito indispensable para que se conviertan en adultos satisfechos, independientes y asertivos, lo cual, por cierto, no sólo les traerá muchas ventajas a ellos mismos, sino que beneficiará a todos en la familia, incluyendo a sus muy abnegados padres.

Hay diversas opciones, que incluyen colegios públicos y privados, dependiendo del desempeño académico y las motivaciones de los candidatos. A continuación, nos referiremos a las 3 primeras, en orden de prestigio educativo y, por ende, de dificultad para ingresar.

«Número 1«: Son las escuelas secundarias superiores con el criterio de selección más riguroso. En una escala de 1000 (mil) puntos, el promedio combinado de la prueba de admisión (70%) y las notas del tercer año (30%)debe rayar en la perfección, es decir, 900 puntos, mínimo. De ahí que, por lo general, los alumnos que aspiran entrar a esos institutos son los más sobresalientes de sus respectivos cursos.
La exigencia académica de dichos colegios es tal que, sin importar cuantos conocimientos y cuantas excelentes calificaciones exhiban los estudiantes interesados, éstos deberán, casi obligatoriamente, inscribirse en una de las tantas agencias privadas que ofrecen sesiones extra-escolares («juku», en japonés), para consolidar lo aprendido en el salón de clases, y así ir sobre seguros.

«Número 2«: Aunque, académicamente hablando, no son las instituciones «top», demandan un desempeño escolar destacado, por encima del promedio (un resultado combinado de 850 puntos), lo cual, como todos sabemos, requiere tanto inteligencia como un esfuerzo sostenido de parte del candidato.

Valga decir que, a mayor cantidad de escuelas «número 2» (en comparación a las «número 1»), mayor cantidad de aspirantes, por lo que la competencia por los cupos es férrea. De ahí que, los estudiantes distinguidos que opten por estos institutos, en la mayoría de los casos, también deberán tomar clases extras en un Juku.

«Número 3«: Un número importante de estudiantes se decide por esta opción. Aunque no manejamos estadísticas, suponemos que está entre las más codiciadas entre el alumnado. Para aspirar entrar en algunos de estos colegios, aunque no hay que estar entre los primeros de la clase, sí hay que ser buen estudiante. En este caso, los colegiales necesitaran un total de 800 puntos. Así que si estos son suficientemente aplicados en los estudios, los «número 3» son una meta alcanzable, realista.

Como colofón, quisiéramos añadir que es humanamente comprensible desear que nuestros hijos sobresalgan – sobre todo si reúnen las cualidades. Entendemos que en el caso de estudiantes sobresalientes, el solo prestigio académico del colegio pueda ser el criterio predominante a la hora de elegir.

Si su retoño es uno de esos «geniecillos», ¡mis más sinceras felicitaciones! tanto para el estudiante como para Ustedes, por su mérito como padres.

Definitivamente, es una gran ventaja – y un gran alivio – si el colegial exhibe un notable desempeño académico, con la sapiencia y las notas que le permitirán entrar en el colegio más prestigioso de todos o en cualquier otro de su preferencia. Pero, insistimos en que primero debemos asegurarnos de que sea la elección más idónea para ellos, la que más le guste, la que satisfaga realmente sus expectativas, no sólo académicas, sino formativas, en lo que respecta a su educación integral.

En cambio, si nuestros muchachos son estudiantes promedio (la gran mayoría), hagámosle saber que si bien celebramos los resultados excelentes, valoramos, por encima de todo, que hagan mayor esfuerzo; que damos más importancia a su bienestar personal.

La entrada a la secundaria superior puede llegar a ser toda una odisea para nuestros jóvenes estudiantes, y para toda la familia. Acompañémoslos a lo largo del camino, hombro con hombro, con firmeza, sí, pero con solidaridad. Si alcanzan la victoria ¡hagamos una fiesta! Si, tras intentarlo fuertemente, tienen un tropiezo, ¡hagamos una fiesta aun más grande! Para que sepan lo tremendamente orgullosos que estamos de ellos, de nuestros amados hijos, de nuestros luchadores.


