Asistencia en casos de violencia doméstica

septiembre 18, 2010

 

        En cada prefectura japonesa existe un servicio de asistencia para mujeres – o cualquier persona –  víctimas de violencia doméstica, el cual incluye consultas, cobijo transitorio y atención en español en aquellas prefecturas con mayor densidad de población latina.

A continuación proporcionamos una lista de los teléfonos de ayuda correspondientes a cada prefectura, y al final agregamos una serie de expresiones (en español y su equivalente en japonés, romanji) por si es preciso comunicarse con la oficina en lengua nipona.

Aichi-ken, Josei Sodan Senta: (052) 913 – 3300

Chiba-ken, Josei Sapooto Senta: (043) 245 – 1719

Gifu-ken, Josei Sodan senta: (058) 274 – 7377

Gunma-ken, Josei Sodanjo: (027) 261 – 7838 

Hyogo-ken-ritsu, Fujin Sodan Senta: (078) 732 – 7700

Ibaraki-ken, Fukushi Sodan Senta: (029) 221 – 4166

Kanagawa-ken-ritsu, Fujin Sodanjo: (045) 502 – 2800 

Mie-ken, Josei Sodanjo: (059) 231 – 5600

Nagano-ken, Fujin Sodanjo: (026) 235 – 5710 

Osaka-fu, Josei Sodan Senta: (06) 6725 – 8511

Saitama-ken, Fujin sodan senta: (048) 864 – 9910 

Shiga-ken, Josei Fukushi Sodan Senta: (077) 564 – 7867

Shizuoka-ken, Josei Sodan Senta: (054) 286 – 9217

Tochigi-ken, Fujin Sodanjo: (028) 622 – 8644 

Tokyo-to, Josei Sodan Senta: (03) 5261 – 3110

Tokyo-to, Tachikawa, Josei Sodan senta: (042) 522 – 4232

Yamanachi-ken, Josei Sodanjo: (0552) 54 – 8635

 

EXPRESIONES EN JAPONÉS (ROMANJI):

Violencia: Boryoku

Violencia Doméstica: Domesutiku baiorensu 

Mi marido me da patadas: otto ni karareru / karareta (pasado)

Mi marido me agrede físicamente: otto ga boryoku o furuu / furutta (pasado)  

Mi marido me da bofetadas: otto ni nagurareru / nagurareta (pasado)

Mi marido me empuja: otto ni tsukito basareru / tsukito basareta (pasado)

Mi marido me amenza con cuchiillos: otto ni hocho de odosareru / odosareta (pasado) 

Mi marido me grita: otto ni donarareru / donarareta (pasado) 

SOL, Servicio y Orientación al Latino

«El sol brilla siempre dentro de ti»

 

 

 


Como criar hijos delincuentes

septiembre 9, 2010

  

La policía de Huston, Texas, distribuyó un curioso panfleto que decía lo siguiente:

INSTRUCCIONES PARA CRIAR HIJOS DELINCUENTES

1. Dele a su hijo todo lo que pida. De esa manera crecerá pensando que tiene derecho a obtener todo lo que desea.

2. Ríase cuando su hijo diga malas palabras. De esa manera crecerá pensando que el vocabulario soez divierte a la gente, y se esforzará por incrementar su repertorio de groserías.

3. Jamás oriente a su hijo en el área espiritual. Deje que cuando sea adulto él decida lo que quiera creer. Y no lo reprenda ni lo discipline por su mal comportamiento, “podría dañar su autoestima”. De esa manera su hijo crecerá pensando que no existen reglas en la sociedad.

4. Recoja todo lo que su hijo desordene. De esa manera crecerá creyendo que otros deben hacerse cargo de sus responsabilidades.

5. Permítale ver cualquier programa en la televisión. De esa manera su hijo crecerá con una mentalidad “abierta y desinhibida”.

6. Peléense delante de sus hijos. De esa manera ellos no se sorprenderán cuando ustedes tengan que divorciarse. Además, crecerán con mucha rabia dentro de ellos.

7. Dele a su hijo todo el dinero que pida. De esa manera crecerá pensando que obtener dinero es fácil, y no dudará en robarlo para conseguirlo.

Siguiendo estas instrucciones le garantizamos que su hijo será un delincuente, y nosotros tendremos una celda lista para él.

(Nota: texto obtenido de Internet).


Bachillerato y adolescencia

agosto 30, 2010

      La entrada al bachillerato es un hito importante en la vida de cualquier joven – y de toda la familia – ya que constituye un notable avance en sus estudios. Pero, además, porque ese acontecimiento académico coincide con un momento crucial en el devenir de su existencia: tiene unos 15 años de edad; es todo un adolescente en plena transición hacia la adultez.