ANÉCDOTAS DE MI PAPÁ: Permisivo con las fiestas

junio 14, 2021

Una de tantas cosas que mis hermanos y yo tenemos que agradecerle a nuestros padres es que, durante toda nuestra juventud, nos permitieran hacer fiestas en la casa.

En el caso específico de mi papá – como explico en otras anécdotas suyas – es muy relevante, porque él era bastante más reservado y conservador que nosotros sus 3 hijos (y que mi mamá también). De hecho, a lo largo de mi festiva juventud, muchos amigos míos, asiduos asistentes a esas parrandas, se mostraban muy sorprendidos al enterarse de que mi progenitor y dueño de casa – «de festejos»- era un oficial de las fuerzas armadas.

En mis años juveniles, ya me llamaba la atención esa característica de mi papá; esa actitud tan solidaria y condescendiente con sus muy prolíficos organizadores de fiestas. Pero, fue con los años – y los bonches – que entendí las razones de aquella complicidad paterna. Lógicamente, privaba su deseo de vernos felices, pero también la certeza de que sus hijos, aunque bastante fiesteros, éramos suficientemente responsables y comedidos para mantener aquellas grandes rumbas bajo control, sin excesos ni violencia. Y más importante aun, la inmensa tranquilidad de saber que sus inquietos muchachos estaban festejando con sus amigos en la seguridad de su propia casa, justo debajo del dormitorio de los padres.

Por cierto, mis amigos disfrutaban tanto esas ocasiones que recuerdo una época cuando casi automáticamente después de saludarme me preguntaban: «¿Cuándo es la próxima rumba?».

Aprovecho para aclarar algo – y creo hablar por mi hermana y mi hermano también. Personalmente, mi tendencia a hacer fiestas en la casa no era por ganar popularidad, sino porque, uno, desde niño siempre he tenido el deseo genuino de hacer felices a mis amigos, dos, las fiestas eran la mejor forma de conocer muchachas.

Papá, perdóname por todas las horas que pasaste en vela producto de mis muchas fiestas caseras (¡más las que no dormiste cuando salí a rumbear a la calle!). Espero que haya realmente un «eterno descanso», para que así puedas recuperarte, aunque sea medianamente…

Siempre gracias por esa paternal comprensión.


OLÍMPICAMENTE HABLANDO (4)

junio 6, 2021

¿Fiesta o velorio?

Hasta hace pocos meses, yo todavía estaba expectante por la realización de los Juegos Olímpicos «2020» en Tokio. Como amante de los deportes, me haría inmensamente feliz presenciar la mayor fiesta deportiva mundial, ¡sobre todo si se realiza en la ciudad donde vivo!

Aún está fresca la sensación de euforia que me invadió aquel memorable 7 de septiembre de 2013, cuando la capital nipona fue designada sede olímpica. Seguramente, al igual que yo, muchos de mis hermanos latinos en Japón se unieron jubilosos a los millones de japoneses que celebraron exultantes tan feliz anuncio.

Pero, el COVID-19 cambió todo, radicalmente y para siempre.

Por cierto, «Olímpicamente hablando» fue en sus inicios un proyecto editorial optimista, prometedor, que buscaba compartir con los lectores de Latin-a y de mis blogs «El guachimán» y «SOL», información actualizada sobre la preparación y puesta en escena del espectáculo deportivo más fastuoso del planeta.

La propuesta incluiría – además de lo netamente deportivo – tópicos varios relacionados a la competición: La cotidianidad japonesa de cara a la justa olímpica, experiencias personales de atletas participantes, elementos tecnológicos, concepción ecológica, y un largo etcétera.