 Esa fase juvenil es un verdadero torbellino; los jóvenes experimentan vertiginosa y simultáneamente muchos cambios, los cuales serán más o menos fluidos, más o menos difíciles, dependiendo de cuán preparados mental y espiritualmente lleguen a esa parada del camino.

 Todas las transformaciones profundas ocurridas durante el ciclo vital, incluida la de niño a adulto, implican ciertas “pérdidas”. Los quinceañeros teóricamente ya pueden valerse por sí mismos, así que dejan de ser tratados como niños, perdiendo con ello las prerrogativas intrínsecas a la niñez. Por otro lado, esa transformación en adultos también representa “ganancia”, el equivalente a alzar el vuelo en pos de la emocionante aventura de vivir. Cambios como éste, y las diversas posibilidades que encierran contribuyen a hacer de los 15 una edad verdaderamente especial.

 Hay amplio consenso en que en la adolescencia ocurren los cambios más determinantes de nuestra vida. Por ejemplo, comenzamos a formularnos preguntas serias sobre el origen nuestro y del universo. Y asoman los primeros dilemas existenciales, cuando empezamos a cuestionar todo, incluso a nosotros mismos.

 En esos años juveniles se avivan nuestros sentidos – físicos y metafísicos – y se agudiza nuestra curiosidad por el mundo circundante. Respondemos presurosos – aunque todavía inocentes – al urgente llamado de la sexualidad. Algunos incluso se inician en la experiencia amatoria a esa temprana edad.

¡Y el amor! Desde mucho antes, siendo niños, ya experimentamos ilusión y atracción, pero es alrededor de los 15 cuando suspiramos con el verdadero amor romántico, ese que nos hace soñar dormidos y despiertos; a las chicas con su príncipe azul y a los chicos con su virtuosa damisela.

 Los humanos somos seres gregarios. Así como precisamos el aire para vivir, precisamos comunicarnos con nuestros semejantes. Y justo en la adolescencia, sentimos la urgencia de expresar el caudal de sensaciones que nos invaden. Esto pone a los padres en una posición privilegiada para propiciar un mayor contacto con sus hijos adolescentes. Pero, si no están dadas las condiciones, entonces los jóvenes conseguirán otros medios de satisfacer esa necesidad vital de expresión. Tal vez en otras personas (no siempre las más idóneas); tal vez en experiencias diversas, algunas de las cuales pueden resultar muy destructivas, como las drogas y el alcohol, por ejemplo.

Algunos padres optan por no inmiscuirse mucho en los asuntos de sus hijos adolescentes para “no invadir sus privacidad”. Y porque “la naturaleza y la vida se encargan de enseñarles todo”. Ciertamente, lo último que quieren los muchachos son unos padres policías escudriñando con lupa todos sus asuntos. Pero, sí quieren padres amigos, dispuestos a escucharlos y a orientarlos, e incluso a hacerles preguntas, siempre que sea con cariño y respeto.

En lo concerniente a los estudios, es un deseo muy legítimo y natural de los padres que sus hijos adolescentes entren con buen pié al bachillerato, y obtengan buenas calificaciones. Y entendemos cabalmente que para los padres latinoamericanos en un país tan competitivo como este, el desempeño académico de los hijos sea prioritario. Sólo convendría recordar que en ese preciso momento de la vida, sus jóvenes mentes y corazones están procesando un sin fin de cosas más que también requieren atención. Y que mientras más equilibrada sea su adolescencia, más posibilidades tendrán los muchachos de rendir en los estudios.

Es verdad. Lidiar con esos jóvenes estudiantes que están próximos a convertirse en hombres y mujeres no es fácil. Pero si los padres se proponen remontar la cuesta comunicacional, descenderán a verdes praderas donde podrán sentarse a conversar con sus “hombrecitos” y “mujercitas” sobre tantas cosas; unas banales, como la moda – por decir algo – y otras muy serias, como los príncipes y las damiselas. Porque, al igual que las materias del bachillerato, el romance es una de tantas asignaturas de la vida, y todos los padres anhelamos para nuestros hijos un amor bonito, puro y sincero, es decir que lo pasen con “A”.

Ángel Rafael La Rosa Milano

«El sol brilla siempre dentro de ti»


«Mi hijo se aburre fácilmente»

agosto 15, 2010

Esta queja de algunos padres llega a nuestros oídos sobre todo en épocas de vacaciones,  cuando ellos tienen que hacerse cargo de los hijos que se quedan en casa todo el día.

Tanto la tendencia de un niño a aburrirse, como la condición opuesta: su capacidad de entretenerse por sí mismo, son conductas aprendidas. ¿Y de quién las aprenden? Sí. Es correcto. De nosotros los padres.