Apenas 3 meses atrás – el 16 de marzo – en mi tercer número de la serie, todavía me mostraba partidario de la realización de los Juegos este año. Allí explicaba que «debido al endurecimiento de las medidas preventivas y a una mayor concientización ciudadana, en muchos países – incluido Japón – se aprecia una notable tendencia descendente en los contagios y decesos por el virus».

Mi optimismo de entonces se fundamentaba en una notable disminución de las cifras, tanto en nuevos casos como en fallecimientos. El 6 de abril, por ejemplo, en Japón hubo 2.615 nuevas infecciones, que comparadas con las más de 7.700 del 9 de enero (cifra tope de 2021) eran cifras si se quiere alentadoras, que hacían suponer ¡otra vez! que la pandemia estaba llegando a su fin. Error.

Al igual que ocurrió con la temporada navideña y de Año Nuevo, luego de finalizada la «Golden Week» hubo un aumento repentino de infecciones y muertes, ¡otra vez!

Si observamos la gráfica de nuevos casos desde el 11 de agosto de 2020 hasta el 2 de junio de 2021, nos encontramos con una «montaña rusa extrema», que incluye «valles muy pequeños» – brevísimos momentos de descanso – así como «cuestas sumamente largas y empinadas» – momentos de vértigo.

Precisamente, esas «subidas y bajadas» abruptas, es lo que me llevó a cambiar nuevamente mi postura sobre la celebración de los Juegos de Tokio. La ineficiencia gubernamental (y una actitud demasiado relajada por parte de nosotros los ciudadanos) expresada en la imposibilidad de minimizar sustancialmente los nuevos contagios y decesos, de una vez y para siempre – especialmente durante periodos de acrecentada movilidad y aglomeración humanas – me hacen concluir que de realizarse los Juegos, el gobierno japonés estaría poniendo a sus ciudadanos en gran peligro.

Aun en el supuesto caso de que, según plantean las autoridades, las Olimpiadas se celebren únicamente con espectadores nacionales, siguiendo «protocolos estrictos», las grandes concentraciones de gente en las sedes deportivas de diferentes localidades tokiotas, así como los masivos desplazamientos a lo ancho y largo de la ciudad actuarían como gigantescos focos de propagación del virus, lo que aumentaría alarmantemente los contagios y los fallecimientos.

Perdónenme por ser aguafiestas y no fiestero. Pero de celebrarse los Juegos Olímpicos 2020 en Tokio, la capital nipona, en lugar de convertirse en una inmensa sala de fiestas, alegría, bienestar y vida, se convertirá más bien en una inmensa sala de hospital, tristeza, enfermedad y muerte.


«Eterna juventud»

abril 19, 2021

Hoy, quiero anunciar un descubrimiento mío, tan sorprendente que estremecerá los cimientos de la civilización y revolucionará nuestra noción de la vida. Ustedes, afortunados lectores de SOL, tendrán la primicia. Decidí hacerlo público (la otra opción era patentarlo y hacerme multimillonario) en un acto de infinito desprendimiento, sólo comparable a mi grandiosa modestia, para que millones de seres humanos puedan beneficiarse de ello: ¡He descubierto el secreto de la «eterna juventud»!

Si está parado, siéntese; si está sentado, sujete el dispositivo con una sola mano, y con la otra agarre bien fuerte la silla, para que no se me caiga de la impresión. Aquí voy, a la una, a las dos y a la tres…

¡PÓNGASE EN MOVIMIENTO!

Todos conocemos perfectamente los beneficios de la actividad física para nuestra salud corporal y mental. «Mente sana en cuerpo sano».

Durante mis años de cuidador, llegué a conocer a no pocos ancianos japoneses que ostentaban una condición física bastante buena para su edad. Asimismo, recurrentemente veo a mi alrededor adultos muy mayores, sumamente activos. Valga decir que ya había observado ese hecho durante mi estadía de 4 años en China (2002 – 2006), donde era normal ver a ancianos ejercitándose en lugares públicos, ya sea en grupo o individualmente. Entre las actividades más populares se cuentan: aeróbicos, taichi (y otras artes marciales. llegué a ver a unos cuantos abuelos practicando una especie de kung fu con escoba, ¡mientras barrían! jajaja), bailes tradicionales, bailes contemporáneos (vals y ¡tango! Si vuelvo a ir, intentaré popularizar la Salsa…), ejercicios con aparatos, patinaje con ruedas y pare usted de contar.