Mientras más cosas les enseñemos a nuestros pequeños en sus primeros 2 años de vida, más formas de divertirse por su cuenta tendrán en los años siguientes, especialmente cuando no podamos – o simplemente no queramos – prestarles toda nuestra atención. No estamos sugiriendo que todos los padres debemos aspirar a producir un Leonardo da Vinci (los encargados de criar al genio renacentista debieron ser en extremo dedicados y estimuladores), sino que invirtamos en nuestros hijos el tiempo suficiente para inculcarles el gusto por algunos pasatiempos como la música (bailar, cantar o tocar instrumentos), los videos infantiles, los cuentos en CD, el dibujo, las manualidades y los juegos con muñecos, legos, etc..

Como bien sabemos, esas adorables criaturitas pueden poseer cantidades ilimitadas de energía física y mental, y nosotros sus progenitores debemos ayudarlos a canalizarla enseñándoles actividades entretenidas y beneficiosas, que expandan su creatividad y les creen hábitos saludables. Así, cuando no nos sea posible atenderlos, ellos conseguirán por sí solos algo divertido y productivo en que ocuparse.

Por supuesto que lo ideal sería pasar el mayor tiempo posible con nuestros retoños.  Compartir con ellos actividades cotidianas y recreativas , tanto dentro como fuera del hogar, es fundamental para su desarrollo emocional. Pero como es poco probable que nuestras rutinas diarias (incluso cuando permanecemos en casa) nos permitan estar permanentemente con ellos, lo más aconsejable es tratar de lograr un balance entre su natural dependencia de los padres y su sentido de independencia.

Medidas prácticas, resultados mágicos 

En nuestra doble condición de padres y orientadores estamos muy conscientes de que no siempre es fácil (particularmente en el caso de padres muy jóvenes o primerizos) poner en práctica las sugerencias recibidas en materia de educación temprana. Factores personales, familiares y de diversa índole pueden dificultar la aplicación de la “teoría” en nuestro diario acontecer, o como diríamos coloquialmente: “del dicho al hecho hay mucho trecho”. Por eso, aunque convencidos de que nuestra modesta orientación sobre el particular daría resultados muy positivos si es implementada, entendemos que no es una receta sencilla que traiga resultados inmediatos. No. Hay que hacer algunos sacrificios. Pero, ahí está el detalle: entender que a la hora de educar a nuestros querubines – y en la vida en general – lo bueno cuesta.

Pero, somos personas, no robots. De ahí que, a veces, por falta de información, energía, motivación u otras razones humanas, dejamos de hacer lo que instintivamente sabemos que es mejor para nuestros hijos. Por eso es tan importante estar al tanto de los inmensos beneficios que, en todos los aspectos, traerían a nuestros niños, a nosotros los padres y a todos los involucrados seguir los consejos básicos de los especialistas en materia de educación y estimulación infantil temprana.

No hay fórmulas mágicas, en el sentido de que tenemos que dedicar tiempo y esfuerzo. Pero, si nos lo proponemos, veremos en nuestros adorados pequeños resultados tan maravillosos y gratificantes, que nos sentiremos inmensamente recompensados y bendecidos. Veremos ante nosotros la diaria transformación de nuestros bebés en niños sanos, felices y despiertos, gracias a nuestra dedicación. Eso nos llenará de dicha y hará nuestra vida familiar mucho más llevadera. En este sentido, el resultado sí es algo mágico, ya que es una prueba contundente de la magia que produce la amorosa entrega de los padres a sus hijos.

Ángel Rafael La Rosa Milano

«El sol brilla siempre dentro de ti»


En Kabukicho me sentí en casa

agosto 9, 2010

 

En los últimos 2 años de los 4 que llevo viviendo en Japón, he tenido oportunidad de asistir a las fiestas aniversarias del Perú celebradas en la plaza Kabukicho de Shinjuku. En ambas ocasiones estuve tan a gusto que me sentí realmente en familia. 

Abundan las razones. Primero, la gente de Impacto Latino que, trabajando en equipo con colectivos y particulares de la dinámica comunidad peruana, se esmera en organizar un espectáculo de gran magnitud y atractivo, con buena música, sabrosos platos peruanos y otros servicios importantes, para disfrute de toda la ciudadanía. 

En cuanto a la oferta musical propiamente, las enérgicas y bien acopladas bandas juveniles, por ejemplo, resultaron ser un espectáculo muy refrescante en aquella calurosa tarde tokiota. Aunque, pensándolo bien, algunas agrupaciones más bien elevaron la temperatura de algunos asistentes… Esos dedicados y talentosos jóvenes tienen todo nuestro respeto y admiración.

 Por su parte, el grupo de danzas tradicionales hizo alarde de gracia y habilidad, cautivándonos con una primorosa Marinera que arrancó fuertes aplausos de todo el público, y gritos de ¡viva el Perú, carajo! de emocionados hermanos peruanos.

Tuve que retirarme temprano, por lo que sólo alcancé a disfrutar un par de canciones de “Los Fukunaga”, pero fue suficiente para confirmar que esos excelentes artistas siempre ponen a bailar a todos los presentes. Yo mismo aproveché uno de sus pegajosos temas para bailar apretadito con mi señora japonesa.

 Queremos resaltar también la destacada labor de los animadores (incluido el muy divertido payaso para todas las edades) quienes con su prestancia y chispa latina le dieron mayor amenidad al evento.

 Y lo que más me gusta de todo: el gran público, con su proverbial receptividad y entusiasmo. Entre ellos compartí con los amigos de siempre: peruanos, latinos en general, japoneses y de otras latitudes, compañeros de trabajo, músicos, gente de los medios impresos y audiovisuales. Éstos últimos, heroicos trabajadores que laboran sin descanso mientras los demás disfrutamos. Y también hice nuevas y valiosas amistades, por supuesto. Unos y otros me brindaron su agradable compañía y su calidez.

Envuelto en esa atmósfera de música,  alegría y calor humano, abrazado a mi esposa y viendo a nuestra pequeña hija bailar feliz junto a los otros niños, di gracias a Dios, a la vida y a los hermanos peruanos por tan bonita fiesta, y por hacerme sentir como en mi casa.

 ¡Qué viva el Perú!


Cuando el odio vence al amor familiar

agosto 2, 2010

A través del periódico International Press (en las columnas de la psicóloga Nélida Tanaka y del Sr. Takaharu Hayasi) supimos de la desgracia ocurrida a una familia latina de Takarazuka, Hyogo.

El cuadro no puede ser más trágico y desgarrador: una joven brasilera de 15 años, prende fuego a su propia familia, matando a la madre y dejando tanto al padrastro como a la hermanastra gravemente heridos.

Cuán perturbada tenía que estar esa niña para procurar la muerte de sus seres más cercanos. Cuánto odio hacia ellos tenía que albergar su joven corazón para concebir tan horrendo crimen.

Ella, que a su edad no debería soñar sino una vida de fantasía con su príncipe azul, ahora vivirá la pesadilla de ser una asesina. Que miserable puede ser la vida para algunas personas.

Según informes policiales y noticiosos la niña declaró que decidió matar a su familia porque la madre la maltrataba, y todos la despreciaban – también se sentía aborrecida en la escuela – mientras favorecían a la hermana menor.

 Son muchas y muy diversas las opiniones emitidas sobre este caso tan desolador. Algunos sugieren que los culpables son las propias víctimas, por el supuesto maltrato físico y emocional que infligían constantemente a la niña. Otros piensan que dichos maltratos no justificaban de ningún modo una represalia tan atroz por parte de la joven, y que ella es la única culpable. Y hay quienes opinan que la responsabilidad de esta tragedia, si bien recae mayormente sobre la menor brasilera, es compartida por la sociedad. Nosotros nos inclinamos por esta última posición. Mas, no es nuestra intención exculpar a la joven. Creemos que a su edad ella tiene conciencia de lo que hace y debe responsabilizarse por ello. Pero, el entorno social (incluidos todos los individuos e instituciones que lo conformamos, y esa desafortunada familia) comparte la culpabilidad de algún modo.

 Pareciera que mientras evolucionamos en aspectos como el conocimiento, por ejemplo, involucionáramos en lo relativo al amor al prójimo y el respeto a la vida. Y es que en nuestro inexorable avance material, los seres humanos nos vamos creando más y mayores necesidades mundanas – y valores – que van socavando paulatinamente nuestro humanitarismo y nuestra conciencia del bien y del mal.

 Lógicamente, desde nuestros tiempos primitivos es mucho lo que hemos crecido en materia humanitaria. Pero todo pareciera indicar que la humanidad, en su conjunto, antepone la satisfacción de sus apetencias terrenales a las búsquedas espirituales.

Pero, aunque pueda haber amplio consenso en que el acelerado derrumbe de los valores morales y espirituales de la sociedad pudiera ser la causa de desgracias familiares como la que nos ocupa, es una problemática en extremo compleja, sin soluciones claras o inmediatas. Es decir, a todos nos queda claro que el amor engendra amor y el odio engendra odio. ¿Pero cómo utilizar ese conocimiento para prevenir desgracias semejantes?