En el caso de Japón, aparte de disciplinas individuales como ciclismo, trote y otras, las personas de la tercera edad tienden mayormente a formar clubes deportivos y de actividad física al aire libre, en general. Comúnmente se les ve practicando softbol, fútbol, tenis, bocha, croquet, senderismo y caminata, por ejemplo.

De hecho, decidí escribir este artículo debido a algunas experiencias que he tenido en Japón. En un hogar de ancianos conocí a una abuelita, casi en sus 90, que era una «maquinita de hacer oficios». Andaba en silla de ruedas, pero eso no le impedía ir de aquí para allá cual hormiguita, a todas horas, ayudando al personal en sus rutinas diarias; dándonos órdenes cual superiora, jajaja.

En otra oportunidad vi a una señora muy mayor – también rondando los 90 – montando bicicleta, y quien, al bajarse de la misma, tuvo que recurrir a un bastón porque caminaba con muchísima dificultad, sumamente encorvada.
Más recientemente, el mes pasado, jugué un poco al softbol con unos abuelos de mi comunidad, y, como suele ocurrir – las contadas veces que puedo hacerlo – me encontré con un par de beisbolistas «setentones» bastante más habilidosos que yo.

Si comparo esas experiencias con lo que vi desde niño en mi país, Venezuela (y en otros pocos países del mundo), podría concluir, sin temor a equivocarme, que los japoneses – y los asiáticos en general – son culturalmente muy propensos a mantenerse físicamente activos en la vejez.

Todo este rodeo «antropológico» es para que afiancemos ese conocimiento que ya todos tenemos: El movimiento, la actividad física regular es requisito sine qua non para disfrutar de una vejez con mayor salud corporal y, por ende, mental.

Ayudemos a nuestros viejitos a vivir una senectud activa, productiva, plena, feliz. Si están bajo nuestro cuidado directo, es para nuestro beneficio también, huelga decirlo.

Y pensemos también en nosotros mismos, por supuesto. Muy seguramente, todos quisiéramos llegar a viejos sintiéndonos «jóvenes eternos», enteritos, simpaticones, bailando Salsa, Merengue, Cumbia, Samba, Tango, Reguetón, y lo que nos pongan.


ANÉCDOTAS DE MI PAPÁ: El militar comprensivo

abril 13, 2021

Me sobran razones para admirarlo: Su conducta recta; su responsabilidad para el trabajo, su elevado altruismo, su inteligencia, su solidaridad con los intereses de nosotros sus hijos, entre otras tantas. Pero, hay una cualidad suya que siempre le valoré especialmente en vida: Su gran respeto por nuestra individualidad.

Pero, hablaré de mi caso particular.

Podría decirse que soy una persona poco convencional, sin caer en el extremo. Condición que se acentuó más en mis años universitarios. Por ejemplo, recuerdo que a mediados de la carrera me dio por imitar el estilo de un popular cantante de la época, haciéndome una “colita” en el cabello. Más adelante, se me ocurrió probar suerte como stripper en despedidas de solteras, lo que se convertiría en mi principal fuente de ingresos (y de diversión) por los siguientes 4 años. Posteriormente, trabajé un par de años como animador de espectáculos nocturnos…

Esto no tendría nada de particular, a no ser porque mi papá, quien era bastante más conservador que yo, era también militar, oficial de las fuerzas armadas, con el grado de coronel.