Un posible punto de partida sería tratar de explicar tan triste acontecimiento en términos más científicos. A juzgar por las declaraciones rendidas a la policía por la joven acusada, en el sentido de que sus padres la maltrataban física y mentalmente, pudiéramos asumir que ella viene de una “familia disfuncional”. Según el blog “La familia bajo un mismo techo” (http://www.grilk.com/bajounmismotecho/lasfamilias/familias-disfuncionales.php), los ”rasgos típicos de las familias disfuncionales son:

  1. Niegan que exista un problema en su seno, y responden de manera agresiva a todo intento de ayuda.
  2. La desesperanza y la frustración, contribuyen a desarrollar una incapacidad para afrontar los problemas.
  3. Se dan manifestaciones de violencia física y emocional.
  4. No se comparten actividades colectivas positivas, tan sólo las crisis.
  5. La relación afectiva se da en base al autoritarismo y el miedo, con ausencia del cariño y la tolerancia.
  6. La comunicación defectuosa deteriora las relaciones, provocando discusiones, frustraciones y hostilidades.»

En este punto, conviene aclarar que, aunque con esto pretendemos encontrar el eslabón entre la terrible reacción de la joven brasilera y su problemático contexto familiar, no debemos generalizar estigmatizando a todas las familias disfuncionales como formadoras de anti-sociales. No todas las personas criadas en familias conflictivas cometen forzosamente actos criminales. Al contrario, muchas de ellas logran superar su traumática situación hogareña y llegan a ser personas normales.

Pero también es preciso señalar que el entorno familiar es determinante en la formación de la personalidad de los niños. Numerosos estudios demuestran que mediante la imitación – entre otros mecanismos de aprendizaje – los hijos asimilan gran parte del comportamiento de los padres, o son influenciados por éste grandemente.

Al respecto, la psicóloga de familia María Helena López señala que “crecer en familias disfuncionales podría cultivar sentimientos de angustia, ansiedad o miedo en los niños, que repetirían modelos de agresividad, pasividad o abandono. Les es difícil desarrollar recursos para enfrentar las dificultades en su vida”. (Blog ABC del Bebé: http://www.abcdelbebe.com/node/154221)

Prevenir la formación de familias conflictivas, y las potenciales tragedias gestadas en su seno, es una tarea monumental. Uno de los obstáculos para la prevención es el carácter “multigeneracional” de la propia familia disfuncional. En su libro La Familia, John Bradshaw explica: “Un hecho observable en las familias disfuncionales es que forman parte de un proceso multigeneracional. Los individuos disfuncionales se casan con otros individuos disfuncionales, provienen de familias disfuncionales y asi el círculo continua. Las familias disfuncionales crean individuos disfuncionales que a la vez generan otras familias disfuncionales».

Ante esta compleja situación, sólo nos queda sumar esfuerzos, cada quien en la medida de sus posibilidades, ya sea educando, concientizando, alertando, observando, denunciando. Pero sobre todo mejorándonos a nosotros mismos para ser más capaces de ayudar a aquellas personas – y a todo el grupo familiar – afectadas por esta dramática realidad. Todo ello con la esperanza de que algún día en la familia y en la sociedad se imponga el bien sobre el mal, y ningún niño – ni nadie – vea truncarse injustamente sus bonitos sueños de amor y paz, para vivir horrendas pesadillas de odio y maldad.

Ángel Rafael La Rosa Milano

«El sol brilla siempre dentro de ti»


Ese día fui colombiano…

julio 19, 2010

 

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Ayer 18 de julio, la gran comunidad colombiana de Japón celebró los 200 Años de Independencia del país neogranadino. Y lo hizo en grande, con una tremenda fiesta popular en el Parque Hibiya de Tokio, que atrajo miles de personas, lideradas por los cálidos y alegres anfitriones colombianos, y entre quienes se encontraban entusiastas representantes de toda América Latina, Japón y el mundo entero.

Ese día fui colombiano.

La experiencia fue total. Al entrar a la zona del evento, fui inmediatamente seducido por los ricos olores de nuestra gastronomía latinoamericana. Aposté por un suculento set de pollo asado con plátano colombiano tostado (llamado “tostón” en Venezuela), que ofrecía el kiosko Danilo’s , de mi amigo peruano Danilo Arakaki.

Tan feliz degustación fue aumentada por el hecho de encontrarme (por casualidad) con unos buenos amigos y compatriotas venezolanos, con quienes conversé muy animadamente mientras devoraba aquel memorable pollo con tostones. Ellos por su parte, lucían también muy risueños con su arepa de carne y su plátano sancochado.

 Más tarde, como aperitivo, probé unos exquisitos jugos naturales y unas empanadas colombianas , que me transportaron al paraíso terrenal, en plena rumba.

De la música, ni hablar. Aunque su disfrute es auditivo, es siempre el “plato fuerte” de la fiesta. Una contagiosa versión colombiana del “Waka Waka”, popularizado durante el Mundial por la barranquillera global Shakira, me obligó a comer de pie, bailando . Espero que ningún paparazzi haya capturado esa pérdida de la compostura.