Yo suponía entonces que a él no le agradaban mucho mis ocurrencias (ni a mi mamá tampoco). Pero, salvo por algunas conversaciones de sobremesa acerca de mis shows, nunca me dijo nada. Esto era muy significativo, tomando en cuenta su moralismo y su fuerte carácter. De hecho, a veces cuando nos mandaba a mis hermanos y a mí a hacer algo se le salía lo militar.

Creo que nunca me hizo señalamientos sobre esos asuntos porque ambos coincidíamos tácitamente en que si bien mi actitud era algo irreverente, no constituía ningún perjuicio para nuestra familia. De lo contrario, yo no lo hubiera hecho, y él tampoco lo hubiera permitido.

En el caso específico del strip-tease y la animaciónhoy, en retrospectiva, me recrimino bastante a mi mismo muchos aspectos de esos trabajos. Pero, en aquel momento, como adulto responsable, al menos procuraba ser transparente, honesto y respetuoso con mi familia sobre esas actividades. Y siento que mi papá también, al menos, agradecía eso y me entendía.

Apenas dos años atrás, durante nuestras vacaciones decembrinas en Venezuela, mi mamá recordó en una de tantas conversaciones familiares, a modo de broma, que ni a ella ni a mi papá les gustaba para nada mi look de “mataor”, y que de hecho les incomodaba bastante. ¡Y pensar que llegué a acompañarlos así a innumerables actividades familiares y sociales!

Esa confesión de mi mamá, vino a confirmar mi vieja sospecha de que mis padres cuestionaban en secreto aquel excéntrico corte de cabello (y muy probablemente mi faceta de «animador»). Pero sobre todo me sirvió para reafirmar, casi 20 años más tarde, el profundo sentimiento de amor y respeto hacia mi padre por haberme amado y respetado él a mí también como su hijo y como persona.


¿Cerezos anti-estrés?

marzo 30, 2021

¨Sakura en el azul¨ / Ángel La Rosa

¨Flores del cerezo en el azul¨ / Ángel La Rosa

¿Te sientes algo estresado estos días? Si eres uno de los afortunados con trabajo estable, posiblemente estás laborando mucho y descansando poco, lo cual te produce una fatiga permanente que, como es lógico, también te genera estrés mental. Si por el contrario trabajas unas pocas horas semanales, o peor aun, estás desempleado, posiblemente las preocupaciones por no estar generando ingresos suficientes se transforman en ansiedad. Y si a eso le sumamos que el frío no termina de irse… Nos referimos al tema del trabajo porque ya sea que tengamos demasiado, poco o nada, éste siempre es un probable foco de tensión en nuestras vidas. Pero aparte de nuestra condición laboral, en nuestro día a día abundan otras potenciales causas de estrés: conflictos con la pareja; falta de comunicación con los hijos; familiares con problemas en nuestro país de origen; salud debilitada; dificultad para adaptarnos a la sociedad japonesa, y un largo etcétera.

Es normal que nos afecten estas situaciones, al punto que podamos sentirnos preocupados, irritados, y hasta alterados. Después de todo, el estrés, al ser un a respuesta a una situación determinada, es una señal que nos alerta, y que debería hacernos tomar medidas para salir de la situación estresante lo antes posible. Lo importante en estos casos es identificar el origen del malestar y aplicar correctivos oportunamente, con el fin de impedir que el problema aumente y escape de nuestras manos, volviéndose incontrolable. Y es aquí donde entran las flores del cerezo…

¨Santuario en flor¨ / Ángel La Rosa

¨Santuario en flor¨ / Ángel La Rosa

No es nuestra intención trivializar o minimizar las posibles causas de tu estrés. Por el contrario, nos atrevemos a hacerte estas sugerencias porque al igual que tú estamos sometidos diariamente a una serie de circunstancias estresantes, pero en esta estación primaveral encontramos en la contemplación de las flores del cerezo (sakura,  en japonés) una fuente de relajación adicional y un alivio temporal a la tensión que nos generan las preocupaciones cotidianas.