 Los jóvenes y excelsos bailadores de Salsa Caleña me hicieron sentir caleño, también. No he tenido el gusto de conocer la renombrada ciudad de Cali (¡ni Colombia tampoco!) Pero, entre su simpática gente, su vibrante música y los relatos de tantos viajeros satisfechos, estoy que me monto en un avión para visitarla (y a todo el país).

Las orquestas El Combo Creación (emblema tokiota de rumba y calidad) y Calambuco (“grandes ligas” importados de Colombia, ante quienes me quito el sombrero con una reverencia japonesa) llevaron a la gente a un estado de euforia dancística colectiva (incluida mi hija de 3 años), y lograron una hazaña histórica insuperable: hacer que mi tímida esposa japonesa bailara sola (sin que yo la obligara) delante de todo el mundo, como si nada… ¡Bravísimo!

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 Pero no fue sólo la bonita fiesta bicentenaria de Colombia lo que me hizo sentir neogranadino. Son demasiadas cosas que no caben en este escrito. Son Shakira, Juanes y Carlos Vives (entre otros tantos artistas colombianos exitosos); son sus productos de exportación, mundialmente alabados; es la solidez de sus instituciones democráticas; es la apuesta de su heroica gente por la paz y la justicia ante el terror de guerrilleros y narcos; es el Gabo (sobran los calificativos); es nuestra hermandad histórica, geográfica y cultural; son sus pueblos andinos, llaneros y guajiros, fundidos con nosotros los venezolanos; es el proverbial afán de trascendencia, y la admirable vitalidad del gran pueblo colombiano.

 Por cierto, esta vez no logré ver a la Sra. embajadora, Patricia Cárdenas Santa María. El año pasado tuve el honor de estrechar su mano para felicitarla y agradecerle a ella y a toda la comunidad colombiana de Japón por aquella fiesta igualmente hermosa. Pero no importa. Lo realmente importante es que ella, el Sr. cónsul (muy activo durante toda la celebración), todo el personal de la embajada y todos los hermanos colombianos sepan que una vez más su alegría, su fraternidad y su sentido de unidad y trabajo hicieron sentir colombiano a este humilde venezolano de pura cepa , y seguramente a todos los hermanos latinoamericanos, japoneses y demás ciudadanos internacionales que disfrutaron esa fiesta bicentenaria para la historia.

Ángel Rafael La Rosa Milano

«El sol brilla siempre dentro de ti»


¿Y si mi hija me sale “gay”?

julio 9, 2010

 

No todos, pero sí muchos padres en el mundo nos hemos preguntado esto, durante la infancia temprana de nuestros hijos, sean hembras o varones. Pero, ¿por qúe es tan relevante esta pregunta?

La sexualidad es un aspecto primordial del ser humano. Podría decirse que la vida misma gira en torno a nuestra condición sexual. Algunos sostienen, incluso, que la procreación no es sólo la función biológica primaria de la especie humana, sino el fin último de nuestra terrena existencia.

Por otra parte, a pesar de las importantes conquistas globales en materia de derechos humanos, específicamente en lo relativo al respeto por las minorías sexuales, sigue existiendo un rechazo social generalizado en contra de aquellas personas con una sexualidad diferente. Éstas continúan siendo objeto de una fuerte discriminación, que las expone a atropellos, humillaciones, agresiones y todo tipo de agravios. Es tal el escarnio público que pudieran sufrir si son descubiertas, que muchas se ven obligadas a aparentar durante toda su vida, teniendo incluso que denigrar públicamente de su propia secreta condición, para proteger su integridad personal.

Así que, en el caso de mi hija, esta inquietud mía por su futura sexualidad se fundamenta principalmente en mi vehemente deseo paternal de evitarle cualquier sufrimiento; de que ella sea feliz. No albergo ningún prejuicio moral, religioso, ideológico o de cualquier otra índole hacia la homosexualidad u otra condición. Pero sí me preocupa el hecho de que, en general, el mundo sea un lugar tan hostil para la gente sexualmente distinta.

 Pero, ¿vale la pena pensar en eso ahora? Me preguntarán algunos lectores, justificadamente. Bien, en mi condición de padre, eso simplemente está dentro de otros tantos aspectos importantes relacionados con la vida presente y futura de mi pequeña, como salud, educación, personalidad, intereses, recreación, etc..

La historia de una gran amiga

 A lo largo de mi vida, he visto tanto en propios como en extraños las consecuencias negativas – en ocasiones nefastas – de la intolerancia familiar y social hacia los homosexuales y otros grupos minoritarios.  Aunque también conocemos muchos casos de personas que afortunadamente logran sobreponerse a dicha persecución (bien sean “ocultos” o “declarados”), llegando a desarrollar, entre otras tantas virtudes, una gran sensibilidad. Tal vez por aquello de que “lo que no nos mata nos hace más fuertes”.

 Al final de mis 20, en Venezuela, conocí a una joven que tras varios meses de gran amistad y confianza me confesó, no sin muchísma dificultad y vergüenza, que era lesbiana. Lo traigo a colación porque, a pesar de que en esa época yo ya procuraba comprender y respetar la orientación sexual de los demás, esa experiencia causó un fuerte impacto en mi vida. Con esa amiga pude ver muy de cerca cuan dura puede ser la existencia para muchas personas como ella.

Mi amiga, a quien hoy en día quiero y admiro profundamente, tras hacerme aquella imposible confesión me contó que en su adolescencia, luego de muchos años de confusión y depresión buscó alivio en las drogas, y que incluso consideró quitarse la vida. Más adelante, en su proceso de autoaceptación, decidió frecuentar algunos establecimientos ”gays”, para así comenzar a  buscar los medios de expresar su sexualidad, en un marco de protección y seguridad. Fue un paso necesario y sumamente importante. Pero, ella encontró que debido a la fuerte discriminación existente en esa época, la mayoría de esos lugares funcionaba en condición de clandestinidad, conformando una especie de submundo (de hecho muchos eran instalaciones subterráneas, sótanos), que al funcionar al margen de la ley atraían todo tipo de irregularidades, como vicios, delincuencia, prostitución, etc.. Eran, con algunas excepciones, antros de perdición, muy a pesar del gran número de clientes decentes, como mi amiga, quienes simplemente buscaban un lugar donde poder conocer gente igual a ellos, para poder expresar su condición tan duramente marginada y reprimida por la sociedad.

 Al cabo de un tiempo, después de pasar por experiencias diversas, buenas y malas (algunas peligrosas para su bienestar físico y mental), mi amiga me dijo: “Yo no merezco esta vida de rata escondida en cañerías. Soy un ser humano con derecho a vivir dignamente. Yo también soy una criatura de Dios”.

Para resumir su historia, diré que con el tiempo y también con fe, paciencia y sabiduría, mi amiga felizmente logró encontrar su camino, rodeándose de personas como ella, con su misma sensibilidad, en un ambiente de mayor armonía, lo que le permitió vivir su sexualidad de manera sana y digna, y la ayudó a convertirse en la persona realizada y feliz que es hoy.

 Mi respuesta a mi pregunta

 En este punto, siento que al hacerme esa pregunta tan puntual sobre el futuro de mi hija, estoy mezclando dos aspectos de mi persona: mi instinto de protección de padre, y mi preocupación por el trato injusto que, hacia los homosexuales y otras minorías , todavía existe en pleno siglo XXI. Situación esta que afecta seriamente a personas de todas las edades, incluyendo a muchos niños en el mundo entero, quienes al ser rechazados – y hasta castigados – por su condición sexual particular, pueden llevar una vida de problemas y sufrimientos.

 En ese sentido, mi respuesta a mi propia pregunta es que como padre me inclino a desear que mi adorada hija de 3 años sea heterosexual, y que viva de acuerdo al género femenino con el que vino al mundo, por creer que así su existencia tal vez sea más llevadera. Aunque entiendo cabalmente que “todo es relativo”, y que eso por sí solo no garantiza su felicidad.

 Pero, si no es así, entonces comenzaré por pedir a Dios sabiduría para proporcionarle a mi niña un entorno familiar apropiado, de amor, respeto y comunicación. Esto con el fin de que se desarrolle mental y espiritualmente en armonía con su condición, cualquiera que esta sea. Más adelante, con esas herramientas, mi hija (que al final son todos los niños del mundo que puedan encontrarse realmente en esa situación), sabrá valerse por sí misma,  y dará al mundo su cara digna, orgullosa y feliz.

 

Ángel Rafael La Rosa Milano 

«El sol brilla siempre dentro de ti»


«No soy de aquí, ni soy de allá»

junio 28, 2010

 (Escrito mío, publicado originalmente en Junio de 2010)

Así dice una canción mundialmente famosa del difunto cantautor argentino-platense Facundo Cabral. Y continúa: «no tengo edad ni porvenir, y ser feliz es mi color de identidad”. Pero no es de esa joya musical – y filosófica – que hablaré hoy. Sólo me robé la frase como punto de partida de este escrito.

 Recuerdo que cuando niño yo estaba convencido de que mi país, Venezuela, era mejor que los demás países del mundo, en todos los sentidos. Conclusión ésta muy lógica teniendo en cuenta mi ignorancia de entonces en materia internacional. En mi limitada visión infantil, mi país era el más grande, bonito, moderno, próspero; el más chévere, en definitiva.