En mi caso particular, ayer (martes 6 de abril) en la mañana, luego de varias horas frente a la computadora, sintiendo cansancio corporal y preocupación por mi falta de ingreso fijo (aunque trabajo en el blog día y noche) tuve conciencia repentina del día soleado y espectacular que se me ofrecía justo ahí afuera. Así que me eyecté de la silla, me armé de la cámara fotográfica, y salí en la bicicleta a buscar bonitos cerezos en flor por mi vecindario, para captar las imágenes que decoran hoy mi blog. Como es de suponer, mi situación económica no cambió en nada – por el momento – pero al menos regresé a mi apartamento y a mi computadora con energía e inspiración renovadas, para escribir estas modestas líneas, que espero sean de interés y utilidad a alguien, y sean también beneficiosas para mi blog, para mi familia y para mí.

¨Lucky phone¨ /Ángel La Rosa

¨Lucky phone¨ /Ángel La Rosa

Beneficios de contemplar la sakura:

  • En general, la contemplación de obras de belleza naturales o hechas por el hombre nos produce una sensación de bienestar.
  • En teoría, las maravillas naturales nos producen mayor satisfacción, debido a que nosotros mismos, como humanos, somos obra de la madre naturaleza.
  • Los cerezos florecidos son un deleite para la vista y el corazón.
  • La observación de los cerezos en flor es fuente tanto de entretenimiento como de conocimiento.
  • La contemplación individual de los cerezos puede brindarnos un momento a solas, de tranquilidad y meditación, sumamente beneficioso para aclarar la mente en procura de soluciones a situaciones determinadas.
  • La contemplación grupal de los cerezos nos permite socializar, y estrechar lazos de amistad (en un ambiente relajado y de singular belleza), lo cual nos ayuda a crear redes de apoyo importantes para llevar una vida equilibrada.
  • La contemplación de los cerezos en familia propicia la comunicación y la unidad en el seno familiar.
  • Un picnic bajo un florido cerezo refuerza nuestros hábitos de sano esparcimiento, mediante la realización de actividades recreativas al aire libre.
  • La observación de los cerezales florecidos nos ayuda a fomentar el respeto y el cuidado del medio ambiente.
  • La participación en este “ritual” primaveral nos permite aprender sobre cultura y costumbres japonesas, y facilita nuestra integración a la sociedad nipona.

¨Japón entre sakuras¨ / Ángel La Rosa

¨Japón entre cerezos¨ / Ángel La Rosa

Para finalizar, quisiéramos insistir – aunque parezca obvio – en que si bien el solo acto de contemplar los hermosos cerezos florecidos no resolverá nuestros problemas, si nos ofrece incontables beneficios, como la oportunidad valiosa de descansar el cuerpo y la mente, lo que nos hará ver las complicaciones mundanas, y la vida en general, con mayor serenidad, comprensión y optimismo.

¨Stressless sense¨ / Ángel La Rosa

¨Stressless sense¨ / Ángel La Rosa

Ángel Rafel LaRosa Milano

Director-fundador de SOL, Servicio y Orientación al Latino

«El sol brilla siempre dentro de ti»


Olímpicamente hablando (3)

marzo 16, 2021

Un sondeo de opinión realizado recientemente por la televisora nacional de Japón, NHK, a ciudadanos japoneses, arrojó que casi un 80% de los encuestados preferiría que los Juegos Olímpicos fueran nuevamente postergados o cancelados. Por mi parte, concuerdo con el otro 20% que quiere los Juegos este año.

Sin embargo, mi criterio no es rígido, es amplio. Pienso que tanto el Comité Olímpico Internacional como el Comité Organizador (en representación del gobierno japonés) deberían tomar en cuenta el rechazo generalizado hacia los Juegos por parte de la ciudadanía.