No hay nada de particular en eso. Nos pasa a todos los niños. Y a medida que vamos creciendo, crece nuestro conocimiento de otras latitudes, y también nuestra modestia, en el contexto mundial. En términos matemáticos diríamos que a mayor información sobre el mundo, menor es nuestro etnocentrismo. Es una relación inversamente proporcional. Pero esta no es una ley absoluta, sino una teoría relativa, porque bien podemos envejecer creyéndonos “más” que otros pueblos y sus culturas. Y como hemos sostenido reiteradamente, una actitud etnocentrista muy acentuada disminuye signifcativamente los potenciales beneficios de nuestras relaciones interculturales, con nuestros similares latinoamericanos y de otras regiones.

 Mi infancia y adolescencia transcurrieron durante los años de “la Venezuela saudita”, cuando nos situamos entre las economías más robustas del continente, convirtiéndonos en una especie de “Meca económica”, para cientos de miles de hermanos de la región en busca de mayores oportuniades. Entonces, como es la norma en estos procesos migratorios, la gran  mayoría de nuestros huéspedes llegaban para desempeñarse en las labores más modestas dentro de la escala socio-económica venezolana. Era muy común, por ejemplo, que las familias de clase media y alta emplearan a inmigrantes de países vecinos como personal doméstico. En mi propio hogar, esa costumbre se mantuvo por muchos años. Aunque, después, cuando se nos esfumó en el aire la burbuja económica, a los venezolanos nos correspondió también ir a tocarle la puerta a nuestros vecinos.

Pero lo que quiero resaltar es que a pesar de las enseñanzas familiares de respeto y amor hacia nuestros semejantes, mi reducida percepción del mundo y de la vida en general me hacía tomar erróneamente el factor económico como único parámetro para compararnos con otras naciones hermanas. Sólo con el tiempo, fui observando y aprendiendo que nuestros países vecinos y todos los que pueblan la tierra son grandes y valiosos por igual, sin indicadores estadísiticos que valgan.

 Para mí, la experiencia japonesa ha sdio determinante para combatir cualquier resabio etnocentrista que pueda quedarme, y para reforzar convicciones de igualdad y fraternidad con todos los pueblos latinoamericanos. Es normal que de tanto en tanto yo todavía incurra en generalizaciones cultrales banales, pero procuro estar cada vez más alerta ante cualquier asomo de etnocentrismo, enfocándome en las muchas virtudes de esos países amigos, en aras de una relación intercultural cordial y fructífera.

En Japón, he compartido muchas experiencias importantes con latinos de distintas nacionalidades. Desde arduas tareas físicas en la fábrica, hasta actividades educativas en la universidad. Y en la parte artística específicamente he sido mexicano, peruano, colombiano y cubano, por ejemplo. ¡A mucha honra! Además, me jacto de tener buenas amistades de cada rincón de Latinoamérica.

 Hoy en día, cuando pienso en la palpitante comunidad latinoamericana de Japón; en sus venturas y desventuras, siento que pertenezco a ella realmente; siento – como dice la canción – que no soy de aquí, ni soy de allá, y que con todo lo que amo a mi madre patria Venezuela, me fundiría sin dudarlo con todos y cada uno de los hermosos pueblos que conforman nuestra gran América Latina.

Ángel Rafael La Rosa Milano

«El sol brilla siempre dentro de ti»


Venezuela en la Universidad Rikkyo

junio 24, 2010

 

¡Hola familia!

Me complace muchísimo informarles que ayer, miércoles 23 de junio,  di una charla sobre mi país en la Universidad Rikkyo de Tokio (english.rikkyo.ac.jp). Titulada «Venezuela en su música tradicional», la exposición fue posible gracias a la por demás gentil invitación que me extendiera la renombrada psicóloga, profesora de español de dicha institución y mi amiga, la Dra. Irma Miwa.

Tuve oportunidad de impartir la charla a dos cursos, por separado. Uno de nivel intermedio y otro de nivel avanzado. Vale destacar que en el segundo grupo participaron simultáneamente alumnos tanto de la Dra. Miwa como de la «archiconocida» profesora Marcela Lamadrid (www.marceinternational.jp). Huelga decir que fue un altísimo honor y un inmeso placer para mí compartir con damas tan encantadoras, profesionales de altos quilates. A ellas mis más sinceras gracias por la valiosa experiencia, así como por sus muchas atenciones.

Igualmente, estoy profundamente agradecido con la muy prestigiosa Universidad Rikkyo y su excelente departamento de español. Y merecen mi agradecimiento especialísimo todos y cada uno de los estudiantes participantes, porque ellos fueron la razón de ser de la charla, y por estar estudiando mi lengua materna.

¡Mil Gracias!

 

Ángel Rafael La Rosa Milano 

«El sol brilla siempre dentro de ti»