De cara a la justa olímpica, la mayor – y muy justificada – preocupación de los japoneses es el Covid-19. Obvio. Por eso, aun siendo yo pro-olimpiadas en 2021 (el año pasado apoyé totalmente su postergación) sentí un gran malestar cuando John Coates, vicepresidente del COI sentenció, en septiembre de 2020, que los Juegos Olímpicos de Tokio se harían en 2021 «con o sin Coronavirus». Aquello me sonó como una imposición dictatorial, tiránica, carente de respeto y consideración hacia el pueblo nipón y los extranjeros que hacemos vida en el archipiélago.

El alto dirigente deportivo también dijo que los Juegos en 2021 «derrotarán al Covid y serán la luz al final del túnel»; «el tema olímpico será la reconstrucción, después de la devastación causada por el tsunami». El problema es que, si bien tan esperanzadoras palabras expresaban el ferviente deseo de millones de japoneses y personas en el mundo entero, cuando el Sr. Coates hizo su pronunciamiento el virus aun estaba causando estragos en todo el planeta. Y aunque en Japón, ciertamente, el número de infecciones siempre ha sido bastante menor que en Estados Unidos o Europa central, por ejemplo, para el momento de esas declaraciones, los nuevos casos y las muertes por Covid en suelo japonés aun mostraban una tendencia claramente ascendente. En mi opinión, las expresiones del vicepresidente olímpico, en septiembre de 2020, estuvieron muy llenas de buena intención, pero muy vacías de fundamentos científicos y prudencia.

Ahora es distinto. Debido al endurecimiento de las medidas preventivas y a una mayor concientización ciudadana, en muchos países – incluido Japón – se aprecia una notable tendencia descendente en los contagios y decesos por el Covid. Adicionalmente, el impacto de las vacunas en varios países (Japón comenzó su proceso de vacunación relativamente tarde, el 17 de este mes)la disminución de las infecciones también ha sido notable.
Aunado a lo anterior, un conocido me comentó recientemente que el Comité Organizador había sugerido que se cancelara la asistencia de turistas a los Juegos, es decir, que sólo se permitiera la presencia de público local en los eventos deportivos. Esto, como es lógico, sería una medida de prevención de contagio muy efectiva. Claro está, le restaría colorido y carácter internacional a la justa olímpica, pero eso es secundario ante la seguridad de los ciudadanos y los propios atletas.

Ciertamente, de realizarse, las «Olimpiadas 2020» serían unos juegos totalmente atípicos, sin el ambiente festivo que los caracteriza. Pero, aun así, muchos atletas de élite del mundo entero podrán participar, cristalizando así sus sueños olímpicos; podrán hacer el «trabajo» para el cual se han estado preparando por 5 años. Por supuesto, por encima de cualquier sueño personal o espectáculo deportivo está la salud y la seguridad de las personas, pero, insistimos, las mediciones más recientes en materia de contagios globales y, específicamenete en Japón, muestran una marcada tendencia a la disminución, y eso, en un ambiente controlado, con medidas de prevención estrictas, posibilitaría la realización de los Juegos.

Además, aunque a una escala mucho menor, el país se beneficiará económicamente, o, para ser más exactos, se recuperará parcialmente de la inmensa pérdida que supuso la postergación de los Juegos por un año. Este es un tema siempre álgido, por el argumento – que comparto a medias – de que las olimpiadas benefician única y exclusivamente a los gobiernos y a los negocios directmente relacionados, pero no a los ciudadanos,  quienes, al contrario, son los que terminan cargando con los gastos, a través de los impuestos.

Nosotros pensamos que, aparte de las ventajas – o desventajas – económicas, para las naciones anfitrionas los juegos olímpicos constituyen una gran fiesta, no sólo de deportes sino de culturas, una celebración de paz y progreso. Y precisamente ahora, los pueblos del mundo y Japón en particular (este 2021 se cumplen 10 años del Gran Tsunami que enlutó al pueblo nipón)tenemos la imperiosa necesidad de festejar que sí podemos vencer – unidos cual equipo olímpico – al Covid-19 y demás calamidades naturales y humanas que nos amenazan a todos por igual.